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Pase para un viaje en la cosmonave Oesterheld

Con una excelente compilación realizada por Mariano Chinelli y Martin Hadis, se publicó “H. G. Oesterheld. Más allá de Gelo” (Planeta). El libro es un boleto para viajar en el tiempo a leer de primera mano los cuentos del gran autor argentino, observar su proceso de trabajo creativo y oír sus preocupaciones. Para recordar que “El eternauta” es sólo la punta del iceberg de un escritor enormemente prolífico y creativo.

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Chinelli y Hadis tuvieron acceso a los papeles personales de HGO, que fueron rescatados por Elsa, su compañera, en medio de la tragedia, cuando debió abandonar la casa que compartieron en Beccar; él ya había sido secuestrado por la dictadura, y también sus cuatro hijas. Sobre esos escritos trabajaron minuciosamente largo tiempo, descubriendo entre otras cosas un proyecto de libro, compilación pautada de trece cuentos de su autoría, que al parecer nunca llegó a una editorial. El índice ahí trazado en una hoja mecanografiada actuó como una sonda lanzada por HGO (posiblemente entre fines de 1960 y principios de los 70). Por ella los actuales compiladores pudieron hacerse un mapa que les permitió descifrar cuentos inéditos, bocetos avanzados, y dispararles la necesidad de reeditar parte de su obra ya publicada.

El resultado de este arduo trabajo es que Germán Oesterheld ha podido publicar en pleno Siglo XXI, pasando por encima de sus asesinos, volviendo para contar historias, como lo hacía Mort Cinder.

El libro puede disfrutarse entonces de dos maneras. En primer lugar por los cuentos en sí, varios inéditos, accediendo a buena parte de su obra (fue historietista, autor de libros de divulgación científica, relatos infantiles, y toda clase de cuentos y novelas). En segundo lugar puede disfrutarse por el trabajo de los compiladores, que aportan ante cada relato coordenadas que permiten entender mejor lo que veremos. En Oesterheld el escritor de ciencia ficción está íntimamente relacionado al guionista de historietas, que podría considerarse también una especie de cine: las imágenes, las formas, los movimientos y sonidos inundan cada cuento.

Como se afirma en el prologo “la vigencia que conserva hoy la obra de Oesterheld es sorprendente; la clave de esto reside acaso en que su tema subyacente es la naturaleza humana… Así no importa si el relato en cuestión tiene lugar en planetas extraños, en un futuro lejano o si el protagonista enfrenta situaciones extraordinarias. El lector nunca deja de sentirse cercano a los hechos narrados.” Relacionado a esto, en un reportaje que recuerdan los investigadores, HGO había dicho: “me tira la ciencia ficción, es la pura imaginación. [Al escribir ciencia ficción] se pueden decir muchas cosas, políticas por ejemplo”.

En su obra la condición humana está directamente relacionada a la política en sentido amplio, parece plantearnos que en la vida futura puede expresarse de muchas maneras la existencia de oprimidos y opresores. O bien que el eco de esa polaridad madre, podría atravesar el tiempo y el espacio para manifestarse sutilmente en las vivencias de cualquier ser humano futuro, obligado a afrontar su época. Mientras que las instituciones y “la ley” que actúan para reproducir determinado status quo, quizá también sea problema de otras civilizaciones. Esto puede encontrarse de forma directa en “Paraíso”, donde el invasor induce a la humanidad a caer presa de una realidad virtual que enmascara la verdadera explotación; también en “La trampa y el arma” donde es el extraterrestre quien termina puesto contra su voluntad ante un humano; y atraviesa relatos de codicia y esclavitud interplanetaria que termina por esconder peligros mayores, como en “Cuidado con el perro”, entre otros. La manipulación por medio de la tecnología se manifiesta con miedo en los cráteres de “Hagan juego”; y de manera humorística, casi ridícula, en los corpiños del más que raro “Inocente Maquiavello Reforzado” que es también según sus palabras un “pretexto divertido para mostrar una insólita Argentina del año 3000”, con “una sátira de las prácticas comerciales llevadas al extremo”.

Cada viajante con el libro, podrá traer sus propias interpretaciones al presente. Leer a HGO es también sentirnos interpelados por su mirada desde los años 60 y 70 de Argentina. Sobre su proyecto él dejó escrito:

“Ningún cuento está incluido porque sí, por su mero valor anecdótico: todos tienen un trasfondo alegórico, todos tratan de decir algo. Y tratan de decirlo de un modo humano no enrarecido, y ‘nuestro’ (nuestro en el sentido de argentino, no folklórico), que no es el de Bradbury, ni el de Arthur Clarke, ni el de Calvino ni el de ningún otro grande. Solamente eso, nuestro.”

Aunque no se haya conquistado el viaje interestelar, el futuro es hoy, y HGO nos recuerda de alguna manera que habitamos una patria vasalla. No quiere que lo olvidemos, aún en tiempos donde la mayoría de los adelantos que el soñó que iban a mejorar nuestra vida cotidiana en “El turista del tiempo” se hicieron realidad, aunque sin ninguna armonía social, o justamente por eso. Hablándonos desde los años 60 y 70, HGO parece confiar en que la humanidad podría avanzar hasta alcanzar las estrellas, pero va a llevar siempre consigo sus errores, sus miedos y sus egoísmos; aunque también la valentía, la solidaridad, y los ideales de comunidad para enfrentarlos.

Es la convicción moral de jugarse por la humanidad entera, lo que permite que el capitán John Bergson siga conduciendo por décadas “La cosmonave fantasma” aunque como un “paria espacial”; y esa es la misma convicción que tendrá Ramón Cobas, el cosmonauta jujeño al mando del Chamical VII, para tomar su lugar y decidir quemarse en el Sol antes que entregar el mundo  al invasor.

Más allá de este libro, es muy bueno el punto de vista de los compiladores que se proponen aportar para que “El eternauta” sea reconocido sólo como la punta del iceberg de un escritor enormemente prolífico y creativo. Prueba de esta potencia creativa son los cuentos “supercortos” y el lirismo filosófico de “El diosero”. A esta reflexión puede agregársele una más, y es que durante la década kirchnerista la figura de “El eternauta” se fue asociando de manera degradada a la del “nestornauta”, lo que nos recuerda una advertencia de las aventuras de Juan Salvo: puede que el gobierno te llame supuestamente a una zona libre, pero si vas confiado terminas convertido en un “hombre robot”. “Más allá de Gelo” es también un libro más allá de ese intento degradado. Obtener un pase para viajar en la Cosmonave Oesterheld no tiene desperdicio.

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