7 cajas

Desde el 17 de julio está en la cartelera argentina la película paraguaya 7 cajas. Con más de 13.000 espectadores locales se transformó en un éxito que suma cada día nuevos seguidores y buenas críticas.

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La película, filmada en los escenarios del Mercado 4 de Asunción del Paraguay, narra la historia de Víctor, un joven carretillero que sueña con ser parte del mundo de la TV. Sus días pasan trabajando en un mundo hostil y competitivo. Él necesita conseguir dinero y recibe entonces una propuesta bastante insólita: transportar siete cajas cuyo contenido desconoce a cambio de 100 dólares. Con un teléfono celular prestado Víctor emprende el viaje. Debe cruzar tan solo ocho manzanas por el interior del Mercado, pero las cosas se le van complicando durante el trayecto. Cuando se hace de noche, Víctor se da cuenta de que se ha involucrado en un asunto demasiado peligroso.

En el camino se descubre la corrupción policial, el machismo, la competencia y también la solidaridad y la amistad de los trabajadores del mercado. La película cuenta con una excelente fotografía, guión, montaje y trabajo actoral. El thriller paraguayo demuestra que no son necesarias las grandes estrellas de hollywood o los constantes efectos especiales para lograr una aventura ágil, dinámica, que mantiene la tensión, el humor, y logra la empatía con los personajes.

En Paraguay, 7 cajas convocó a más de 300.000 espectadores y se mantuvo siete meses consecutivos en cartel. Se convirtió así en la película más taquillera de la historia cinematográfica de este país, ganándole al tanque norteamericano Titanic que había sido la más vista hasta el momento. Hasta el reciente estreno muy poco se conocía del cine paraguayo, salvo casos aislados como Hamaca Paraguaya, Cuchillo de palo o Tren Paraguay, películas importantes pero con una repercusión mucho menor a 7 cajas. El éxito de la película está dando sus frutos, hay nuevas producciones en curso y se abrió la primera Carrera de Cine.

La película está dirigida por Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori. El guion original es de Maneglia con colaboración de Tito Chamorro. La dirección de fotografía está a cargo de Richard Careaga y el equipo de Synchro lleva adelante la coordinación de la parte técnica. La música original fue compuesta por Fran Villalba, y de la producción y posproducción se encargan los integrantes del equipo de la productora Maneglia–Schémbori. Los actores principales son Celso Franco en el papel de Víctor y Lali Gonzáles que representa a Liz.

7 Cajas fue premiada en varios festivales internacionales, y nominada a galardones de cine de prestigio mundial.

Todavía se puede ver en Artemultiplex y Bama Cine Arte, en Caba. En Cine América de Santa Fe y en Cinema Paradiso de La Plata.

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Relatos salvajes: claves del éxito de un tanque argentino

El jueves 21 se estrenó «Relatos Salvajes» dirigida por Damián Szifrón y producida por Pedro Almodóvar, es el film nacional más publicitado del año.

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Con al aval de Cannes, uno de los más prestigiosos festivales de cine del mundo, un estreno en 325 salas argentinas, el 91% de todas las críticas a favor, toda la maquinaria de una distribuidora como la Warner por detrás y la participación de grandes actores de la escena nacional, podemos decir que «Relatos Salvajes» desembarca como un gran tanque cinematográfico, esta vez argentino.

Sumado a esto, la polémica desatada por las declaraciones del director en el programa de Mirtha Legrand en donde afirmó que la desigualdad social es la causa de la inseguridad y habló a favor del socialismo, y la posterior e insólita acusación de un funcionario del PRO, crearon una gran expectativa en este estreno.

La película está construida a través de seis historias independientes que se unen a través de la temática de la violencia y la venganza. Los relatos son dinámicos, el guión y el montaje funcionan bien, y están condimentados con altas dosis de humor negro que se expresa en distintos detalles, diálogos y situaciones, se distinguen también algunos personajes muy bien caracterizados e interpretados.

Se destacan Rita Cortese en «Las ratas», interpretando a una cocinera dispuesta a hacer justicia frente al causante de las desgracias de su compañera de trabajo; los actores de «La propuesta», el corto que desnuda la hipocresía de una familia millonaria que se organiza para encubrir un asesinato causado por su hijo, y Erica Rivas en «Hasta que la muerte nos separe», la historia final que divierte con un ridículo casamiento de chetos cruzado por engaños y mentiras. «El más fuerte» enfrenta a Leo Sbaraglia conduciendo un Audi y a Walter Donado que va en un Peugeot del año ´70, y aunque se anuncia como una crítica de clase, termina en una historia de locos y violentos que se autodestruyen en clásicas tomas de golpes y persecución. Ricardo Darín es «Bombita», el protagonista de la historia que se convierte en héroe y genera más empatía con los habitantes de la salvaje ciudad de Buenos Aires. Una gran mayoría debe soñar con romper todo cuando las grúas de Macri le llevan el auto, y la crispación de las clases medias es una de las líneas que subyace la historia, un elemento presente en el humor social de los tiempos kirchneristas. La debilidad está en su punto de vista, todos son culpables, hasta los laburantes que pasan el día encerrados en un cajero atendiendo interminables colas.

Las distintas historias retratan usureros devenidos en políticos, funcionarios corruptos, burocracias interminables, hombres de poder engreídos, falsas amistades, relaciones por conveniencia. Situaciones delirantes, absurdas, y enmarcadas en una realidad social por momentos cuestionada, pero donde la resolución o el escape pasa siempre por una actitud instintiva, primitiva e individual. La frase que acompaña la publicidad de la película «Todos podemos perder el control» apunta también en este sentido, ante una realidad salvajeexplotemos.

La película entretiene, divierte y se disfruta. Como la gran mayoría de los tanques, con millonarias inversiones en publicidad, logra conquistar su público. En este caso hay negocios y una enorme maquinaria industrial; pero también hay buenas historias y un aporte, aunque un poco superficial, a la reflexión y debate sobre la realidad social.

Las críticas se dividen en su análisis, para algunas: «refleja la idiosincrasia argentina, es un espejo de la sociedad nacional hoy, desprotegida, con lucha de clases, corrupción generalizada y varios etcétera» (Clarin)«una mirada impiadosa, desgarradora y, sí, salvaje, sobre la argentinidad al palo» (otroscines). Para otras, por el contrario, no refleja una realidad social sino «es un tratado acerca de la condición humana con respecto a cómo se desea actuar, por ejemplo, frente a una injusticia…» (Télam). Damián Szifrón en distintas declaraciones planteó «somos seres humanos y en el fondo somos animales. Estos personajes están expuestos a situaciones primitivas… A eso hay que sumarle que el mundo está regido, en un porcentaje altísimo, por el capitalismo, con todo lo que ese sistema produce en la gente que lo habita». Entonces para el director, hay un poco de cada cosa. Este relato de ficción se nutre y expresa algunas contradicciones de la época, como también construye su propio mundo, con códigos y valores propios de los personajes. Se pueden encontrar muchos elementos de una realidad social, pero para expresar la idiosincrasia argentina faltan muchos personajes a esta historia. Las reacciones argentinas ante las injusticias, la impunidad y las situaciones de desigualdad, no son sólo salidas individuales, los personajes colectivos, como los trabajadores que se unen y se organizan para luchar contra la violencia capitalista de los despidos y la represión son parte hoy de la argentinidad al palo, aunque todavía no estén en las películas más taquilleras.

La Warner es la distribuidora encargada de lanzar este tanque argentino, y en esto está también el secreto del éxito. La crítica en forma casi unánime pone a esta película en la cima más alta, se escriben exageradas y ridículas comparaciones con muy importantes directores de la historia del cine.

Miles de películas se producen anualmente a nivel mundial, con más o menos presupuesto, pero con un enorme trabajo y creatividad. Múltiples lenguajes, historias y estéticas se renuevan constantemente, pero sus imágenes no llegan ni al 1% de las pantallas a las que tiene acceso «Relatos Salvajes». El caso de la muy buena película paraguaya «7 cajas» que se estrenó en 1 sola sala es un buen ejemplo, sin millones de publicidad detrás y gracias al boca a boca, sigue en cartel y amplió las salas, pero para el lanzamiento bien lejos de los tanques, arrancó en carretilla.

En síntesis, salir al cine es casi siempre un placer, y «Relatos Salvajes» es una buena opción para ver, no se necesita decir mucho más.

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Almuerzos salvajes: inseguridad y socialismo a debate con Mirtha

Legrand invitó a su mesa al equipo de Relatos Salvajes, la película de Damián Szifrón que se estrena el próximo jueves. Protagonizada por Ricardo Darín, Oscar Martínez, Leo Sbaraglia y otras importantes figuras, ya se anuncia que será un boom de la taquilla en todo el país. Pero en el almuerzo del domingo el debate sobre la inseguridad y el contrapunto entre las posiciones de la conductora y el director opacó cualquier opinión cinematográfica para dar lugar a la polémica política. El tema que recorre la película es la violencia, pero  el debate televisivo no se centró en la ficción sino en la realidad.

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Para la millonaria conductora la inseguridad es un tema recurrente para llevar a la mesa. «Somos rehenes de los delincuentes», » Esto se tiene que acabar, eh?». En esta oportunidad sus invitados pusieron un freno a una de las representantes del coro de la «mano dura».

El principal contrapunto fue del propio Szifrón quien opinó: «..la inseguridad es fruto de la desigualdad de un sistema…la desigualdad trae aparejada directamente la violencia, yo si hubiese nacido muy pobre, en condiciones infrahumanas, y no tuviese las necesidades básicas cubiertas…»

Mirtha lo interrumpe y pregunta indignada imaginando la respuesta…«¿ qué harías?»

Y Damián le responde: «yo creo que sería delincuente…»

«Hay Szifrón!» (exclama Mirtha  casi como retándolo)

El director sigue explicando su postura «bueno te pido disculpas, por el comentario, pero para mí eso tiene una violencia contenida enorme, no tener las condiciones básicas satisfechas…» Continúa y dá pié a una reflexión más profunda «Vivimos en un sistema global que requiere de gente pobre… porque el capitalismo es así, se basa en esa desigualdad, vos no trabajás de basurera, vos no hacés ese trabajo, hay gente que lo hace, y este sistema necesita que haya gente que nazca pobre para aceptar esos trabajos…», y agregó «el socialismo tiene ideas que me parece que hay que prestarles atención y se pueden reincorporar…»

En este tema Oscar Martínez sale al cruce cuestionando que el comunismo terminó con los ricos pero no con los pobres,  y la respuesta de Szifrón no se deja esperar «yo siempre doy el ejemplo de Romeo y Julieta, que es una gran obra. Puede haber malas puestas de esa obra, pero no por eso la obra es mala, falta una puesta en escena mejor…», «…en términos intelectuales de ideas me siento más acercado a esas ideas que a otras».

Mirtha, que ya está más que sorprendida con el debate, en un momento pregunta «¿Pero qué gobierno no tiene la aspiración de terminar con la pobreza?»

Ninguno, contesta Szifrón.Y Ricardo Darín se suma para reforzar esta idea «…el mundo está construído de forma tan perversa que un 95% de la sociedad está sosteniendo a un 5% que cada vez se enriquece más…» . Y el director agrega «…alguien fabrica las cosas que nosotros compramos en el shopping center, alguien extrae los materiales de la tierra, alguien los cose, alguien borda, alguien barre las calles, alguien se sube a andamios y a piolines para construir un rascacielos…millones de personas hacen eso todo el tiempo, y sin esa gente no tendríamos el mundo que muchas veces uno sostiene, entonces sí,  para mí está mal…Yo creo que la gente tendría que vivir mucho mejor, porque cuando decís un poco mejor es peligroso, mejorar un poco las condiciones no, mejorar muchísimo las condiciones…»

Para esta altura Mirtha entiende que tiene que cambiar de tema. «¿Les gustó la comida?» y Szifrón responde, «Sí como restaurant lo recomiendo». Un almuerzo poco común que puede haber indigestado a la histórica conductora.

Esta escena del domingo da cuenta que la crisis del capitalismo amplía cada vez las posturas críticas, y hasta llegan a colarse entre directores, actores y conductores famosos.

Mientras esperamos el estreno de Relatos Salvajes, conocemos las ideas de sus protagonistas.

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“Marx ha vuelto” por las redes sociales y las redes reales

El pasado 1 de mayo tuvo lugar el lanzamiento de «Marx ha vuelto», una miniserie de ficción en cuatro capítulos, basada en el Manifiesto Comunista de la cual participamos. Puede verse en este link el Capitulo 1 «Burgueses y proletarios»: http://youtu.be/eckwjxa0-w4 y acá el capitulo 2 «El mercado y las crisis capitalistas»: http://youtu.be/0VDOkgYpLWI (y cada nuevo capítulo se estrenará todos los jueves de Mayo).

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Entre el amplio grupo de trabajo implicado en esta realización, elegimos el día emblemático de la lucha de los trabajadores a nivel mundial para el lanzamiento, una gran fecha para hablar de Karl Marx. Tras la publicación online, el video saltó a distintos sitios de la izquierda, blogs político-culturales y especialmente miles de usuarios de Facebook (que crecen hora a hora) y comparten el video. El primer capítulo suma miles de seguidores por las redes sociales. Con subtítulos en inglés y francés (y próximamente en otros idiomas), los comentarios y felicitaciones llegan desde distintos lugares del mundo. Aunque sea una historia con «mucho de Argentina», Marx la hace automáticamente internacional, no podía ser de otra manera.

En el guión, “Marx ha vuelto está ambientada en la Argentina actual, que al igual que otros países sufre los embates de la crisis económica, allí los trabajadores de una fábrica gráfica (que en el país tienen una larga historia de lucha y organización) sufren suspensiones y despidos; un grupo de ellos se organiza para luchar mientras son dejados de lado por la burocracia sindical. Al mismo tiempo, Martín, protagonista de esta historia, se encuentra leyendo el Manifiesto Comunista (se lo pasa una militante), y termina por encontrarse con Karl Marx, sin quedar en claro si eso es sueño o realidad. A lo largo de los cuatro capítulos, en los cuales se van sumando personajes y giros, Karl Marx irrumpe en la historia con sus ideas revolucionarias sobre las clases sociales, las crisis capitalistas, el Estado y el Comunismo.

Esa es la trama que está en curso, con un tratamiento formal que explora el lenguaje de las redes sociales, montaje veloz y multiplicidad de recursos, elipsis marcadas y sin necesidad de «contar todo», con una duración de 13 min. cada uno, la historia se completa por la interactividad de los internautas. El reconocido actor Carlos Weber, interpreta a Karl Marx en esta miniserie. Carlos Weber, junto con Liliana Andrade, vienen trabajando durante años el personaje de Marx, para la versión argentina de la gran obra de Teatro Marx en el Soho del historiador Howard Zinn. Junto a él, trabajó un grupo de jóvenes actores de importante trayectoria en el teatro independiente nacional. Por una evocación documental, sus nombres reales coinciden con los personajes de ficción; y los extras son militantes, simpatizantes y activistas de izquierda dispuestos a participar de la construcción de las tomas. La propuesta de «miniserie» busca confluir con la explosión de este género en la actualidad. La utilización de las redes, con una realización muy cuidada, busca romper el elitismo del Cine de pantalla al que no accede toda la población, por costos y por tiempos de trabajo que impiden el goce de la cultura para la amplia mayoría.

Es muy interesante destacar que esta avanzada de Marx por redes virtuales, es continuidad de una avanzada por redes reales de trabajadores que estudian en Argentina el Manifiesto Comunista. La producción estuvo a cargo del IPS (Instituto del Pensamiento Socialista) y la realización por el grupo de cine Contraimagen y el canal de TV online TVPTS. Y forma parte de una iniciativa del PTS (Partido de Trabajadores Socialistas) en el Frente de Izquierda, para difundir las ideas marxistas en todo el país. Parte del financiamiento proviene del aporte económico de la banca del diputado Christian Castillo, cuya dieta va para un fondo puesto al servicio de apoyar luchas obreras y populares e iniciativas sociales y culturales. Los cuatro capítulos antes de su estreno online, cumplieron una primera etapa, como un material especialmente utilizado en los cursos sobre el Manifiesto Comunista que impulsó el IPS entre febrero y Marzo de este año en Argentina. Centenares de trabajadores y trabajadoras de todas las edades, jóvenes estudiantes, docentes, obreros de fábricas de la zona norte, sur y oeste del gran Buenos Aires, de Rosario, Córdoba, La Plata, Neuquén, Mendoza, Santa Fe, Jujuy, que por primera vez se acercan a la militancia en la izquierda, pudieron participar de una nueva propuesta de formación ideológica que incorpora la ficción audiovisual como parte de sus contenidos. El montaje final de los capítulos aprendió de estos cursos y los ajustes finales surgieron de esta experiencia colectiva que aún continúa. Esas redes reales de trabajadores están llenas de una nueva militancia clasista y de sindicalismo de base en Argentina, que los tuvo como protagonistas en huelgas y piquetes durante el Paro Nacional del 10 de Abril.

Desde el nacimiento del Cine, siempre se exploraron distintas propuestas para llevar las ideas de Marx a la pantalla, cuestión que esta revalorizándose en los últimos años con la aparición de libros, historietas, videos. El propio Lenin lo impulsó hace un siglo cuando planteó su famosa idea: “de todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”. Veía en el nuevo arte el poder de hacer sentir las ideas, criticar e invitar a transformar el mundo; la antítesis de la brutalidad estalinista que momificó sus ideas. La explosión del lenguaje audiovisual como el medio hegemónico de comunicación, y las nuevas tecnologías interactivas, nos pone a aquellos realizadores que somos militantes frente al desafío de innovar en lo que podamos, si de lo que se trata es de criticar nuestro mundo y agitar las ideas revolucionarias. Mientras trabajamos, recordamos el sueño inconcluso de Einseinstein de realizar la película sobre «El capital»; la crítica a la alienación del trabajo en la genial «Tiempos Modernos» de Charles Chaplin; la explicación de la plusvalía a través de animaciones en «Me matan si no trabajo y si trabajo me matan», de Raymundo Gleyzer; los intentos de filmar El capital de Marx, hasta lograr concretar dos cortos sobre el mismo, de Harun Farocki; las «Noticias de la Antigüedad ideológica», de Alexander Kluge sobre Marx-Einseinstein y El capital, como también una gran cantidad de películas biográficas y documentales actuales como «Marx reloaded». No podía ser de otra manera. El lenguaje audiovisual se está mezclando continuamente, a lo largo de la historia se nutrió de los más importantes sucesos de la lucha de clases y las revoluciones. «Marx ha vuelto» apuesta a que en el lenguaje de nuestros tiempos, y en medio de una crisis económica internacional contra la que se levantan trabajadores y jóvenes; el montaje de imágenes, sonidos, personajes y recursos varios, expanda por la red las ideas revolucionarias del marxismo. Esta es una práctica actual del Cine militante.

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Cuéntame una historia [Hollywood y el Oscar para 12 años de esclavitud] [idZ]

Escribir sobre los Oscar de Hollywood es reflexionar sobre la mirada anual que se dispensa a sí misma la maquinaria de producción cultural masiva más importante del mundo. De hecho una entrega de premios que podría no tener mayor significación en vistas de que galardona en exclusiva la producción de una sola nación, la tiene porque esa nación impone a nivel internacional la distribución de su cinematografía. Pero en la noche de los Oscar, interpretada por “la Academia”, esa nación habla más de sí misma, que de “ese mundo hostil que la rodea” y del cual “los Estudios” extraen anualmente más del 60% de sus ganancias por taquilla. En esa fiesta de gala Estados Unidos exhibe sus fantasías, habla de su historia, deseos y política permitiendo al mundo mirar por el ojo de la cerradura.

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Puesto que produciría “solo entretenimiento”, Hollywood reivindica ser como el abuelo junto a la hoguera a quien los niños le pedimos que nos cuente una historia, pero aun fascinados tras la ensoñación del relato, año a año descubrimos que el abuelo es “el Padrino” y que para él son “solo business”. Recordemos que el Código de Producción de la Asociación de Cine de EE.UU. desde los años ‘40 reza sin más: “Las películas destinadas a la exportación han de vender el American way of life y evitar la representación indecorosa de miembros e instituciones de los países con los que Estados Unidos mantiene relaciones cordiales”; o como señaló aquel más pragmático presidente Hoover: “En los países en los que penetran las películas norteamericanas, vendemos dos veces más automóviles norteamericanos, fonógrafos norteamericanos y gorras norteamericanas”.

Por eso la entrega de los Oscar es una privilegiada pista de lanzamiento de productos al mercado mundial, no solo por lo que sus premios impulsan sino por lo que se gana con el propio espectáculo. La cadena ABC (Disney), festeja que la entrega 2014 tuvo récord de audiencia porque tiene contrato para trasmitirla hasta 2020. Mientras la espontánea presentadora Ellen DeGeneres que tomaba fotosselfie” casuales con su celular, en realidad estaba cumpliendo un contrato millonario entre Samsung, Twitter, ABC, y “las estrellas”. Como una metáfora de la noche, la autofoto que obtuvo record de 3 millones de retuiteos en un santiamén (desplazando del podio mundial a la foto “casual” de Obama abrazando a su esposa), fue “el resultado fortuito de un multimillonario acuerdo comercial”.

Para “12 años de esclavitud”, ganadora a mejor película, la nominación fue un gran incentivo para la multiplicación de público. Ya el sitio rtve.es antes de la entrega, decía que era “… la película que más opciones de crecimiento tendría… Nunca ha estado en más de 1.500 cines en un país en que los estrenos comerciales superan cómodamente los 2.500… Está virgen en muchos mercados medios y pequeños de Estados Unidos…”, aunque ya recuperó cinco veces su inversión. Mientras “Gravedad” que fue la segunda gran ganadora, y la nominada con una mejor recaudación acumulada, fue estrenada de forma masiva (3.575 cines en EE.UU.) y obtuvo una recaudación que ya recuperó seis veces lo invertido.

¿Qué negro, qué mexicano, qué mujer?

Con 12 años… es la primera vez que gana el premio principal un director negro (Steve McQueen), mientras con “Gravedad” es la primera vez que un film realizado por un mexicano (Alfonso Cuarón) se alza con tantos galardones. Ya en el 2010 había ganado “por primera vez” el premio de dirección una mujer, Kathryn Bigelow, por “En tierra hostil”.

También fue contratada, ahora por ¡segunda vez! una presentadora homosexual. Mientras una cantidad de artículos de EE.UU. destacaron la diversidad, más que hablar de progresismo es una prueba de su enorme brutalidad. Tantas primeras veces tras 86 años de entregas hablan del enorme racismo, homofobia, misoginia y conservadurismo del ambiente.

La situación no tiene secreto, según señalan las revistas especializadas la mayoría de los 6.000 miembros de la Academia que deciden los premios, son hombres y blancos. Y en esta oportunidad mostraron además que no todos tienen interés por el cine, algunos de ellos confesaron haber votado por 12 años… sin verla, afirmando “que actuaron así porque se sentían obligados a hacerlo dada la enorme relevancia social de la película… pero decidieron no verla ya que consideraban que les resultaría “demasiado perturbador”… debido a su ‘extrema violencia’ y el crudo tratamiento que hace de un tema tan escabroso”.

El premio para 12 años… causó opiniones disímiles. En EE.UU., la inmensa mayoría de la prensa festejó la decisión y fue elogiosa. El sitio Metacritic, que reúne la mayoría de los comentarios de medios, registra un 97% de evaluación positiva. Mientras en el mundo exterior, muchas de las reseñas fueron negativas. En nuestro país desde sitios especializados hasta diarios como La Nación o Página/12 cuestionaron la película.

Es evidente que la diferencia entre la lectura de un film de tipo “histórico” como 12 años… al interior de EE.UU., y la que se tiene más allá de la frontera, se enmarca en diferentes situaciones políticas, además del (mal) gusto cinematográfico. Pero antes de seguir, ¿no muestra nada distinto la elección de un negro y un mexicano, como antes una mujer? La primera respuesta socarrona es que, hablando con un leguaje directo, podemos decir que Hollywood premia a un negro que adquiere la mirada del blanco, a un latino que demuestra haber aprendido a hablar el lenguaje audiovisual norteamericano como ninguno[1]; y hace cuatro años premió a esa mujer que supo exaltar muy bien la virilidad y el poder de fuego del ejército norteamericano.

De la letra a la pantalla

Un film es entretenimiento y nada hay contra eso. Muchas veces desde esa perspectiva se cuestiona con razón la crítica meramente política o ideológica a una película. Pero 12 años… hace relativamente más fácil su análisis, porque reclama para sí un lugar como “film histórico” al punto que su productor Brad Pitt (especie de Abraham Lincoln en la cinta) proclamó que sería “la película definitiva sobre la esclavitud”; y la Asociación Nacional de Juntas Escolares la convirtió en material de visión obligatoria en todas las escuelas secundarias públicas. Si sumamos a esto que se plantea crecer en taquilla al haber sido premiada, todo parece ubicarnos ante una interpretación de la historia norteamericana que intenta volverse “oficial”. En este sentido cabe recordar un posible abordaje para la interpretación de los filmes planteado por Marc Ferro, quien sugiere que las películas deberían ser tomadas especialmente como fuente histórica del momento en que han sido elaboradas.

12 años… se basa en el valioso testimonio escrito por el negro Solomon Northup, hijo de esclavos que habiendo nacido “libre” fue secuestrado, trasladado al sur del país y esclavizado. Leer su libro[2] es conocer de primera mano una experiencia brutal sobre los horrores fundacionales de Estados Unidos. Sin embargo en la elaboración del guión se dejaron de lado la mayoría de los planteos disruptivos del texto original, y otros fueron interpretados suavemente.

“El edificio daba a una calle de Washington. Desde fuera tenía el aspecto de una tranquila vivienda particular… Por extraño que parezca, al otro lado de aquella casa se alzaba imponente el Capitolio. Las voces de patrióticos diputados llenándose la boca con la libertad y la igualdad casi se mezclaba con el traqueteo de las cadenas de los pobres esclavos. Un corral de esclavos a la sombra del Capitolio”.

Esa implacable metáfora que Solomon construye para describir Washington se traduce en una escena que no le hace honor, con el actor gritando por ayuda tras una ventana vallada, mientras la cámara montada sobre una grúa se eleva y lo abandona ahí abajo, para descubrir a lo lejos y en silencio el Capitolio. En 12 años… el actor interpreta a un negro resignado, pero eso no se percibe en el libro donde él se permite ser irónico con su terrible destino y acido en las apreciaciones, como las imágenes que construye para describir el inicio de su terrible viaje:

“Y así, esposados y en silencio, atravesamos las calles de Washington, la capital de un país cuya teoría de gobierno, según nos dicen, se apoya en la fundación del inalienable derecho a la vida, la LIBERTAD y la búsqueda de la felicidad. ¡Bravo! ¡Columbia, una tierra feliz, por supuesto!”

“… Sonó la sirena al pasar por la tumba de Washington. Burch [el negrero], desde luego, se quitó el sombrero y se inclinó reverentemente ante las sagradas cenizas del hombre que dedicó su ilustre vida a la libertad de su país”. 

Ningún director está obligado a seguir la letra del libro original, pero está claro que algunas de las metáforas visuales escritas en 1853 por el verdadero protagonista, tienen pasajes políticos que no fueron tomados en cuenta. Y quizás sea porque ellos podrían servir de conexión al presente, algo que el film deliberadamente no busca. En la película da toda la sensación de que el protagonista negro, si no fuera por su piel, es un blanco. Por sus modales y costumbres se construye la impresión de estar ante un ciudadano de clase media, limpio de cualquier “rito de negro”, cuyas conexiones con África o “su raza” parecen no existir… si se produce una identificación es con esa encarnación de la “americanización” que habita en el personaje.

La idea de “la frontera” como el espacio de construcción del “espíritu americano”, que alimentó los western como mito fundacional de la nación, y luego se trasladó a las aventuras sobre las fronteras exteriores, como el lugar donde la civilización choca con la barbarie, forjando y afirmando los valores excepcionales de Estados Unidos, se traslada en 12 años… nuevamente al interior. Pero “la frontera” se dibuja de tal manera que Solomon es arrastrado a un lugar que parece otro país, habitado por psicópatas, sumido en la barbarie “tras las líneas enemigas”, lo que oculta toda referencia posible a la esclavitud como parte constitutiva del inicio del capitalismo yanqui. Esto se refuerza en tanto la existencia del lugar idílico donde habitaba y fue arrancado, aparece como eterna; parece decirse que “siempre la tierra de la libertad ha estado ahí”.

Es en esta estructura que mientras en el libro original, Solomon dice que “no hubo ni un solo día en que no pensara en escapar” , en la versión fílmica el negro solo busca ser rescatado por blancos a través de una vía legal. Aún mas, aunque Solomon se declara contrario a la insurrección de los esclavos, las reflexiones sobre esto y la libertad que ocupan todo un capítulo del libro en el film no tienen lugar:

La “idea de insurrección no es nueva entre la población esclava de Bayou Boeuf. En más de una ocasión he asistido a reuniones serias en las que se trataba el tema… [pero] creo que sin armas y sin municiones, e incluso con ellas, ese paso solo traería la derrota…

…Se engañan aquellos que creen que el esclavo ignorante y envilecido no se da cuenta de la magnitud de sus penurias. Se engañan aquellos que creen que siempre se levantarán con la espalda lacerada y sangrando para pedir clemencia y perdón. Llegará un día, si es que se oyen sus oraciones, en que se vengarán, y entonces será su amo el que llore en vano pidiendo clemencia”. 

Pero nada de estos “malos pensamientos” construyen el héroe de 12 años… al contrario, fiel al estilo de Hollywood, el sistema muestra que funciona porque las disfunciones son superadas por él mismo. Llegará un blanco legalista que dará la libertad al negro. Y el Juicio iniciado y perdido por Solomon contra sus secuestradores solo ocupará un cartel cuando el “final feliz” fue concretado. Justamente porque dar lugar al Juicio perdido, quitando quizás parte de las largas escenas de latigazos y tortura estetizada, volcaría la película al otro extremo, encerrando la estructura del guión en el mismo círculo de injusticia que sufrió (y sufre) la población negra.

La vivencia del pasado

A partir de la hegemonía del medio audiovisual en la cultura contemporánea, varios historiadores señalaron irónicamente que en cualquier disputa o controversia histórica, “ganaban las versiones cinematográficas” aunque fueran completamente falsas o, como en la literatura, una representación libre del pasado basada sobre hechos reales. El lenguaje de imágenes se impone en la difusión y el conocimiento de la Historia a nivel masivo, sin importar si se trata de “documentales” o “ficciones”. Y aunque los trabajos históricos escritos también intentan transportarnos al pasado, se lee poco al tiempo que nuestra vivencia del mundo creado por las palabras nunca parece tan verídica como la que reproduce la pantalla. Si pensamos en la historia norteamericana eso pasó con los western. Las películas sobre el pasado realizadas por la gran industria son ante todo espectáculo, pero el de Hollywood es un espectáculo consumido por millones de personas en todo el globo. Cuanto más lejano es el pasado que abordan esos films, mas suelen separarse “la reconstrucción histórica fiel” del momento que reconstruyen; y la fabricación del verosímil adopta ante todo códigos del presente. Sucede entonces que cuando asistimos a la sala de cine, el mundo que las películas convencionales reconstruyen se vuelve familiar al nuestro, por lo cual casi nunca reflexionamos que es un artificio. Justamente el lenguaje del cine norteamericano basado en el ocultamiento del montaje refuerza al extremo la ilusión de realidad, se esté en el siglo XIX o en el espacio exterior. Esa es la base del poder de entretenimiento de las historias que tanto “nos atrapan” y gustan, al mismo tiempo que su mayor dispositivo de transfusión ideológica. Podría suceder gratamente que esa representación ficcional cinematográfica nos permita descubrir una época ampliando nuestra percepción del pasado, transmitiéndonos su espíritu, y la mayoría de las veces esto también se realiza a condición de no atenerse a la historia ni pretender rigurosidad científica, justamente porque es una ficción sobre la misma y puede hacer valer su derecho a la narrativa en base a un lenguaje libre. El director así nos habla de nuestro mundo, y cuando eso sucede el pasado se une al presente y lo critica. Está claro que ese no es el caso de 12 años de esclavitud.

En los últimos tiempos distintos elementos vienen marcando un desgaste en el gobierno de Obama, y una creciente desilusión con las promesas que el Partido Demócrata “no cumplió”, al cual Hollywood en su mayoría viene apoyando. Como respuesta a la crisis económica el gobierno aplicó la política de rescate a los grandes capitalistas y banqueros, mientras la desigualdad social, empleos basura, sueldos miserables y ataques a las conquistas obreras no dejaron de crecer. Ante esta situación se vienen expresando movimientos juveniles y de trabajadores que comienzan a luchar y organizarse. En este escenario, la mejor película elegida ayuda a retomar un perfil progresista. 12 años… responde a la era de ese actor político llamado Barack Obama.

Más allá de todo, lo rescatable es el valioso testimonio histórico de Solomon Northup, opacado en la película. También es posible pensar que la repercusión positiva en el público masivo no exprese los mismos intereses que la maquinaria industrial encargada de premiar. Mientras existen expresiones de cansancio con los valores más reaccionarios de EE.UU., Hollywood se acomoda y adapta su discurso para obtener ganancias. “La Academia” también sabe por experiencia que el cine puede colaborar en “inventar” un hecho que a fuerza del poder de la industria cultural se transforme en “verdad histórica”, pero hay que tomar en cuenta que la hegemonía de cualquier versión de la historia siempre se dirime en otros terrenos mucho más allá de las pantallas.

Violeta Bruck y Javier Gabino

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[1] «Gravity» es un filme que tiene ese grado de hipnosis que solo Hollywood ha podido perfeccionar a nivel industrial, luego de los primeros estudios sobre el mismo que hicieron las grandes cineastas de vanguardia. Se trata de provocar las reacciones corporales de los espectadores, movimientos en las sillas, tensiones emocionales. Los galardones a «Gravity» son la distinción a la capacidad de hipnosis que tanto podemos disfrutar en el entretenimiento masivo. Un reconocimiento a la constante tensión lograda por la combinación visual de efectos 3D, sonido envolvente y ritmo de montaje, que hipnotizan la mente de tal manera que Sandra Bullock parece buena actriz, logrando que una historia inconsistente te deje pegado a la silla. El director mexicano Alfonso Cuarón aprendió el lenguaje norteamericano mejor que los maestros.

[2] El libro original es Doce años un esclavo. Los pasajes citados en adelante pertenecen a ese texto.

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Sobre los valores de las cintas cinematograficas

El sábado 2 de febrero tuvimos oportunidad de ver con varios amigos y compañeros “Manos arriba” o “Las manos en el aire” (depende la traducción de su titulo original «Les mains en l’air» -2010-) una película francesa de ficción.

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El film se proyectó en el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires, y su director Romain Goupil, es realizador entre otras, de “Morir a los 30″, aquella película sobre militantes de la JCR en el Mayo Francés  de la cual él fue parte, y que hace años grabamos en VHS para poder tenerla una vez que la pasaron en TV. Esta pelicula, muy buena por donde se la mire, solo se proyectaba una vez en el marco de un ciclo de Cine Francés actual inédito. No puedo dejar de pensar que esta proyección única se dió en la misma semana que tuvimos “desembarco de tanques” en las salas masivas argentinas, con “La noche mas oscura” de Kathryn Bigelow, “Dyango si cadenas” de Tarantino y “El lado luminoso de la vida” de David O’Russel. Seguramente el valor de producción y recaudación de estas tres cintas contra “Las manos en el aire”, incluso en su propio país, debe ser muy distinto, pero eso en si mismo no tiene importancia. La comparación que me surge es sobre la diferencia en los valores humanos, espirituales, sentimentales si se quiere, que expresan estas películas. Algo tan importante para mirar y transformar el mundo.

“Las manos en el aire” tiene uno de los comienzos mas atrevidos, a contrapelo, y disrruptivos que vi en los últimos tiempos, sólo por el hecho de plantar su presente en un 2067 que se despliega deseable, armónico, apacible, y que no es un mundo barrido por bombas nucleares, meteoritos o robots, ni es el ámbito de “una barbarie finalmente establecida”, proyección lógica de “nuestro presente sin salida” (que es el espíritu general del “futuro” de los films norteamericanos). El director se atreve así a decir que dentro de tan solo 60 años el mundo será muchísimo mejor, y Milana la protagonista, una mujer de origen checheno, ni se acuerda el nombre del presidente actual de Francia, pero si recuerda que en estas fechas actuales (2009) a los niños como ella se los trataba mal, había segregaciones, y miserias que por suerte ya no están… ¡¡y lo que sale en los diarios es que Tarantino ha vuelto a transgredir como de costumbre y ahora rompe algunos platos de la historia negra con Dyango!! peli que aún no ví, y que seguramente me va a resultar muy entretenida y divertida, con sus tiros y coreografías de muertos, como todos sus cómics muy bien logrados.

En “Las manos en el aire” no se tira un solo tiro de arma de fuego, sus protagonistas son todos niños, pero por eso mismo también me parece que está llena de balazos a los valores que transpiran la mayoría de las películas que hoy tienen cartelera masiva. Con el humor y la “ingenuidad” de unos chicos, lo que se ve es la pelea de la solidaridad, los lazos desinteresados de amistad, el amor, y la risa del juego, contra un mundo de Ocupación dirigido por adultos, plenos de leyes, gendarmes, individualismos y derechadas. En la trama explicita la banda de chicos actuará para que Milana no sea deportada por inmigrante ilegal, y hay una mujer (la madre de uno) que salva con todo derecho el honor de la vieja generación en una actuación excelente como “socialista de izquierda cristiana”, según la acusa uno.

En concreto la abismal diferencia no pasa por maestrías técnicas o recursos formales innovadores, sino por esta diferencia de valores.

Por ahí lo que mas me llevó a pensar en esto es que al otro día de disfrutar “Las manos en el aire”, miré para saber de qué se trata (y como se merece) “La noche mas oscura”: en un buen DVD pirateado que luego se puede tirar a la basura. Ese es un film atrapado por el espíritu de los tiburones, impregnado de la necesidad de mantener el espacio vital para la realización del destino manifiesto de EEUU (sea con Bush, sea con Obama). Pero Bigelow ni siquiera es Leni Riefenstahl.

No esta de mas decir que el director de “Las manos en el aire” desde sus posiciones políticas no es tan copado, cuando fue la guerra de Irak apoyó la intervención de EEUU “para sacar al dictador Saddam”. También entre las actrices del film está la hermana de Carla Bruni, es decir la cuñada de Sarkozyi (lo que hizo mas polémica la peli, pues es de él de quien “la historia” se olvida). Estoy muy lejos de pensar que sería mejor que nos domine el imperialismo francés, para que al menos haya mejor cine en las salas masivas. Lo que en realidad creo es que cuando hay una verdadera obra de arte en gran medida se separa del autor, superando cualquier fin inmediato que pudiera haber tenido, adquiriendo un valor universal y sirviendo a la generación de otra sensibilidad, la que nos hace falta. Quizás “Las manos en el aire” se pueda bajar por Internet en algún sitio para poder verse, intenten verla.

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