Bacurau, la rebelión con imaginario renovado

Si en una lectura de reseñas de películas alguien preguntara de qué año es aquel film que relata la opresión del imperialismo norteamericano a un pueblo del nordeste brasileño, y que cuenta con la ayuda de las clases dominantes locales para imponer su dominación, pero una rebelión popular los enfrenta, seguramente las respuestas pensarían en títulos de las décadas del ‘60 y ‘70, algún ejemplo de esa vasta producción del Nuevo Cine Latinoamericano, comprometido y político, que buscaba unir la denuncia en forma y contenido.

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Pero Bacurau, el reciente film de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles que sigue estas mismas coordenadas, es de 2019. En mayo de este año obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y en los próximos días se estrena en Argentina. Los tiempos están cambiando y el cine lo sabe. El contexto de desarrollo y estreno de la película transita por la era Trump y sus bravuconadas, centralmente en la época de su realización; la asunción de Bolsonaro con su especial ataque al cine, que si bien es posterior al rodaje, los directores captan de alguna manera lo que se está gestando, y la nueva oleada de luchas que recorre el mundo al momento de su estreno, con fuerte presencia en Latinoamérica.

La película es parte también de una creciente producción de films críticos del vecino país, que localmente solo podemos acceder a través de ciclos y festivales. Documentales como Bixa Travesty, reivindicando con fuerza la libertad sexual y la diversidad en medio del nuevo oscurantismo, Espero tua (re)volta, que retrata los jóvenes protagonistas de las luchas en la última década, Arabia, una hermosa ficción basada en los relatos de vida de un joven obrero, la obra de Adirley Queiros, entre otras, son ejemplos de esta tendencia. El mismo Kleber Mendonça Filho dirigió los films Sonidos Vecinos, que expresa el malestar por la desigualdad en años de gobierno del PT y Aquarius, con una crítica a la lógica mercantilista del negocio inmobiliario contra la experiencia humana. Su nueva producción irrumpe entonces en este renovado imaginario, con una historia y un lenguaje narrativo que dialoga con el presente. Su forma se apropia de múltiples afluentes, y así diversos géneros habitan las escenas.

Bacurau, un pueblo del nordeste brasileño ha sido literalmente “borrado” del mapa. Sus habitantes, que sí existen y lo habitan, ya no pueden encontrarlo en Google Maps ni en otras redes. Mientras los políticos locales se han encargado de saquear sus recursos y dejarlos sin agua, invasores norteamericanos los acechan. Tan solo su memoria, su vida diaria y su historia de lucha podrán afirmar que la realidad se impone a los deseos del poder.

Una tensión creciente va presentando a los integrantes del elenco. El pueblo será un protagonista colectivo con múltiples individualidades que aportan a su desarrollo. Teresa, la joven que regresa al pueblo, sus amigos y familia, la médica que interpreta Sonia Braga, Lunga, un joven perseguido que regresa para encabezar la resistencia, todos como parte de un grupo humano que debe unirse para encontrar una salida. Sus costumbres, su música, su cultura, están presentes y retoman parte de un imaginario de la filmografía brasileña. Las cámaras de Glauber Rocha apuntaron a los mismos escenarios, los mismos pueblos, y en ese sentido surgen puntos de encuentro.

Los traidores y cómplices locales tienen un lugar importante. Representados por Tony Jr., el gobernador de Serra Verde, responsable del abandono y saqueo, y en campaña política permanente, como también por los colaboradores nacionales de los atacantes. Caracteres todos que son tratados con sátira e ironía.

El grupo de invasores norteamericanos está integrado por ex marines, gente común criada con la necesidad de disparar armas, fascistas de corazón, aventureros cultivados en horas de películas de acción contra malditos extranjeros, caza terroristas, y otros tantos. Su acción se desarrolla a través de estereotipos de films bélicos con rasgos de comedia, western o invasiones alienígenas.

Las distintas escenas de la película combinan elementos de diferentes géneros, tomados de forma original, narrativas populares apropiadas en función de un nuevo contenido extraño y ausente en los formatos esquemáticos. Así por momentos pueden sentirse influencias tan dispares que van desde Glauber Rocha, pasando por westerns, el cine de Carpenter, hasta la violencia al estilo Tarantino. Una combinación que da cuenta de esta gran creación colectiva que es el cine y de la permanente posibilidad de renovar y resignificar los lenguajes escapando de cualquier encasillamiento.

A través del desarrollo de la película aparecen distintos símbolos que se desprenden de la acción. La escena presenta un importante contraste entre el desarrollo tecnológico y el atraso, motos de último modelo transitan por calles polvorientas, profesores dan clases con tablets y las donaciones para la escuela son de libros viejos, un dron de los invasores vuela camuflado como plato volador de una película de los años ´50. Pero la relación del pasado y el presente será también un aporte al resurgir de tradiciones y culturas de lucha. El Museo histórico de Bacurau es presentado desde los primeros minutos, y será recién al final cuando emerja con todo su protagonismo. Al fin de cuentas, en la batalla final, de este pueblo perdido del nordeste brasileño, las fuerzas de la historia están intactas para enfrentar a los enemigos de antaño, aunque estos se empeñen en volver una y otra vez.

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