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Capitanich y Clarín montan el espectáculo del enemigo perfecto

En el día de ayer un suceso ocupó gran parte de la prensa digital y la TV: en un breve sketch preparado para salir en vivo y copar la agenda mediática, el jefe de gabinete Jorge Capitanich rompió dos hojas del Diario Clarín atacando el contenido de sus notas. La acción desató inmediatamente varios artículos digitales, declaraciones de repudio, y llegó a las tapas del día de hoy.

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Repetido hasta el hartazgo por los noticieros de TV, en especial de “la Corpo”, con respuestas airadas contra “la violencia simbólica” y por la “libertad de prensa”; durante la noche fue tema central de “6,7,8” en la TV gubernamental, donde se insistió en recordar el peso de “las operaciones” de prensa destituyentes que buscarían imponer “un golpe blando”.

¿Estamos asistiendo a otro simple episodio de banalización estúpida de la política, o todo este espectáculo tiene alguna importancia en la crisis abierta tras el suicidio/asesinato del fiscal Nisman?

El sociólogo francés Pierre Bourdieu en su libro “Sobre la televisión”se propuso indagar cómo “la sangre, el sexo, el drama y el crimen” se habían instalado en los noticiarios, con lo que llamaba “la crónica de sucesos” que buscan con la banalización de las noticias encontrar mayor audiencia. Señalaba que al mismo tiempo “los sucesos son también elementos de distracción”, ya que “los prestidigitadores tienen un principio elemental, que consiste en llamar la atención sobre una cosa distinta de la que están haciendo”. En este interesante razonamiento sobre la lógica de la TV planteaba que una parte de “la acción simbólica de la televisión” y los noticieros era buscar generar consensos tratando todo el tiempo hechos que no tocan nada importante. Y remataba con un análisis sugerente, mas allá de que se comparta o no todo su punto de vista: “La crónica de sucesos es una especie de sucedáneo elemental, rudimentario, de la información, muy importante, porque interesa a todo el mundo, a pesar de su inanidad, pero que ocupa tiempo, un tiempo que podría emplearse para decir otra cosa. Ahora bien, ocurre que el tiempo es un producto que va extremadamente escaso en televisión. Y si se emplean unos minutos tan valiosos para decir unas cosas tan fútiles, tiene que ser porque esas cosas tan fútiles son en realidad muy importantes, en la medida en que ocultan cosas valiosas“.

A pesar de lo que dicen escandalizadas intelectuales como Beatriz Sarlo, la rotura de dos hojas de Clarín por parte del Jefe de Gabinete no se inscribe hoy dentro de una cadena de acontecimientos que terminará de inmediato en la quema de libros en piras nazis. De la misma manera que las apelaciones constantes de Clarín a la libertad de expresión y la libertad de prensa “contra el autoritarismo del Gobierno”,no se inscribe dentro de una cadena de acontecimientos que terminará en hacerlos abrazar causas progresistas. Que el gobierno acuse a Clarín de “operaciones de prensa”, y que Clarín acuse al Gobierno de “incitación a la violencia” y “fascismo” suena a proyecciones psicológicas.

Si hay algo que quizás sea necesario señalar más claramente desde la izquierda en los análisis de situación, es que un aspecto de “el relato” de la década kirchenrista es que necesita de ambos contendientes montando el espectáculo del enemigo perfecto, mientras las cuestiones de importancia nacional que deberían estar en “la agenda” no son puestas por ninguno:

¿Por qué no serán investigados, ni se va a tocar “el empleo” de ninguno de los más de 2000 espías de la ex-SIDE? violentos, desestabilizadores, corruptos, buchones, chivatos, infiltrados, vendidos al imperialismo, que pasarán de la Secretaría de inteligencia (SI) a la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), como pasa un archivo de una carpeta a otra.

¿Por qué no se va a tocar al podrido Stiusso? formado en la cueva de espías desde el año 1972, al servicio del gobierno de Peron e Isabel en los momentos de la Triple A, que siguió bajo la dictadura de Videla, Massera y Galtieri. Luego bajo la “primavera democrática” de Alfonsin, y durante el neoliberalismo de Menem (con bomba en la AMIA incluida). Más tarde con el gobierno de la tortuga asesina De la Rua, luego con el cabezón Duhalde y el matrimonio Kirchner durante 10 años hasta “caer en desgracia”. En su “retiro” seguirá siendo un intocable protegido como razón de Estado.

¿Porqué no poner en “la agenda” que los servicios de inteligencia argentinos son de conjunto una agencia colonizada por la CIA y sus lacayos del MOSSAD? a la que todos les hacen reverencia y que han sido los principales encubridores del atentado de la AMIA. ¿Porqué no poner en agenda la apertura de todos los archivos de los servicios, que serían una enorme fuente de investigación de múltiples crímenes?

Porque Van der Kooy miente sobre la supuesta detención de Cristina, y dijo que yo dije que “el periodismo intenta tapar con la tragedia la cantidad de gente en las playas” responde Chirolita y rompe hojas del Gran Diario Argentino. Porque Capitanich promueve la violencia simbólica, y si sigue así esta crisis puede causar dos nuevas muertes, responde Clarín. Para ambos lo importante es tapar lo importante, y el gobierno es el principal responsable de esto. Se dejan de lado las noticias pertinentes que debería conocer cualquier ciudadano que intentara al menos ejercer sus derechos democráticos.

Según el cineasta clásico Alfred Hitchcock, maestro del suspenso, el guión de una película es mucho mejor cuando “el malo” está bien construido, eso garantiza el éxito del relato. Conviene recordarlo aunque no hay en esta contienda mediática un director ni cercano a su talla. Según el libro clásico de Jean-Marie Domenach sobre la “propaganda política”, una de sus principales leyes para construir un discurso de masas influyente sería la “regla de simplificación y del enemigo único”. Estas ideas parecían haber sido incorporadas a las “veinte verdades peronistas” propagandísticas de la última década, y funcionaron muy bien en cierto contexto para el gobierno kirchnerista,pero eso ya es pasado.

Paradójicamente en la jornada de ayer, una de las claves del problema la dio el radical aliancista Leopoldo Moreau, que se encontraba invitado en “6,7,8”. Un tanto compungido planteó sabiamente que hay que tener cuidado con “el descrédito actual del poder” que es lo que lamentablemente siente “la gente” y desgranó una receta radical de unidad nacional que no convence a nadie. Lo cierto es que tras el suicidio/asesinato del fiscal Nisman, el relato del “Gobierno vs Clarin” abandonó definitivamente cualquier peso de masas y es para la tropa propia. Pero en “el descrédito actual del poder” cae el Gobierno y cae “Clarín” (si englobamos con ese nombre al “partido” caótico de la derecha argentina). Lo que se expresa inicialmente en el “nunca se sabrá la verdad” como saber popular ante el Estado, dependiendo de los acontecimientos puede derivar en muchos malos pensamientos, certezas de que el enemigo del pueblo anida en las instituciones burguesas.


LO DIJO, NO LO DIJO

Lo cierto es que Jorge Capitanich sí dijo en su conferencia del 15 de Enero que existe “una estrategia de imponer una agenda mediática, para tratar de contrarrestar las buenas noticias de la Argentina. Que tienen que ver con un boom y un record de consumo en el turismo…”. Aunque no dijo las palabras exactas que le inculcaba Clarin (“el periodismo intenta tapar con la tragedia la cantidad de gente en las playas”) digamos que se le parecen mucho. Son del mismo tenor que las sesudas declaraciones del Secretario del Pensamiento Nacional, Ricardo Forster. El filosofó había dicho que todo esto “se construyó para generar este clima de desasosiego, de bronca, en un verano que parecía muy tranquilo, con un fin de año que fue el mejor de los últimos”. Digamos que el pensamiento nacional está un tanto degradado, cacareando reflexiones que demuestran el bajo vuelo de los intelectuales justicialistas.

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La violencia televisiva sobre la imagen de Melina Romero

Según graficó una amiga, para que la idea quede brutalmente clara: “Cada vez que la imagen de Melina Romero aparecía en televisión, estaba siendo violada”. La violencia se completará en los próximos días, cuando desaparezcan completamente de los medios masivos las fotos que fueron repetidas hasta el cansancio, como si hubieran sido descartadas en algún basural. Sabemos que los noticieros dramatizan la información con el objetivo de sostener el interés del público al igual que un show. Inventan historias, tramas, investigaciones, acusaciones; pero no lo hacen cada treinta horas, que es la sistemática cifra del femicidio en Argentina. Cada tanto “levantan un caso”.

Lo hicieron en el caso de Melina Romero por la denuncia de sus amigos y familiares, que es como entran al mundo de los medios masivos los trabajadores. Pero desde el estreno de este último film masivo, la protagonista Melina fue acusada de su propio asesinato, entre otras cosas porque era muy joven, y la mayor “prueba” que los medios presentaron “al público” no fueron más que sus propias autofotos. Más que ningún otro, esas imágenes fueron el material “concluyente” de su condena, las selfies que se permiten para el Oscar y las modelos, pero nunca para las pibas de los barrios.

“Desconfíen de las imágenes”, decía el fallecido cineasta Harun Farocki. En su último libro sobre cine, el crítico J. Hoberman plantea que el ciberespacio sería hoy el “equivalente de las películas hogareñas filmadas en Super 8 o videocámara que le dan a cada uno la oportunidad de ser estrella de su propio documental en proceso online“. Mientras que el atractivo de la propia red Facebook (una internet paralela personalizada) tiene éxito en la medida en que compensa de alguna manera lo que a la gente le falta en la vida real: “La pérdida del sentido de vecindad, de familia extendida, de fraternidad del lugar de trabajo o de solidaridad de clase y hasta de la importancia individual”. En la película paraguaya Siete cajas, el deseo del joven protagonista es un celular que filma, porque quiere “sentir que sale en tele”, lo cual logra solo luego de un episodio violento que casi le cuesta la vida, donde el femicidio está en el centro.

Así, el robo literal de las imágenes de Melina de su propio Facebook, y su resignificación perversa en los medios masivos, puede compararse a la entrada por asalto a una casa para llevarse los recuerdos de una película en proceso que fue brutalmente cortada. El tratamiento formal posterior de las imágenes robadas puede considerarse un equivalente a la pornografía infantil.

Es imposible contestar con imágenes de igual poder a un aparato industrial de producción. Solo vale agregar que el uso de la imagen en este último film de los medios y la estigmatización de Melina no fueron más que la remake de un guión que se repite todos los días en cuanto a la imagen de las mujeres, sean asesinadas, desaparecidas o convertidas en objetos. El internauta podrá acceder a un intento de respuesta recorriendo la foto de abajo y haciendo clic con el mouse para acercarse a descifrar por qué la imagen de Melina fue separada de su cuerpo y violentada una y otra vez en los medios masivos.

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>>VER FOTOGRAFIA ANIMADA: http://laizquierdadiario.com/La-violencia-televisiva-sobre-la-imagen-de-Melina-Romero<<