Entradas

La ilusión de Noemí, imágenes y silencios

La película dirigida por Claudio Remedi y realizada por el Grupo de Boedo film retrata vidas de clase trabajadora y en particular la vivencia de dos niños cuya amistad los lleva a descubrir un tesoro.

* * * *

La película cuenta la historia de dos niños de once años, Noemí y Sergio, con sus respectivos padres que viven en la ciudad de Berisso. Leandro es viudo y padre de Noemí, trabaja en el Astillero Río Santiago donde al parecer tiene militancia sindical. Irene es la madre de Sergio, divorciada, y logra entrar de personal de limpieza a un Hospital, donde la maltratan. Mientras sus hijos tienen una amistad alejada de ser “noviecitos” y construyen su propio mundo de juegos y complicidades, los padres tímidamente quieren acercarse. Esas dos líneas se van cruzando en la película casi como un dilema, hasta que el director opta por invitar al espectador a ver la historia desde la mirada de los niños.

Esa decisión comienza a cobrar vida con un interrogante: luego de una visita para ver dinosaurios en el museo, los chicos juegan a la arqueología y descubren enterrada en el jardín una vieja caja oxidada cuyo candado no pueden abrir a pesar de sus esfuerzos.

Ambientada en un pueblo obrero y en la periferia de los grandes conflictos sociales colectivos que sólo aparecen sugeridos, el film se sumerge así en la vivencia cotidiana de los trabajadores, donde la lucha por sobrellevar los problemas económicos se resuelve con solidaridad y amistad, pero donde a su vez las mayores amenazas retratadas provienen de su mismo seno.

Acecha este mundo la tía abuela de Noemí, oscura señora devota de la difunta Correa que se considera guardiana de la memoria de la madre de la nena, quien falleció muy joven. Así la religión representa el elemento policial, vigilante, encarnado en un muy buen construido personaje que cada vez que entra en plano desplaza la alegría, el juego, o el deseo de los padres, para inundar el cuadro de tensión. La vieja tiene el plan de llevarse la sobrina a San Juan, alejarla de su padre, de los barrios industriales, de los amigos varones, en lo que parece casi un secuestro.

Para contar esta historia Claudio Remedi y el Grupo de Boedo film apelan a un cine de imágenes y silencios, alejado del tipo de acción de moda en el cine actual, se ubica así desde el lenguaje en una posición de periferia al igual que la historia que retrata. Su ritmo lento lleno de “tiempos muertos” y retaceado de diálogos, obliga al espectador a ver los gestos, sentir el tiempo, y quizás a mirar de frente la realidad. Un recurso singular al estilo de Aki Kaurismäki.

A su vez la decisión de usar modestamente casi un único plano por escena, parece un repudio abierto al plano contra plano. Nos recuerda que ese recurso hollywodense llegó a ser señalado por Harun Farocki como “la ley del valor del cine”, mientras la ley del valor de la economía es la que empuja a los protagonistas a una vida de necesidades. En La Ilusión de Noemí la estructura es el drama.

La ausencia de tecnología en el juego de los niños (y en los personajes en general) marca a su vez una ruptura con nuestro presente plagados de celulares, pantallas de computadoras y redes sociales. Nos avisa que el cine de ficción es un artificio donde directores y grupos de realizadores pueden construir su propio mundo, en este caso con algo de nostalgia frente a lo perdido, o marcando el deseo de uno querido. Quizás por eso es la fuga lo que permite abrir la caja del tesoro.

Podés leer también: Entrevista a Claudio Remedi, director de La ilusión de Noemí

A 40 años, Raymundo Gleyzer ¡Presente!

Este 27 de mayo, día del documentalista, se cumplen 40 años de la desaparición del cineasta Raymundo Gleyzer.

* * * *

Las distintas asociaciones de documental preparan un acto-homenaje en el Cine Gaumont, donde también plantearán las actuales reivindicaciones del sector. A su vez Juana Sapire, compañera de Raymundo, y la investigadora y periodista Cynthia Sabat, presentarán el nuevo libro Compañero Raymundo y la copia restaurada del film Los Traidores. Raymundo Gleyzer fue parte de una generación de cineastas que al calor del ascenso obrero y popular de los años 70 se identificaron con las luchas obreras y levantaron banderas anticapitalistas y antiimperialistas. A partir de la revolución cubana y el ascenso obrero en Latinoamérica, con las luchas mineras en Bolivia, el Cordobazo en Argentina y los cordones industriales chilenos (registrados en el gran documental La batalla de Chile de Patricio Guzmán), se desarrolló el movimiento conocido como Nuevo Cine Latinoamericano. Dentro de este movimiento convivieron distintas tendencias políticas y estéticas que debatieron sus puntos de vista en encuentros de cine que eran verdaderas asambleas de debate sobre la necesidad de unir los caminos del cine y la revolución.

En Argentina se destacaron dos grupos. Por un lado, el Cine Liberación, impulsado por Pino Solanas y Octavio Getino, que realizaron La hora de los hornos en 1968. Ésta y todas sus producciones, como Actualización política y doctrinaria para la toma del poder (una larga entrevista a Perón en el exilio), tuvieron el objetivo de fortalecer la influencia del peronismo y las distintas experiencias del nacionalismo burgués entre los sectores populares. Desde otro ángulo Raymundo Gleyzer impulsó el colectivo Cine de la Base, que se identificaba con el clasismo y cuestionaba las ideas de conciliación de clases. Sus pelí- culas más conocidas son: “Los Traidores”, “México, la revolución congelada”, el cortometraje “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan”, como también informes audiovisuales que realizaron para el PRTERP.

En el film “Los Traidores” se narra la historia de un burócrata sindical peronista desde sus comienzos como militante de base hasta convertirse en un terrible burócrata que persigue a los activistas de izquierda, y en una simbólica escena exclama: “No vamos a permitir que en este sindicato se cambie la bandera celeste y blanca por un trapo rojo”. Esta película se filmó durante 1972, en condiciones de clandestinidad. La distribución de la película se hacía en proyecciones también clandestinas y muchas veces eran corridos por la policía, y tenían que levantar en cuestión de minutos el proyector, la pantalla y las sillas, para poder escapar de la represión. La película generaba muchos debates, tanto por la excelente denuncia a la patronal y la burocracia sindical, como por la escena final en donde un grupo ajusticia al burócrata. Desde Cine de la Base explicaban que se trataba de una película y que habían tomado la historia de hechos de la realidad, pero desde distintos sectores se cuestionó el hecho de que para derrotar a la burocracia sindical no servían las acciones individuales sino que era necesario una lucha y organización de masas. El debate que generó el film estaba inscripto en los debates políticos del momento.

Luego de estar años desparecida, a mediados de los 90 comenzó a difundirse nuevamente su obra y año a año crece el reconocimiento a su cine entre estudiantes, trabajadores y jóvenes cineastas. Las denuncias que retrató con su cine siguen aún muy vigentes: la explotación y las muertes por malas condiciones de trabajo, la burocracia sindical, la dominación del imperialismo en Latinoamérica y la subordinación de los movimientos del nacionalismo burgués. Con distintos nombres y matices seguimos enfrentando estas problemáticas. Además de su producción cinematográfica, Raymundo planteaba la importancia de la militancia concreta en una organización y dijo: “No creo en el cine revolucionario, creo firmemente en la revolución”. Más allá de los límites y diferencias con la estrategia política por él elegida, estas reflexiones siguen teniendo gran actualidad entre los cineastas y artistas que se plantean hoy la transformación de la sociedad.

Secretos de una larga noche

La película “La larga noche de Francisco Sanctis” participa de la Competencia Internacional del Bafici y fue seleccionada para el Festival de Cannes. Entrevistamos a sus realizadores, Francisco Márquez y Andrea Testa. Entrevista realizada por Violeta Bruck y Javier Gabino.

* * * *

La película es una adaptación de la novela homónima del escritor Humberto Costantini (1924 – 1987), autor de cuentos, novelas y obras de teatro, militante del PRT y exiliado en México tras la dictadura militar.
Está situada en Buenos Aires, 1977, cuando Francisco Sanctis, un empleado administrativo, padre de dos niños y sin militancia política, recibe la información precisa de dos personas que los militares van a desaparecer. Esa misma noche deberá tomar la decisión más importante de su vida. ¿Les salvará su vida a riesgo de la suya propia?
Los directores son egresados del ENERC (Escuela nacional de realización cinematográfica, que depende del Incaa). Han realizado los documentales Después de Sarmiento y Pibe Chorro, entre otras obras que producen a través del espacio Pensar con las Manos. El protagonista es Diego Velázquez, actor de la serie Los siete locos,Kryptonita y la obra Los corderos, entre muchas otras. Lo acompañan en el elenco Laura Paredes, Valeria Lois, Marcelo Subiotto y Rafael Federman.
En esta oportunidad entrevistamos a los realizadores, Francisco Márquez y Andrea Testa y al protagonista Diego Velázquez para descubrir el detrás de escena de esta película.

¿Cómo surge la idea de llevar al cine La larga noche de Francisco Sanctis? ¿Cuál fue el camino desde el despertar de esa idea hasta la concreción?

FM: Llegamos a la novela un poco de casualidad. En un boletín que sacamos del ENERC habíamos publicado una poesía de Costantini Yanquis hijos de puta, pero no era un autor que lo teníamos tan presente. Nos la recomendó un librero del Parque Centenario, la leímos bastante rápido y a los dos nos pasó lo mismo, nos parecía que era una novela para adaptar al cine. Así surgió la idea de una co-dirección. Empezamos a trabajar el guión, y nos acercamos a la familia, por el tema de los derechos, nos cedieron los derechos y ahí empezamos a hacer las presentaciones al Incaa, y ganamos el premio Opera Prima. A partir de ahí empezamos a producirlo. Parece muy sencillo, pero llevó como tres años, más o menos. En un primer momento buscamos una productora y finalmente llegamos a la conclusión que lo mejor para la película era que nosotros la produzcamos, que no haya ninguna mediación, que no haya un productor en el medio, poder producirla entre nosotros.

AT: Eso significaba poder destinar todo el premio a la producción de la película, sin tener la mediación de una casa productora a la que habría que destinarle un porcentaje de ese premio. Y en la realidad nos encontramos con un presupuesto muy acotado. Por ejemplo, para una producción media, son tres o cuatro semanas de rodaje. Nosotros queríamos filmar seis, para poder dedicarle más tiempo al rodaje y a trabajar ahí, finalmente pudieron ser cinco semanas de rodaje. No sabemos si con una productora hubiésemos podido filmar así. Queríamos tener las decisiones productivas, porque nos parecían claves para pensar la estética de la película.

¿Cómo fue el trabajo de adaptación?

AT: Intentamos no alejarnos tanto, pero había cosas que había que alejarse sí o sí porque era muy difícil trasponer lo literario a la película, además también por el tiempo. Reflexionamos en realidad ¿quién era ese personaje? queríamos que sea alguien más activo. Queríamos resaltar que él sale de su individualismo.

FM: Si leés la novela, al personaje lo que lo guía siempre es el destino, entonces él se encuentra con todos los personajes que se le van cruzando y parece como que se lo va dictando el destino. Nosotros lo que quisimos trabajar más era la voluntad. Entonces trabajamos un personaje que activa, que tiene que ver con algo ideológico, con lo que nosotros queríamos trasmitir. Había otra cuestión también que tenía que ver con el final, quizá ese final que estaba en el libro tenía una importante carga de denuncia que en 1984 era no solo valiente sino también revelador. Hoy, con tanta reflexión sobre la dictadura, nos parecía que podía dejar una sensación derrotista, cuando nosotros lo que queríamos trasmitir, era enfocarnos en lo que él hace, más que en el saldo, nos interesaba lo que él hacía.
El relato del libro es un mundo interno, como una voz interior, y eso en cine hay que contarlo con imágenes, y ese ya era un desafío de por sí que nos proponía el libro. Salvo que hubiésemos apelado a una voz en off como en la primera versión del guión, no había forma. Lo otro tenía que ver con algo propio del cine, si uno hubiese transcripto tal cual el libro, el 50% transcurriría en una mesa sentados en un bar y eso cinematográficamente es poco rico.

En la película, al igual que en la novela, el lugar del protagonista es central, enorme. ¿Cómo trabajaron la construcción del personaje junto a Diego Velázquez y como se articuló el trabajo con todo el elenco?

FM: La propuesta, acordada más que nada con Diego, fue no ensayar hasta que estuviera todo cerrado, sino dejar un espacio de sorpresa para el rodaje. Nosotros teníamos que contar el personaje, no la escena. Lo que sí trabajamos mucho era sentarnos a leer el guión. Eso fue muy preciso, el trabajo de ajustar los diálogos, nos parecía muy importante. No pasarnos, ni contenernos de más, encontrar justo el equilibrio de lo que tenía que decir cada uno.

AT: Fue un trabajo arduo. Si bien toda la voz en off, que es el conflicto interno, lo pudimos pasar a acciones, nos quedaba algo con los diálogos que no queríamos que sean informativos. Intentar que sean lo más cotidianos posibles, que no estén impuestos, sino que sean orgánicos a las necesidades de lo que les estaba pasando a esas personas en ese momento. Por eso, con todo el equipo actoral, trabajamos así en lectura y relectura. Primero hicimos todo un trabajo con Diego, después con Diego y Marcelo Subiotto, con Diego y Laura Paredes, y así, para que salgan de adentro de las personas y no tanto como necesidad del guión. Yo creo que eso fue lo que también le dio profundidad a la película.
Diego nos dijo en un momento, a mí me gusta trabajar técnicamente, ustedes me dicen mirá para allá y yo miro para allá. A nosotros nos descolocó un poco, por todo lo que uno piensa de la dirección de actores, de la búsqueda interna de los personajes, de las emociones, y como revivir algo mucho más emocional. Él nos lo llevó a algo más técnico, y aprendimos mucho con eso que él nos propuso. Teníamos que crear la imagen, él como un “objeto”, como una imagen.

FM: Y eso era posible porque había un trabajo previo de construcción del personaje que permitía que eso técnico sea vivo. Hay algo que aportó Diego, él decía que una vez que le pasan esa información, los nombres de los militantes que van a ir a buscar, se produce como un hechizo en su cabeza, entonces había momentos que a él eso le volvía, no se lo podía sacar de la cabeza, estaba todo el tiempo presente. Eso nos sirvió para trabajar cómo se comporta físicamente a lo largo de toda la película, pero también para trabajar ideas sonoras. Hay un momento que es cuando él entra en zona de oscuridad, entran sonidos muy abstractos, pero que trasmiten esa idea, que está ese hechizo que se le aparece, como algo que se le va apareciendo.

Lo que se trasmite también es que Francisco tenía algo guardado, que vuelve a surgir. Que se prendió algo que estaba ahí escondido.

FM: Tal cual, eso es también lo que trabajamos. Nosotros lo pensamos mucho, desde ese pasado donde quizás tenía una forma de pensar, y que la misma vida lo fue como achatando de alguna manera, y que esta situación empieza a hacer un cuestionamiento y ponerlo de nuevo en presente. También creemos que eso es algo que le pasa a mucha gente, creemos que es algo con lo que mucha gente puede empatizar, se puede sentir identificada, esta cuestión de insatisfacción con la vida, y la vida en el caso del personaje, le plantea un desafío. Yo creo que hay algo personal, de decir yo soy capaz de esto, y soy capaz de salir de esa insatisfacción.

AT: Creo que dialogamos también un poco con este sentido común de “solo se puede ser rebelde en la juventud”, “solo se puede tener ideas revolucionarias en la juventud”, bueno él hace ese camino, y un poco se lo dice Perugia en la escena del pool “Bueno, ya no somos jóvenes, no nos metamos en esto, nosotros no tenemos nada que ver…”. A este personaje se le plantea eso. Sí, puede también, un adulto enfrentarse a las ideas y a la necesidad de poder hacer algo por los otros.

¿Cuáles fueron las referencias cinematográficas?

FM: Hitchcock es una referencia, en el sentido que las películas de él son un personaje ordinario envuelto en una situación extraordinaria, ese espíritu estaba. Después tuvimos bastantes referencias y muy variadas. El amigo americano, de Wim Wenders, que nos sirvió bastante, porque Wenders también trabaja mucho con el género, pero con una mirada personal. El amigo americano es un policial clásico de alguna manera, pero es una película hiper personal.

AT: El amateur, de Kieślowski también. Intentamos buscar además de referencias estéticas, cómo hacen una película de personaje con conflictos internos fuertes, y El Amateur nos sirvió mucho para ver eso. Leo Carax es otra referencia, para el sonido, y con los tránsitos de personajes, con lo más sensorial. Igual nada lo tomamos tan literal, nos servía para abrir nosotros nuestros universos visuales. Las referencias eran como una forma de dialogar entre nosotros dos, y con el equipo técnico. Y para la co-dirección fue clave porque era muy difícil. No era que cada uno quería su película, era poder comunicar lo que creíamos mejor para la película.

¿Cómo aportaron las distintas áreas y cuál fue la dinámica del trabajo en equipo?

FM: Cuando uno empieza a trabajar con el fotógrafo, la directora de arte, el sonidista, la película empieza a tomar otra forma, cada área desde su especificidad aporta algo nuevo. Esta idea de la oscuridad que tiene la película, creemos que aporta un montón, y es una idea que trabajamos junto al fotógrafo. Después hay una sutileza, que el personaje, a medida que va avanzando la película va perdiendo ropa. Primero pierde la bufanda, después pierde la corbata, después pierde el saco, que es algo que quizá ni se ve, pero en algún lado está, sentimos que desde algún lugar se percibe, eso fue una idea del vestuarista que tenía vinculación con el guión obviamente, es un personaje que se va despojando, que va yendo a su esencia, por decirlo de una manera, y son ideas que empiezan a surgir en la concreción del trabajo con las áreas.

AT: Más que yendo a su esencia, justamente va dejando atrás todo lo que a él le pertenece y su individualismo, que es lo que se propone también el conflicto de la película. ¿Cuál es su dilema en este caso? ¿Pone en riesgo su vida o no? Como la escena esa que nos parece muy linda, cuando le lee el cuento a sus hijos, ese momento es donde él dice ¿salgo o no salgo de esta habitación? Por eso para mí más que ir a su esencia es salir de su particularidad, del individualismo, que es lo que creemos que trasmite la película.

Hay un trabajo muy importante de arte en la película ¿Cómo se trabajó en ese área?

AT: Lo primero que pensamos en arte, era la anti-referencia a las películas argentinas de época, donde te tienen que resaltar que estamos en la época porque si no la gente no entiende. Nosotros queríamos que la época se viva. De hecho nosotros decíamos no queremos el pingüino, la botella de Coca Cola, caer en eso de tener que meter la época de esa manera o un sonido de una radio. Fue un desafío, y nos preguntamos ¿se va a entender realmente que es la dictadura? para nosotros era muy importante que esto se entienda desde el primer momento.

FM: Hubo un trabajo del equipo de arte muy exhaustivo, si bien no queríamos mostrar los detalles, queríamos que la época se perciba. No queríamos que aparezca nada de la actualidad, y eso era muy arduo, inclusive difícil por el presupuesto. La gente de arte lo resolvía muy creativamente, nos reíamos porque ellos llevaban una manta muy grande, entonces cuando estábamos filmando aparecía un auto actual, y directamente lo tapaban con una manta oscura que ayudaba a la propuesta de la oscuridad. Una forma simple pero efectiva, porque no había presupuesto. Era una tensión constante entre producción y arte, y la verdad que hubo en ese sentido un trabajo muy solidario entre las áreas.

El libro de Costantini es del año 1984, y relata una historia situada en 1977. En un momento Francisco, que es alguien “que no tiene que ver con nada”, habla sobre la situación de asesinatos, torturas desapariciones, incluso dice la cifra de 20.000 desaparecidos (como algo que ya se comentaba en 1977). ¿Cómo relacionan esto con otros relatos?

FM: Yo creo que con la novela de Costantini pasó que cuando una obra revela una verdad profunda en un momento en donde todavía hay sectores de la sociedad que no quieren encontrarse con esa verdad, quedan ocultas. Nosotros sabemos que esta novela fue premiada en otras partes del mundo, incluso en una entrevista a Andy le dijeron que Humberto Costantini en México era muy reconocido. A nosotros nos llamó la atención, de hecho lo primero que hicimos fue darle la novela a todo el mundo, prestarla para que la lean.
Los recientes comentarios de Lopérfido, cuando dice que no hubo 30.000 desaparecidos, está llevando la discusión a un terreno inaceptable. Un funcionario que dice eso, lo tienen que echar. Creemos en ese sentido también que el hecho que todavía exista este relato demuestra que hay que seguir hablando de los ´70.

Hay una gran cantidad de películas sobre la época ¿Qué lugar opinan que ocupa La larga noche? ¿Qué aporta de nuevo?

FM: La película parte de la ventaja que se hicieron muchas películas sobre la época, entonces hay determinados temas que ya están. Puede ser esta película porque ya se problematizaron otras cosas, sentimos que si no hubiesen estado las otras películas, quizá no hubiésemos hecho esta. Nos interesó la novela porque plantea los ´70 desde otro lugar. No lo plantea ni desde la militancia, ni desde un personaje de un milico, lo plantea desde un personaje que se cree que está por fuera de la lucha política que se está dando en el momento, se cree que es un personaje que puede vivir, de alguna manera, fuera de la historia. Hay que ver otro tipo de película que es un documental,Juan como si nada hubiera sucedido de Carlos Etcheverría, para pensar una película que lo aborde desde ese ángulo.
Yo creo que también es una película actual, no pensamos solamente que es una película sobre los ´70, sino una película sobre el compromiso social, sobre la voluntad, sobre como uno se vincula con la historia, y creo que en ese sentido es una película que nos interpela en la actualidad.

AT: Y un dilema que nos pasó también, es que no queríamos juzgar tan fuerte, esta mayoría silenciosa. Porque no vivimos la época, claro que obviamente que a mí desde afuera lo primero que me sale es pensar, ¿Cómo no sabían nada, no iban a hacer nada? En la investigación para el guión nos encontramos con situaciones muy asfixiantes, muy tristes. Nosotros preguntábamos ¿Qué te acordás de la dictadura? y nos hablaban del antes y del después. Y cuando les decíamos que nos hablen de esos años, del ´77, ´78, ahí era cuando se ponían nerviosos, prendían el cigarrillo, se angustiaban. Por eso nos preguntamos: ¿Qué mecanismos funcionan para no ver, decidir ver o no ver? Queríamos poder problematizar, interpelar esa gente. ¿Qué piensa hoy? ¿Cómo podemos hacer hoy en el presente para también involucrarnos en la realidad y en la realidad de los otros también? No solamente cuando me toca a mí, porque ahora me aumenta todo, ahora salgo a luchar. Poder interpelar también a ese sector que va a ir al cine a ver esta película. Como hacemos que el cine también dialogue con el afuera y no solamente entre las películas de los ´70. Buscamos un personaje particular, pero también puede verse como un personaje universal, que puede tocarle a cualquiera, el plano que empieza con los monoblocks, muestra que en cualquiera de estas ventanitas puede haber un Francisco Sanctis.

Ver también: Entrevista a Diego Velázquez

Ver también: Reseña de la película

La larga noche de Francisco Sanctis

Un oficinista, en 1977, debe enfrentar el dilema de salvar o no a dos desconocidos, que serán secuestrados por militares. Dirigida por Francisco Márquez y Andrea Testa, el film fue seleccionado también para el festival de Cannes.

* * * *

La película tiene una trama simple y poderosa. Resulta que a Francisco Sanctis, un gris empleado contable de “Luchini & Monsreal”, un día lo contacta una vieja conocida de su paso por la facultad a la que no ve hace mil años. Y así, sin comerla ni beberla, Sanctis termina con los nombres de dos militantes a los que la Aeronáutica va a secuestrar esa misma noche y con el dilema de qué carajo hacer. Justo él que “no anda en nada” en el Buenos Aires sitiado de 1977.

La historia es Hitchcockiana, no por su estilo fílmico, sino por aquella idea torturante fundada por Don Alfred de introducirle a un ser humano común un elemento extraño que trastoque su “zona de confort” y hacer la peli filmando las consecuencias. También fue Alfred quien dijo que jamás se debería comparar una película a una obra de teatro o a una novela. Porque a lo que se acerca más es al cuento, cuya regla general es contener una sola idea que acabará de expresarse en el momento en el que la acción alcance su mayor punto dramático. Y es que “La larga noche de Francisco Sanctis” es un cuento de esos que se escuchan en silencio esperando el desenlace y luego se recuerdan para contarlo otra vez.

La película está basada en un cuento-novela del escritor argentino Humberto Costantini (1924 – 1987). Exmilitante comunista y luego del PRT, de quien se dice que no perdonaba las agachadas de ninguna índole y por eso se comió persecutas y exilios. Su obra estaba dormida, como la de tantos otros importantes escritores nacionales, y es mérito de esta película despertarla en 2016 para que circule nuevamente. Si es por seguir poniendo fechas, el libro fue escrito en 1984 y en ese momento Humberto habla no solo de los falcon, sino de cómo arrojaban militantes al mar desde los aviones y de la cifra mínima de 20.000 desaparecidos. Se basa en una certeza afirmada por la fecha: en la represión a cielo abierto era un mecanismo de negación psicológica o de miedo el “yo no sabía nada”. Ese “20.000 desaparecidos” que Costantini ubica como rumor que le llega a su personaje ya en 1977, nos recuerda también la facilidad para el fachismo que tiene Darío Lopérfido, ese regenteador amarillo de la cultura y el Bafici en 2016, quién dijo que la cifra de “los 30.000” se arregló en una mesa para recibir subsidios. Costantini sigue peleándola 29 años después de su muerte.

 

La película de Francisco y Andy transcurre durante una noche, marcando el tiempo real, sin flashback ni ornamentos, obligando al espectador a adivinar los pensamientos de Sanctis y las contrariedades a las que está sometido, que al no hacerse explícitas en un monólogo interior cinematográfico empujan al que mira a desarrollarlo en su mente, a preguntarse entonces ¿qué haría yo? ¿qué hago?. La actuación de Diego Velázquez resalta entonces para lograr físicamente transmitir la batalla interior en la que el personaje termina sumergido mientras las sugerencias del arte, la escenografía y el sonido comunican en segundo plano un mundo opresivo.

Libro y película dialogan entre sí pero no son lo mismo, los directores respetaron tanto como crearon su propia larga noche y se tomaron el atrevimiento de pensar un final propio. Por esto ambas obras son particulares y se disfrutan por separado.

Lo que La larga noche trae de “los 70” es una mirada sobre la mayoría silenciosa en la dictadura, ni siquiera sobre aquél que los fachos despectivamente llamaron “el perejil” para denostar el compromiso de los miles y abnegados militantes de base de las organizaciones de izquierda. No. La larga noche va más allá: para entrar en la vida de uno al que aquello “solo lo rozó”, el que “no se metía” aunque alguna vez hace mil años se hubiera permitido como todos pensar en algo social, un laburante pero con pensamiento de clase media.

Puede que también Francisco y Andy nos hablen del valor del arte sin quererlo, ya que en la historia una poesía inocente escrita por un no-poeta da vueltas como nexo con más peso que en el libro. Así uno recuerda que Borges llegó a decir que no había poeta por mediocre que sea, que no haya escrito el mejor verso de la literatura, pero también los más desdichados, porque la belleza no era privilegio de unos cuantos hombres ilustres. Sea bella o no esa poesía mensaje trillada, o sea bella sólo la unión de dos palabras en ella, quizás nos diga que el arte como momento liberador para un individuo sea una semilla que puede florecer en él más tarde como fuerza moral.

¡Ah! Milicos y patrones recuerden que el más gris “perdedor” y el más “sumiso” de los empleados, podría llegar a pasar un papelito, susurrar un dato, guardar una caja, recordar un número, grabarse en la mente un recuerdo que en algún momento ¡quién sabe! entre en el engranaje de la resistencia, y porqué no en el presente: de la necesaria rebelión.

Elenco:
Diego Velázquez como Francisco Sanctis / Laura Paredes / Valeria Lois / Marcelo Subiotto / Rafael Federman

Ficha técnica:
Dirección, guión y producción: Andrea Testa y Francisco Márquez
Asistente de Dirección: Cecilia Kang
Producción ejecutiva: Luciana Piantanida
Jefe de Producción: Gianni Tosello
Cámara y fotografía: Federico Lastra
Dirección de sonido: Abel Tortorelli
Montaje: Lorena Moriconi
Dirección arte: Julieta Dolinsky
Vestuario: Jam Monti
Maquillaje: Valeria Bredice

Imágenes de una pesadilla americana

Una amplia producción cinematográfica a nivel mundial enfrenta los valores que el imperialismo norteamericano difunde mundialmente a través de su cine.

* * * *

Las imágenes del “modo de vida” norteamericano, junto a sus intereses económicos y militares, tienen una amplia difusión a través del cine de Hollywood y sus distribuidoras. Pero la contracara de esta imagen la constituye una amplia producción cinematográfica que a nivel mundial enfrenta estos valores. Dentro de esta tradición se desarrolla un cine que cuestiona en forma y contenido la imagen imperialista y aporta contundentes denuncias a través de distintos momentos de la historia.

A propósito de la visita de Obama a la Argentina rescatamos y difundimos una serie de películas que exponen la verdadera cara del imperialismo yanqui. El actual presidente norteamericano es el comandante en jefe del ejército de Estados Unidos, una institución que tiene un largo historial de invasiones, apoyo a golpes de estado, guerras de colonización, tortura, asesinatos y represión.
Un recorrido temático por el cine nos aporta algunas imágenes de esta historia.

Golpes y dominación en Latinoamérica:

La responsabilidad de Estados Unidos en invasiones militares y golpes de estado en Latinoamérica está presente en distintas películas, como también la dominación económica que es un tema central en la producción del cine político latinoamericano de los años ´60 y ´70.

Dos emblemáticas películas que tratan de la injerencia norteamericana en los golpes de estado son Estado de sitio y Missing, ambas del reconocido director Costa Gavras.
En la amplia producción de los cineastas latinoamericanos se encuentran destacadas denuncias como Yawar Malku (Sangre de Cóndor) del cineasta boliviano Jorge Sanjinés, que desnuda una operación norteamericana destinada a esterilizar a las mujeres en Bolivia.

La producción de cine cubano tuvo un gran impulso a partir de la revolución. Como primer medida son nacionalizadas las distribuidoras de cine norteamericano y a partir de entonces muchas películas tomaron como tema la opresión imperialista. Desde los primeros documentales de Santiago Alvarez junto a Tomás Gutiérrez Alea como Muerte al invasor, sobre la batalla de Playa Girón, hasta la famosa película de animaciónVampiros en la Habana en donde vampiros del imperialismo europeo y norteamericano se pelean por una fórmula ideada en tierra cubana.

En Argentina, el cine militante de los años ´60 y ´70 sumó también importantes denuncias como la que está presente en La hora de los hornos del grupo Cine Liberación, Alianza para el progreso de Ludueña, o en las películas de Cine de la Base, el colectivo impulsado por el cineasta desaparecido Raymundo Gleyzer, México, la revolución congelada y la escena que expone las relaciones entre la burocracia sindical norteamericana y la argentina en el film Los Traidores.

La invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989 también inspiró documentales como The Panamá deception y el reciente Invasión.

Las luchas de centroamerica en Nicaragua y El Salvador dieron impulso a la producción de cortometrajes y documentales que denunciaron la injerencia norteamericana, se dio también la participación de cineastas exiliados chilenos y argentinos que se sumaron a esta tarea.

El conjunto del cine político latinoamericano de los años ´60 y ´70 tuvo una clara orientación antimperialista. En los distintos encuentros y festivales realizados en la época se planteaba especialmente la necesidad de tener esta postura política expresada en la idea de conformar un Frente Cinematográfico Antimperialista.

Vietnam y nuevas guerras:

La guerra de Vietnam generó un enorme rechazo a nivel mundial y también un movimiento de oposición al interior de Estados Unidos.

Una de las producciones más importantes de la época fue el film colectivo Lejos de Vietnam, con la participación de Chris Marker, Jean Luc Godard, Joris Ivens, Wiliam Klein, Alain Resnais, Agnés Varda, entre otros, quienes se sumaron a la experiencia a través de distintos cortometrajes.

Otra importante obra de denuncia es El fuego inextinguible del cineasta alemán Harun Farocki, que expone las consecuencias del uso del napalm y los intereses económicos detrás de su fabricación.

El cineasta cubano Santiago Alvarez viajó a Vietnam en varias oportunidades y realizó distintos trabajos entres los que están, Hanoi, martes 13 y Abril de Vietnam en el año del Gato. El documentalista Joris Ivens realizó Paralelo 17, la guerra del pueblo.

La película de Chris Marker, El fondo del aire es rojo, también incluye la crítica al rol del imperialismo en Vietnam.

El realizador norteamericano David Zeiger realizó Sir, no Sir, una película sobre el movimiento de oposición a la guerra entre los soldados norteamericanos.

En las últimas décadas la ofensiva guerrerista de Estados Unidos tuvo su continuidad en la guerra de Irak, Afganistán, y múltiples intervenciones como en Siria.
Sobre la guerra de Irak ha sido muy difundida la película de Michael Moore, Faranheit 9/11, en donde se desnuda la política de Bush y se hace un recuento de la historia guerrerista de los Estados Unidos.

Discriminación racial y la opresión puertas adentro:

La opresión imperialista de Estados Unidos tiene su expresión puertas adentro en la discriminación a la comunidad negra, la persecución a los inmigrantes y la formación de su propia mano de obra barata. Muchas películas han tomado nota de esta historia.

Now (1965), de Santiago Alvarez, muestra las luchas contra la opresión racial. Los documentales The Black Power Mixtape 1967–1975 de Göran Olsson rescata un valioso archivo del movimiento y la cineasta Agnés Varda filmó también en 1968 Free Huey P Newton Rally – Black Panther Party.

El director inglés Ken Loach realizó Pan y Rosas que denuncia las condiciones de explotación de los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos.
Otras películas que abordan esta temática son el documental La Bestia, Bordertown oUn día sin mexicanos, entre otras.

En los últimos años el movimiento Occupy Wall Street que ha denunciado la gigante desigualdad explicando como todo el poder económico está en manos del el 1% de la población, ha sido también tema de nuevos documentales como el film 99% The occupy wall street collaborative film.

Este recorrido abarca sólo una porción de una amplia producción audiovisual a nivel mundial que cuestiona el rol del imperialismo norteamericano. Por otro lado, dentro de la misma industria de Hollywood han surgido en distintos momentos producciones críticas como Viñas de la ira, La sal de la tierra, Abajo el telón, entre otras. La imagen del triunfalismo y militarismo norteamericano tiene una amplia difusión a través del sistema de Hollywood que invade las pantallas al ritmo que las empresas norteamericanas invaden los mercados.
La difusión de una imagen opuesta y alternativa es una forma más de cuestionar este dominio.

Filmar con sangre en las venas: Nicanor Loreti y su Kryptonita

El jueves 3 de diciembre se estrena Kryptonita, la película de superhéroes del conurbano bonaerense. Su director Nicanor Loreti camina por el agitado cine de género nacional que viene dando buenas películas, exprimiendo al máximo los bajos presupuestos con lo que se trabaja en Sudamérica. Es parte de una generación de cineastas capaces de mezclar política, crítica social, risa y recuerdos de la infancia con abundante sangre, acción, sexo y muerte, dependa lo que se quiera decir. Loreti es amante de los cómics, de la revista D’artagnan a Cazador, de las historias de Breccia con sus personajes oscuros y demacrados, a las tiras de Don Fulgencio y Paturuzito. Transmite la sensación de deslumbrarse con el cine, ver y disfrutar, inspirarse y copiar para producir algo propio. En esta entrevista que realizamos para La Izquierda Diario junto a Celina Demarchi conversamos sobre las motivaciones, las referencias y la cocina de Kryptonita. El cine de género en Argentina no es fantasía, es pura realidad.

* * * *

¿Por qué elegiste el libro de Leonardo Oyola? Él dice que vos fuiste a verlo y le propusiste hacer la película antes de que el libro ganara premios y fuera reconocido.

Loreti: Había leído un par de libros de Leo y me gustaron mucho. Cuando leí éste me rompió la cabeza la idea y de qué se trataba. Yo siempre leí comics, tengo mucha cultura popular. Tengo esa idea en la cabeza de John Carpenter de gente que está encerrada, es algo que me gusta mucho, el encierro y qué les pasa a los personajes. Le dije que quería hacer la película y vi que era una película posible. O sea, dentro de toda la locura y de los efectos especiales, me dije: “esto puede ser una película, no es un delirio”. Yo quería ser fiel al libro y eso hizo que no fuera una película con súper bajo presupuesto. Y como a Leo le había gustado mi peli “ Diablo”, congeniamos.

Oyola contó también que alguna productora quiso cambiar algunas cosas para apoyar la película porque no les gustaba la idea del delincuente bueno y la policía mala.

Loreti: Ocurre que hay una lógica comercial. Cuanto más política hacés tu película más público dejás afuera. Entonces, en general, cualquier productor te va a decir que hay que sacar un montón de contenido político “nadie quiere ver crítica social”. Entonces nos juntamos con Jimena Monteoliva, la productora, y dijimos “si no son delincuentes, si no es en un hospital público, si tal actor no, bueno pensemos en otro proyecto porque eso no es el libro”. En el corazón del libro está esa cosa de familia que se arma entre los personajes, cosas que cuenta Leonardo sobre Isidro Casanova que si cambiás no tiene gracia. Dijimos, vamos a hacerla como queremos nosotros y corremos con los riesgos.

En Kryptonita hay una tensión para no hacer parodia, el libro no lo es ¿Cómo lograste eso?

Loreti: Es muy complicado porque vos agarrás cualquier película de súper héroes con un tipo disfrazado y es absurdo. Mirás Los Vengadores con un poco de distancia y decís :”Es cualquiera”.
Nosotros lo que hicimos fue crear un verosímil. Vos vas a Constitución y ves travestis como encarna Lautaro Delgado en la peli, esa línea usamos. Si juntás a todos los personajes y te parás en una esquina capáz que te dan miedo. Yo confié mucho en el verosímil que creó Leonardo en el libro. No es que el chabón se fue un mes a Casanova a investigar. El viene de ahí, muchos personajes están basados en gente que él conoce, incluso él mismo. La relación de Nafta Súper con su hijo es su propio hijo. Era cuestión de trasladar la voz de Leonardo al cine, es un gran dialoguista. Y eso sólo ya le da verosimilitud. El riesgo de pifiarle está. Nos pasó en Mar del Plata que hubo gente que le cazó la onda a la peli después de la mitad. Pensaban que era cómica, después vieron que no. La peli tiene muy poco de parodia. Es irónica, sí. El libro lo es.

¿Cuáles fueron tus referencias para Kryptonita?

Loreti: Tomamos pelis donde se trabaja mucho con cámara en mano. El color contrastado que tiene Kryptonita es de Safe House (2012) de Daniel Espinoza, filmada con cámara en mano, una estética súper desprolija y funciona zarpado. El montaje también rompe reglas. Como yo tenía que filmar en cinco semanas dije: “Esta es la manera”. Yo siempre fui anti cámara en mano, muy prolijito, muy careta pero dije: “Acá hay que bardear todo y meterle suciedad”.
Sentencia de muerte (2007) de James Wan, con esa onda, sucia, contraste y Sin City (2005) de Robert Rodriguez, para los flash backs también fueron referencia. Rodríguez es un director que viene de súper bajo presupuesto, yo miro mucho sus making off y escucho sus comentarios. El tipo usa un montón de herramientas del cine guerrilla aunque sea en Hollywood, filma por un tercio de lo que se filma allá. Todo eso lo aplicás acá y te sirve muchísimo.

¿Cómo ves el cine de género en Argentina, que en el último tiempo tiene un florecimiento?

Loreti: Hay todo un mundo de gente que se concentra en Buenos Aires Rojo Sangre.
Está pasando algo que está buenísimo y es que se están haciendo películas cada vez más profesionales. Gabriel Grieco hizo una película que se llama Naturaleza Muerta (2015) de manera independiente y logró estrenarla en el cine. Que la película lleve 15 mil espectadores sin pasar por el INCAA es muy bueno. Son chabones autodidactas y saben hacer todo. Imaginate que Pablo Parés (Plaga zombie, 2012) hizo todo, cámara, montaje, sonido y la dirigió. Hay mucha gente así, Andrés Borghi (Nacido para morir, 2013), Daniel de la Vega (Necrofobia, 2014) gente que sabe hacer muchos rubros dentro de la misma película. Entonces cuando pasan a hacer algo de mayor presupuesto se está dando un paso para empezar a comercializar ese tipo de cine.
El mundo del cine es un medio donde hay gente que vive de él. Yo podría hacer Kryptonita de forma independiente, la filmo durante un año pero no cobra nadie. La gente que quiere seguir filmando como hobby es muy poca. Filmar requiere de un esfuerzo enorme. Si lográs que funcione el terror argentino como funciona el extranjero, sería buenísimo. Hacés tu película vos y metés 100.000 espectadores te da un montonazo de libertad porque los multimedios no es que son malos o buenos pero tienen sus reglas. Te dicen queremos que la película tenga estos actores, que sea apta todo público, etc. entonces eso define un montón de cosas. Hay gente muy talentosa como Tetsuo Lumiére (Buscando la esfera de poder, 2013) si mañana lo llama Suar y le dice que quiere hacer una película con él puede salir algo flashero si le dieran libertad .

El cine de género como se hace en los EEUU tiene un estilo y en Latinoamérica parece más vital, humano, crudo y real como Siete cajas, el thriller paraguayo o Juan de los muertos, la peli de zombis cubanos.

Loreti: Es muy difícil equilibrar el tema económico, cuanta más libertad creativa tenés es más fácil expresarte a nivel humano. Si nosotros hacemos una película para que la vea todo el público posible, eso ya hace que tengas que tomar distancia, estás pensando de una manera” maquiavélica” para atraer a todo el público. Eso te deshumaniza. Cuanto más te alejás de pensarlo como producto, te da más posibilidad de que le película tenga sangre en las venas, sentimiento. Comparando con las películas norteamericanas para mí eso es lo que le da corazón. La libertad le da el corazón.

En estas películas de género nacionales parece haber una tendencia a colaborar y producir de forma colectiva, realizadores que se están ayudando entre sí. ¿Cómo se logró?

Loreti: Un poco por amistad y otro poco por necesidad. Vi la peli de Andrés Borghi “Nacido para morir” y el chabón es un genio. Tenía que hacer efectos especiales y vi lo que hizo con nada, entonces pensé, le pago para que los haga y encima nos hicimos amigos. En mi película trabajaron cuatro directores: Mariano Dawidson hizo el color, Borghi, los efectos especiales , Pablo Marini coordinó las peleas. El chabón me decía “te conviene que la cámara vaya acá” y a mí me parecía bien. Me sugería y yo respondía “¿vos estás loco? ¿cómo vas a hacer eso?”. Hay un plano que está Federico volando para pegarle en la cabeza al Tortuga, Marini me dijo: “dejamos la cámara fija, viene uno vuela sobre los barriles y después recortamos”. Le dije: “nunca va a funcionar” y me dijo “filmémoslo si no funciona, no lo usás” y funcionó. Es porque el chabón es director. El hecho de trabajar con otros directores te ayuda a tener salidas cinematográficas que no se te ocurrirían. Si no hay ego en el medio, es lo que más funciona en esta “comunidad” que se va armando. El cine es colectivo pero no es democrático. Si entrás a un set y decís “¿bueno chicos qué opinan que hay que hacer?”, perdiste.
El problema siempre es humano. Te puede pasar que se inunde todo, se corte la luz, salís re adelante de eso pero si tenés problemas de ego o humanos dentro del set, está todo mal.

Dijiste que Kryptonita tiene una crítica social ¿cuál es?

Loreti: A mí lo que me gusta del cine es poder transmitir algo, disfrutarlo pero si tenés este medio, tiremos un par de bombas. Diablo lo tiene, chabones “zurdo peronistas”, contradictorio, me pareció divertido hacer eso. En ésta me parecía copado poder mostrar marginalidad desde un lugar de antihéroes. Afuera tenés represión, mala onda y eso genera antihéroes. Es verosímil, lo que quise decir es “esto pasa porque está lo otro”. El negociador policial que hace Capusotto, le sacás el maquillaje y tenés un chabón que viene y te dice “ahora los vamos a matar a todos”
Me parece que la película dice que frente a una acción que es la represión, la reacción es esta. Me gustan las películas sobre la familia, creo que todas las que hice hablan de eso, hablar sobre una reacción social. Mi película La Hache (2011) habla de eso: represión, te piso la cabeza y la reacción es una banda de heavy metal. Creo que Kryptonita tiene un punto en común. Es ISIS o Francia, el huevo o la gallina. Te bombardeo, me bombardeas y nunca termina porque es conveniente. Si vos erradicás todos los problemas hay un montón de cosas que no necesitás, como la policía y muchas otras. Te reprimo, esa es mi reflexión, genero más problemas para poder reprimir más.

¿De dónde viene tu amor por el cine, tus ganas de filmar?

Loreti: Recuerdo un momento muy claro, 11 o 12 años, llegó el cable a Hurlingham donde yo vivía y tenía todos los canales gratis. Tenía vacaciones largas y mis amigos estaban lejos y me la pasaba viendo tele, veía un drama, ciencia ficción, una tras otra, 6 o 7 horas seguidas. Como tengo buena memoria , Geografía cero, no sabía dónde estaban las provincia pero me decías tal actor y sabía donde había actuado. Todo eso me hizo empezar a querer hacer cine. A los 16 quería ser crítico de cine y después quise hacer películas.

* * * *

Artículo publicado también en:

¿De qué habla Los juegos del hambre? Sinsajo, el final

¿Del poder corruptor del poder? ¿de la separación cruel de los fines y los medios? ¿de la construcción mediática de la política y la guerra? ¿o del amor eterno, puro, heterosexual, religioso y familiar?

* * * *

Cualquiera puede responder: ¡alto! es solo una película de Hollywood y “un tanque” hiperpublicitado, y es verdad. Pero desde que surgió, la industria cultural respira el aire del imperio al que pertenece, y nos muestra sueños o pesadillas propias que se vuelven globales, con la persuasión que da el monopolio mundial de la distribución de films.

“Sinsajo, parte 2” (2015) comienza como si entre la parte 1 (2014) y ésta solo hubiera mediado una tanda publicitaria: Katniss (Jennifer Lawrence) apenas puede hablar tras el intento brutal de Peeta (Josh Hutcherson) de ahorcarla, comprobando dolorosamente que fue convertido en un “muto” por el dictador Snow (Donald Sutherland). A partir de ahí comenzará la acción y la chica de fuego constantemente desgarrada llevará la película hacia adelante, como siempre en su mejor papel: heroína a su pesar, el mejor símbolo de la rebelión de los distritos pobres justamente por no querer serlo.

Recordemos que la novela de Suzanne Collins en los que se basa el guión de Los juegos del hambre son tres libros meticulosamente organizados. “Sinsajo, parte 2” al fin desarrolla todo lo que la anterior solo había planteado tediosamente, demostrando que la necesidad de cortar al medio el tercer libro para producir dos películas no tenía fundamentos narrativos sino solo comerciales (muy obvios y muy exitosos), lo cual también se hizo por ejemplo con “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”. La industria no quiere solo contar historias sino fabricar dinero y sabe que el público será fiel para ver cómo terminan las cosas. El éxito comercial está asegurado aunque los fans no queden contentos, más aún cuando el estreno está hiperpublicitado, inflado y el público lleno de expectativas creadas.

En esta última aventura Katniss volverá a ser ubicada en el lugar oscilante entre ser un mero instrumento de propaganda o una combatiente real contra la dictadura, lo que en realidad puede ser la misma cosa y es lo que la convierte en amenaza. Ya en “Sinsajo, parte 1” los “propos” (spot) no funcionaban si ella no encontraba la ira en el campo de batalla que le permitiera pronunciar discursos radicales. Imagen y construcción de poder, manipulación de las imágenes, la líder de la resistencia Alma Coin (Julianne Moore) colocará a nuestra heroína en un pelotón de estrellas mediáticas, cuya misión es filmar propaganda pero no combatir en serio, aunque Katniss tendrá otros planes. Se moverán por una ciudad de videojuego dominada por excelentes efectos digitales CGI hollywoodenses, zona de guerra plagada de trampas, acechados por la muerte espectacular transmitida en vivo, lo que reafirma en ella el objetivo de “matar a Snow”, que en realidad es el anhelo de dejar de ser una pieza más del juego del poder venga de donde venga. Por algo se dirá que es mejor “morir por la causa y no por el espectáculo”.

Esta última entrega debe resolver también ese casto triangulo amoroso simbólico sin cuerpo ni desarrollo, aniñado y platónico que forman Katniss, Peeta y Gale (Liam Hemsworth), entre los cuales ella viene “teniendo que decidir” desde el primer capítulo. Esa historia de amor estilo culebrón adolecente nunca fue convincente y representa una subtrama que socava su personalidad, presentada como el lugar donde se resguarda su futuro obvio. Katniss la niña princesa, con dos príncipes azules que esperan poseerla, compite así con Katniss la heroína que no es pasiva ni es débil, sino que es activa, fuerte y quien motiva la historia. Justamente esas fueron las razones por la cual se debatió entre los críticos el carácter feminista o no de la película, puesto que nunca los personajes mujeres habían estado así en el centro de la escena de Hollywood. Que la película tenga que responder a la pregunta “¿se va a quedar con Peeta o con Gale?” es por decir lo menos, decepcionante. De las rebeldes más jóvenes, Cressida (Natalie Dormer) con la cabeza medio rapada, sus tatuajes y su espíritu valiente, es la otra heroína del reparto. En esta línea de crítica “Los juegos del hambre” quizás también hablen de lo devastador que puede ser el estereotipo para quien rompe el estereotipo.

La distopía que presenta el cine fantástico y de ciencia ficción, esa sociedad ficticia indeseable por definición, siempre ha sido la mejor manera de hablar del presente, de los temas del mundo real, como la manipulación mediática, la desigualdad o la división de clases, en este caso, de cómo ve eso Hollywood y cómo es consumo de masas. Los Juegos… reafirman la “ley” de que la separación entre el fin altruísta y los medios para conseguirlo sería siempre inevitable, tal cual lo considera el espíritu pragmático del imperio.

Aunque, por lo demás, la película dura demasiado y a veces no entretiene, está estirada y tiene problemas groseros que el espectador encontrará al final sobre cómo camuflarse. Lo peor es que termina, y luego termina de nuevo y luego termina otra vez, como si no quisiera irse. Quizás porque no sea el adiós final y haya nueva peli, todo depende de los beneficios.

Distribuída por Diamond el tanque ocupara 167 pantallas nacionales, y se espera que sea un éxito de taquilla, en el mercado norteamericano del cual somos un anexo tiene un 72% de criticas positivas. La productora Lionsgate levantó un promedio que va entre los 700 y los 800 millones de dólares en recaudación global por cada entrega (2012, 2013, 2014). Una película para ver si fuera fácil pagar el precio de la entrada, afrontar el alto costo si la quiere ver en 3D, o bien esperar que el mantero tenga una buena copia pirata de las que se ven en nuestros distritos. Es que las pantallas las maneja Snow…

* * * *

Artículo publicado también en:

El Clan, crímenes y taquilla

La última película de Pablo Trapero (Mundo Grúa, Carancho, Leonera, Elefante Blanco) se basa en un caso real, los crímenes y asesinatos protagonizados por la familia Puccio en años 80. Ficción y realidad conquistan la taquilla.

* * * *

La publicidad de la última película de Pablo Trapero, El Clan, lleva el slogan “la realidad supera la ficción”. En este caso la película hace posible una inmersión en un caso policial famoso de comienzos de los años `80. Detrás de una típica familia de San Isidro, dueña de un local comercial y con hijos que juegan al rugby, se oculta una banda criminal dedicada al secuestro y asesinato. El objetivo es económico, la búsqueda de recompensas millonarias por parte de las adineradas familias de las víctimas.

La acción familiar está a tono con el contexto social. Afuera de la casa de los Puccio, transcurren los últimos meses de la dictadura genocida, responsable de secuestros masivos, desapariciones y asesinatos.Crímenes privados y estatales comparten métodos y entrelazan colaboraciones.

¿Cómo plantear una historia en la que los espectadores conocen su desarrollo y su final? Más allá de quienes no fueron contemporáneos, decenas de notas periodísticas y programas de investigación abordaron estos hechos, entonces ¿Cómo contar una historia que mantenga el suspenso, que atraiga toda la atención?
La ficción de Trapero desarrolla la trama a través de la construcción de los personajes. La narración emerge y crece a través de los distintos movimientos al interior de la familia. El suspenso pasa por descubrir hasta dónde llegará cada uno, cuáles serán sus grados de cinismo y complicidad.

Una mesa servida, el mantel de tela, la clásica discusión entre hermanos, la comida de mamá. Un padre que prende la tele, reza en la mesa, da las indicaciones para todos, barre la vereda, saluda a los vecinos. Una familia normal. Un hombre es llevado en el baúl del auto, encierro, ojos vendados, llamadas extorsivas, disparos, millones de dólares. Es esta misma familia normal. Esta doble realidad de los Puccio es la que moldea la construcción de los personajes de El Clan.

Arquímides y Alejandro son los principales protagonistas, y el clan se completa con Epifanía, la esposa y sus otros cuatro hijos: Guillermo, Maguila, Silvia y Adriana. Todos son parte de un mecanismo de encubrimiento y barbarie. Conscientes, cómplices o confundidos, sólo un hijo logra huír del mandato paterno.

Guillermo Francella se destaca en la interpretación de Arquímedes Puccio, el padre de El clan, el patriarca que dirige el negocio familiar.El personaje está omnipresente para imponer su orientación. Conquista cómplices y logra obediencia perfecta. Tiene lazos con integrantes del gobierno militar y sus bandas afines. Las miradas, los detalles y comentarios dirigidos a cada uno de los integrantes de la familia aportan siempre al mismo fin, “el clan unido como pantalla del horror”.

En la trayectoria del famoso actor encontramos distintos “padres de familia”, esta interpretación contrasta con todas las anteriores que lo tuvieron como protagonista de tiras cómicas y livianas. Como ya había sucedido en El secreto de sus ojos, en esta ocasión, se puede destacar en otro tipo de papel que valoriza su trabajo como actor.

Peter Lanzani interpreta a Alejandro, el hijo de Arquímides, un personaje complejo, un cómplice con sentimiento de culpa que participa en las operaciones con su padre. El desarrollo de esta relación padre-hijo es un eje central de la película. El actor, conocido por sus papeles en programas para adolescentes, logra una buena interpretación del joven campeón de rugby que esconde una vida de crímenes familiares.

El trailer de difusión de la película presenta una escena central que retrata a la familia. Arquímides Puccio, abraza a su esposa y toma una bandeja con comida recién hecha. Está en pijama y camina por su casa seguido por un gran travelling. Le habla a sus hijos, organiza la vida y camina con la bandeja. Como si todos o nadie supieran hacia donde se dirige, sube las escaleras hasta abrir la puerta de una oscura habitación en donde un joven secuestrado intenta gritar o pedir ayuda. Rodeado del calor familiar, un joven espera su muerte.
Travellings y acciones paralelas son recursos utilizados en la estructura narrativa. Más allá de las valoraciones técnicas, en algunos momentos los montajes alternados se vuelven reiterativos o forzados.

La ambientación de época, está muy bien lograda, sin olvidar que cuenta con un presupuesto millonario. La inversión en éste área, junto a la elección de actores famosos, y un amplio despliegue de publicidad son los factores en donde se asienta este nuevo éxito de taquilla. Otro recurso que busca la empatía del público es la utilización de música de época, en este sentido se tiende a una reiteración de videoclips que no aportan al conjunto de la película.

Al igual que en Relatos Salvajes, muchos secretos detrás del éxito se pueden medir al contado y por millones. Su estreno en 267 pantallas instala esta historia en todos los rincones del país y contrasta con los estrenos de cine independiente a los que se destinan tan sólo 1 o 2 pantallas por película.

La utilización de archivo televisivo aporta al contexto temporal. Trapero retrata el final de la dictadura en la historia de esta familia. Los criminales de estado caen y poco después cae en desgracia el Clan Puccio. Las imágenes de archivo de la democracia coinciden con la caída del clan.

Como toda película es siempre un recorte, si ampliamos la mirada histórica, el caso Puccio es también un ejemplo de lazos entre crimen y estado, que hasta el día de hoy persisten.
Las denuncias de las redes de trata, narcotráfico y múltiples crímenes que actúan con complicidad de fuerzas policiales, intendentes, funcionarios y sectores de la justicia están presentes en las noticias de estos días para recordarlo.

* * * *

Artículo publicado también en:

Todo es poco para hablar de Gaza

El pequeño video que acompaña esta nota tiene una enorme fuerza. Es un corto de difusión del Festival de Cine y Derechos Humanos Karama-Gaza (Red Carpet): la alfombra roja. Se llevó a cabo entre el 12 y 14 de Mayo. La apertura del primer día de actividad se realizó junto a los escombros de las casas destruídas en el barrio Sheja’eya (Al Tawiq), en el este de Gaza.

* * * *

El evento es parte de un acto conjunto celebrado junto al Festival Karama – Cine de Derechos Humanos, que se realizó en Ammán al mismo tiempo. Según sus organizadores la celebración del festival en la Franja, que vive en estado de sitio y destrucción permanente, intenta mostrar la otra cara cultural y humana de Gaza. Volver a línea automática
Con esto buscan crear un estado de comunicación con el mundo a través de la ventana del cine. Si ese es el objetivo, este pequeño video de dos minutos logra llamar la atención y establecer un vínculo solidario con el pueblo palestino, nos recuerda que es necesario que lo renovemos día a día, aunque no estén cayendo ahora las bombas israelíes.

El año pasado en la apertura de la muestra DOCA (Documentalistas Argentinos) se presentó la película de Mahdi Fleifell “A world not ours”, cuya traducción literal es incómoda: un mundo que no es el nuestro. Estuvo ahí el embajador de Palestina que antes dijo unas palabras. Al finalizar la proyección todos los presentes (muchos realizadores audiovisuales) nos fuimos con sensaciones contradictorias, se suscitó un debate al interior de los organizadores, e incluso lo seguimos pasado los meses: es que el film era muy duro y sin salida.

El documental mostraba la destrucción de las expectativas de vida de las distintas generaciones de palestinos. Un joven que pudo salir de la Franja y vivir en Europa, siempre vuelve a ver a su familia, amigos, y los filma, en principio como diversión y luego para armar una película. El paso del tiempo muestra como se truncan todos los deseos bajo la dictadura del Estado de Israel, los bombardeos, la miseria impuesta, llegando incluso a la desmoralización.

¿Estaba bien proyectar eso o contribuía a los intereses de los genocidas del Estado de Israel? Lo cierto es que al menos a muchos de nosotros nos provocó más odio contra el opresor. Bajo el título de “un mundo que no es el nuestro”, nos mostraba uno que sí lo es, pero que no sentimos en directo sobre nuestros cuerpos.

De otras muchas películas palestinas recuerdo “Cinco cámaras rotas”. Emad, un palestino del pueblo de Bil’in, compra su primera cámara de video para filmar a su hijo. Pero mientras lo filma crecer también captura las imágenes de la resistencia popular contra la construcción del muro israelí en las tierras de cultivo. Una a una, sus cámaras son destruidas por golpes y balas. ¿Fue Emad en ese documental quien tiene filmados los planos donde se aplica la orden de “romper huesos”, perpetrada sistemáticamente por los soldados ocupantes sobre los jóvenes palestinos?

¿Estarán con vida aún los (en ese momento) niños protagonistas del documental “Promesas” del 2001, o habrán caído asesinados? Entiendo que el tiempo es diferente en Palestina, quince años es un siglo en Gaza.

“Tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Ellos son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas fallecidos”, escribió en su página de Facebook la entonces diputada del partido ultranacionalista Hogar Judío, nuevo socio del primer ministroBenjamín Netanyahu, del partido Likud, y hoy ministra de Justicia de Israel. Ayelet Shaked es su nombre y tiene 39 años hermosos años.

En el pequeño corto que acompaña esta nota una alfombra roja contrasta visiblemente con el entorno en ruinas. Convierte la puesta en escena del festival en una instalación de denuncia, también expresa que aún sobre las ruinas de la cárcel a cielo abierto el pueblo de Palestina tiene el derecho moral a caminar sobre la alfombra roja, el símbolo de los grandes festivales de Cine e incluso identificada con las limusinas y los divos de la gran industria cultural capitalista. Establece una disputa sobre quién tiene más derecho. Con el estilo de la publicidad el video nos recuerda que en nuestra época la mera comunicación (otrora considerada lejana a “las artes”) se convierte también en determinados casos en vehículo de expresión sensible, utilizando el soporte de las nuevas tecnologías móviles de registro y edición, con el ojo despierto de los realizadores.

Si en las disputas teóricas del cine soviético de los primeros años del Siglo XX,Eisenstein le dijo a Vertov “no es un Cine-Ojo lo que necesitamos, sino un Cine-Puño” el vuelo de este dron sobre las ruinas fusiona ambos deseos: el ojo documental que debía registrar la vida misma, con el montaje por colisión donde la base es el conflicto y el ataque al espectador. Pero aquí la colisión fundamental no se produce con otro plano en el mismo video, sino con nosotros, con ese fuera de campo que constituyen nuestras vidas, lejos de las penurias del pueblo palestino.

Si alguien cree desmedido darle tanta entidad a un video de un festival, debería saber que todo es poco para hablar de Gaza.

* * * *

Artículo publicado también en:

Ave Fénix, de Christian Petzold

La última película de Christian Petzold se estrenó el jueves 26 en Argentina. Las reflexiones sobre el pasado alemán reaparecen con una crítica aguda y desde una mirada en un presente complejo.

* * * *

La llegada a las pantallas argentinas de la última película de Christian Petzold es una buena noticia. Según los últimos datos disponibles del 2013, en ese año se estrenaron solamente tres películas alemanas en nuestro país, y más allá de algunas variaciones esta cifra parece mantenerse hasta estos días. Si bien ésta ya es una razón de peso por la cual ir a ver Ave Fénix, la película aporta muchos elementos que la destacan de la oferta cinematográfica actual.

La historia, escrita en común entre Christian Petzold y el fallecido Harun Farocki, es una adaptación de la novela “Retour des cendres”, de Hubert Montelhet, que tuvo anteriormente dos versiones cinematográficas.

El régimen nazi acaba de ser derrotado. Dos mujeres viajan en auto por una oscura y cerrada noche alemana. Las detienen en un puesto de guardia militar en donde les piden documentos y al notar que una de ellas está con la cara completamente vendada desconfían e insisten en que les muestre su rostro. Ella es sobreviviente de un campo de concentración y con sólo correr unos milímetros el vendaje la guardia militar se aleja, no puede seguir mirando. Con esta primera escena comienza Ave Fénix, y esconder las heridas, mirar para otro lado o cerrar los ojos ante el destrozo será una acción presente a través de distintas formas a lo largo del film.

En Ave Fénix, Nelly Lenz (Nina Hoss) es una cantante judía que sobrevive a los campos de concentración nazis y a su regreso, con la cara totalmente desfigurada, se somete a una cirugía estética que cambia su rostro dejando un resultado distinto, con algunas huellas de su aspecto anterior. Su amiga Lene (Nina Kunzedorf) es quien la acompaña en este regreso e intenta convencerla para emigrar a Palestina, pero Nelly sólo está motivada por un objetivo, encontrar a Johnny (Ronald Zehrfeld) quien fuera su marido. Mientras su amiga intenta convencerla que fue él quien la delató y traicionó, y que pretende heredar su fortuna, Nelly se prepara para un encuentro en donde pueda averiguarlo por sí misma.
En el transcurso de ésta búsqueda Johnny no la reconoce, pero quiere reconstruir en ella la imagen de quien considera desaparecida. Nelly entra en el juego y en ese camino descubre nuevas verdades.

La narración se construye con elementos de drama, thriller y cine negro, que sostienen la atención en forma permanente a través de una ambientación y fotografía de época. Se destacan la construcción de los personajes y su interpretación, especialmente la dupla Hoss-Zehrfeld, quienes ya habían protagonizado Bárbara, la película anterior de Petzold. Las imágenes de paisajes sombríos, las ruinas de una Alemania destrozada, las cicatrices, actúan como el espejo del mundo interior de una sociedad despedazada y abatida moralmente. Después de la tragedia y el horror, emergen también la indiferencia, las miserias personales y el cinismo, y este clima se trasmite a través múltiples detalles de la trama.

Christian Petzold tiene una filmografía que abarca distintos momentos de la historia alemana, y dentro de su obra las dos últimas películas,Bárbara y Ave Fénix actúan casi como en espejo descubriendo dos momentos históricos diferentes moldeados por los resultados de la segunda guerra. La primera situada en Alemania del este en los años ´80 cuestionando aspectos del régimen burocrático, y Ave Fénix en la inmediata posguerra de Alemania bajo control del ejército norteamericano. En sus historias son los dramas personales y la complejidad de las relaciones humanas las que encabezan un relato que devela también el peso de las coordenadas sociales e históricas en la construcción de los sentimientos y psicologías personales.

Esta última película, la más alejada en los tiempos históricos, está también construída por una mirada particular desde el presente actual. Según Marc Ferro, que investiga sobre las relaciones de Cine e Historia, “el cine nos informa del presente, incluso si se trata del pasado”; mientras que para Caparrós Lera “las películas hablan sobre todo de cómo es la sociedad que las ha realizado”. Entonces, ¿cuáles son las huellas del presente en Ave Fénix? En un país como Alemania en donde en los últimos meses se han realizado movilizaciones de miles organizadas por el movimiento xenófobo Pegida, y a su vez contra-movilizaciones para enfrentarlas, junto al desarrollo de un movimiento de refugiados apoyado por sectores de la juventud, volver a poner en foco y cuestionar la indiferencia de grandes sectores de la sociedad ante la barbarie, la discriminación y el horror contiene también un llamado de atención hacia tiempos actuales.

En Ave Fénix las imágenes se suceden a través de una sólida construcción narrativa donde todos los elementos se combinan para recorrer una historia que logra conmover e inquietar. Entre muchos de los logros de esta película se destaca el final, una música justa, Speak Low de Kurt Weill (músico alemán colaborador de Bertolt Brecht) acompaña las imágenes justas, sin necesidad de decir mucho más.

El patrón, radiografía de una clase

El pasado jueves 26 se estrenó la película argentina El patrón, radiografía de un crimen, de Sebastián Schindel. La primer ficción de este realizador de documentales descubre una realidad de opresión y explotación laboral.

* * * *

La nueva película de Sebastián Schindel, (Mundo Alas, El rascacielos latino, Rerum Novarum, Que Sea Rock, Germán, Cuba Plástica), es un thriller de denuncia social basado en un caso real narrado en el libro de Elías Neuman que aborda su experiencia como abogado. Los nombres propios de los personajes de esta historia no son obstáculo para identificar una realidad extendida en el mundo de las relaciones laborales.

El Sr. Latuada (Luis Ziembrowski) es un empresario exitoso, dueño de una cadena de carnicerías y conocedor de todos los secretos capaces de acrecentar sus ganancias. La receta es sencilla: superexplotación laboral de sus empleados y estafas a los clientes. Hermógenes Saldívar (Joaquín Furriel) es un hachero santiagueño que viaja a Buenos Aires con su esposa Gladys (Mónica Lairana) para conseguir un trabajo mejor, y termina en uno de los locales de Latuada, sometido a una brutal situación de esclavitud.

La narración fluye a través de dos tiempos paralelos, uno es el presente judicial, en donde el abogado Marcelo di Giovanni (Guillermo Pfening) pasa de ser un indiferente en busca de éxito personal a comprometerse con la defensa de Hermógenes Saldívar, el asesino de su patrón. La búsqueda de las causas detrás del crimen dan paso al otro tiempo de la historia, el pasado de sometimiento, humillación y explotación sin límites que subyace al caso policial.

La estructura se apoya en destacadas interpretaciones, especialmente la de Luis Ziembrowski, quien construye un patrón engreído, violento, machista, que logra despertar el rechazo del público. También aporta el rol de Germán de Silva, que interpreta a un especie de capataz encargado de trasmitir a Hermógenes los gajes del oficio, los trucos para poder vender carne podrida.

Los planos que nos acercan al mundo de la carne son tan contundentes que parecen aportar al cine la posibilidad de transmitir olores. No pocos espectadores sienten náuseas ante el estado de putrefacción que se presenta en la pantalla.

La experiencia documental del director se trasmite a través de la cámara en mano en el detrás del mostrador de las carnicerías y en el trabajo de investigación del medio en el que basó la construcción de las escenas.

Lo más débil de la película se encuentra en el personaje del abogado y su línea argumental. En un buen marco de denuncia de un sistema judicial ajeno a los intereses de los explotados, este profesional logra sensibilizarse y comprometerse hasta conseguir la libertad de Hermógenes. Más allá de que éste sea el recorrido de la historia real, basada en el desarrollo del proceso judicial, el peso de este elemento en la película trasluce la confianza en cuanto a que acciones honestas e individuales pueden enfrentar las consecuencias de profundas injusticias sociales.

“El patrón, radiografía de un crimen” acierta en situar en la actualidad este relato sucedido hace más de 30 años. El retrato de Latuada no es un caso particular. Una radiografía de clase deja ver que detrás del cuerpo del sistema existen múltiples ejemplos de maltrato, humillación y opresión. Las denuncias sobre las condiciones de esclavitud en los Talleres textiles de la ciudad de Buenos Aires, el trabajo rural, la precarización o la xenofobia hacia los inmigrantes son muestra de las condiciones que imponen “los Latuada”. Es este el verdadero crimen, que no podrá resolverse tan sólo con buenos abogados.

 

Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)

Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia), es la última película del mexicano Alejandro González Iñárritu (Amores Perros, Babel, 21 gramos, Biutiful). Ha recibido numerosos premios internacionales y cuenta con nueve nominaciones en distintas categorías de los Oscar 2015.

* * * *

Una antigua estrella de Hollywood, famoso por interpretar a un superhéroe alado éxito de taquilla, decide redimir su pasado montando una obra de teatro seria y reflexiva. Michael Keaton, quien fuera el actor de Batman, interpreta ahora a Riggan Thomson, el actor que hace veinte años fuera Birdman. No parece casualidad (aunque quizá lo sea), lo cierto es que Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)es una película sobre el mundo de las películas, el comercio del espectáculo, el teatro, la fama y la decadencia, los egos y las estrellas, la realidad y la ficción, y en medio de estos cruces y laberintos se construye esta comedia negra que puede reírse de sí misma y de su mundo.

Para alejarse del universo de los superhéroes Riggan Thomas eligió una obra de Raymond Carver “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, y en el proceso de ensayos entabla un debate consigo mismo, en la piel de Birdman, su antiguo personaje. A través de una voz que sale de su interior o por medio de la imagen corpórea del hombre pájaro, este alter ego no deja de cuestionarlo, burlarse o recordarle constantemente que no puede descartar su pasado así nomás. Los compañeros de ruta en el proyecto teatral son Mike, un actor de moda que puede garantizar el éxito en la obra a la vez que quemar los nervios de todo el equipo; Sam, su propia hija, con quien tiene una conflictiva relación; las actrices, un amigo productor, su ex-esposa y una ácida crítica teatral. En cada cruce y diálogo se traslucen las dudas y angustias del “antihéroe”, padre ausente arrepentido, actor para consumo masivo que está en el fondo tratando de remontar. Los personajes y situaciones se construyen a partir de un guión escrito por el propio Iñárritu junto a dos argentinos (ambos primos y nietos de Armando Bo), Nicolás Giacobone y Armando Bo (director de la muy recomendada El último Elvis).

La música tiene el peso de otro personaje, con una batería que sacude, acompaña la locura y las reacciones salvajes. No deja claro si está ahí, si brota de las catacumbas del teatro, hasta que podemos verla, sin comprender si siempre estuvo ahí, o si la estamos imaginando como Riggan a Birdman.

El mundo del teatro por dentro es recorrido por una increíble cámara que no descansa. Un plano secuencia que se presenta como continuo (aunque en verdad no lo sea) y que recorre con una fluidez increíble todos los escenarios, pasillos y camarines que se le presentan, dando lugar y rodeando a uno u otro personaje, según los planos vayan descubriendo. La cámara recorre el detrás de escena y el cine muestra la vida del teatro tomando parte de sus códigos, escenas largas, sin descanso, sin cortes, todo ahí, expuesto. El director de fotografía Emmanuel Lubezki es el responsable de este gran trabajo técnico que es una de las varias dimensiones de la película. Los actores demuestran su capacidad en largas tomas que exigen su máxima concentración y acercan la actuación cinematográfica a las exigencias del teatro.

La película de Iñárritu ofrece múltiples dimensiones. En la analogía con la realidad no sólo se encuentra Keaton, sino también Edward Norton, un famoso actor que interpreta a un famoso actor, y que en la vida real también pasó por productos envasados de Hollywood comoEl increíble Hulk. La oposición Hollywood vs Brodway, producto de entretenimiento (o genocidio cultural como lo define Mike en la película) vs una obra teatral seria (también diseñada para hacer estallar la taquilla), no escapa a la dimensión de una producción artística presa de las exigencias del mercado.
La misma película critica y se burla de la superficialidad del sistema que la produce, pero esto no es nuevo, es parte de una estrategia de las majors de permitir renovaciones y críticas para que la rueda siga girando y el negocio rindiendo. La productora de Birdman es una división de la 20th Fox (Fox Searchlight Pictures) que se especializa en películas independientes. Ningún género o estilo queda por fuera del negocio.

Finalmente, son las imágenes que se destacan y suceden dando lugar a un mundo propio. Con planos que revelan a Riggan a través de las arrugas en la cara de Keaton, con corridas en calzoncillos por el medio de Brodway y el refugio de una licorería escondida en medio de un enjambre de lucecitas de colores, hay un mundo de Riggan/Birdman que no se encuadra en la realidad pero tampoco en el sueño, que está en el límite y que no es necesario encasillarlo. Si en la película, la crítica de Nueva York describe la puesta de “De que hablamos cuando hablamos de amor” como un “nuevo realismo”, nosotros, los espectadores de Birdman, podemos descubrir con gusto un poco de surrealismo en las pantallas.

* * * *

Francotirador, retrato de un asesino americano

Con el estreno de Francotirador (American Sniper) de Clint Eastwood, Warner Bros. lanza otra megaproducción para glorificar al ejército norteamericano. La polémica por la película ya enfrenta a Michael Moore, Noam Chomsky, Sarah Palin y otros personajes.

* * * *

La nueva película de Clint Eastwood, Francotirador (American Sniper), es la historia de Chris Kyle, un francotirador del ejército norteamericano, que viajó a Irak en 2003 y se dedicó a asesinar 160 personas según el Pentágono, o 255 según reporta él mismo. Cualquiera de las cifras para este personaje se trataba de eliminar“malditos salvajes”. Así describe Kyle a sus víctimas en la autobiografía que sirvió de libro para la película que retrata su vida interpretada por Bradley Cooper.

En la primer semana de estreno la película tuvo una recaudación récord en Estados Unidos, consiguió más de cien millones de dólares en los cuatro primeros días y ya tiene 6 nominaciones para los premios Oscar. El New York Times señala este fenómeno “mientras la intelectualidad americana se ocupa en conversar sobre los dramas con poco público como Boyhood y Birdman, cada día los americanos corren en masa a ver un film patriótico y pro-familia, interpretado más como una megaproducción de superhéroe de verano que como un puntual drama bélico con 6 nominaciones al Oscar”. La gran maquinaria de Hollywood, en acuerdo con los militares y los sectores de poder, se encarga de instalar los temas necesarios en cada momento. Desde los atentados a las torres gemelas en septiembre de 2001, rescatar héroes militares americanos, exaltar un orgullo guerrerista y demonizar a la población árabe y musulmana, son temas siempre presentes en la filmografía de Hollywood y los premios Oscar.

Pero los primeros días del estreno no sólo destacaron los éxitos de taquilla sino también voces polémicas que se hicieron escuchar. El documentalista Michael Moore comenzó con un twitt:

“Mi tío fue asesinado por un francotirador en la Segunda Guerra Mundial. Nos enseñaron que los francotiradores eran cobardes. Te matan por la espalda. Los francotiradores no son héroes. Los invasores son peores”.

Ante esto salieron a responderle sectores del ejército, los medios y la derecha norteamericana. La política republicana Sarah Palin fue una de las primeras. Ella acusó a “los izquierdistas de hollywood que escupen en las tumbas de los luchadores por la libertad y jamás podrían calzarse las botas de Kyle” . Para dejar clara su postura, se tomó una foto que difundió por twitter con la leyenda “Fuck you Michael Moore”.

Rupert Murdoch, el magnate empresario de los medios y cabeza de la corporación que maneja la Fox también sumó su voz a través de twitter: “Izquierdistas de Hollywood destrozan héroe americano, muestran cómo están completamente fuera de contacto con América. ¡Bravo Clint Eastwood!”.

Ante las críticas a Moore por atacar a las tropas, él respondió: “Al final, de lo que estoy más orgulloso de haber hecho por las tropas fue haber sacado la cabeza afuera hace 12 años y convertirme en un opositor a Bush y a la guerra. Traté de salvar muchas más vidas de lo que un francotirador podría esperar, en primer lugar, previniéndonos de ir a la guerra…¡Entonces, Fox News y otros medios, dejen de decir mierdas sobre mí, suenan ridículos!”.

Otras críticas a la película lanzó también Bill Maher, presentador de televisión, actor y periodista. En su programa de HBO se refirió a Francotirador como “la historia de un psicópata asesino”. Leyó en vivo extractos de la autobiografía de Kyle, también llamada “American Sniper”, en donde dice que disfrutó la guerra y trata a sus objetivos como salvajes: “Me encanta matar chicos malos -incluso con dolor, yo amaba lo que estaba haciendo-“, “tal vez la guerra no es muy divertida, pero sin duda lo estaba disfrutando”.

Para sumar voces al debate Noam Chomsky se refirió al libro en el que se basa la película: “American Sniper enseña a odiar a los ’malditos salvajes’ que Estados Unidos asesina todos los días” , y, para reafirmarlo, cita también el texto de Kyle que dice: “Salvajes, despreciables, demonios, eso era lo que estábamos combatiendo en Irak… En realidad no había otra manera de describir lo que nos encontramos allí”.
Chomsky plantea que la ideología que expresa American Sniper es lo que explica “por qué es tan fácil ignorar lo que es claramente la campaña terrorista más extrema de la historia moderna. La campaña mundial asesina de Obama, la campaña de aviones no tripulados, que oficialmente está dirigida a asesinar personas de las que se sospecha que tal vez algún día planifiquen hacernos daño”.

Además de estas personalidades, múltiples críticas aparecieron en las redes sociales cuestionando el racismo y la islamofobia de la película, y poco antes del estreno, un gran cartel publicitario fue intervenido en Los Angeles con la leyenda “Asesino”.

Desde otro ángulo, la película también sumó cuestionamientos, ya no en un sentido político: el tema es que esta megaproducción, que tiene un respaldo de millones de dólares, utiliza un bebé de plástico para ahorrar presupuesto. Esta graciosa crítica aportó un video en youtube que sumó 2 millones 300 mil vistas y fue bajado por la Warner antes de que siga creciendo.

Periodistas de medios internacionales como The Independent,Liberation y otros más también apuntaron contra la película. Pero más allá de todas las voces que se alzan para desnudar esta burda propaganda norteamericana, no podemos dejar de ver que esta producción, que costó 58 millones, ya tiene a la fecha una recaudación récord de 204.583.784 dólares tan sólo en dos semanas y en Estados Unidos. En Argentina, la película se estrenó una semana después, en 116 pantallas, y ya está segunda en los números de taquilla semanal con más de 100 mil espectadores. El sistema de dominio mundial imperialista tiene su imagen, y está en Hollywood. No quedan dudas de la necesidad de cuestionarlo.

* * * *

Cine zombi: Juan de los muertos, mata a tus seres queridos

El estreno de “Juan de los muertos” en Argentina, la película de zombis cubanos, es de esas gratas sorpresas que dan aire fresco entre tanto cine hiperindustrial que abarrota las pantallas nacionales. Con un guión bien planteado, humor ácido, crítica social y política.

* * * *

De golpe La Habana se llenará de zombis cumpliendo el ciclo del género, de manera viral el contagio de uno se multiplicará en decenas, centenas y luego miles de infectados por mordidas y ataques hasta cubrir la ciudad. Pero a diferencia de la mayoría del cine zombi, nuestros antihéroes Juan y Lazaro no verán en ello nada más raro que mucho de lo que han vivido. “Sobreviví al Mariel, sobreviví a Angola, sobreviví al período especial y a eso otro que vino después… ¿no voy a sobrevivir a esto?” dirá Juan con absoluta idiosincrasia cubana.

Como es debido, el gobierno controlando los medios de comunicación ocultará el hecho, señalando que el caos es generado por “disidentes” apoyados por Estados Unidos. Mientras la cosa se va de madres, ellos se tendrán solo a sí mismos para enfrentar la situación, y montarán un negocio para sobrevivir bajo el slogan: “matamos a sus seres queridos”. Juan junto a su hija Camila, con quien lleva una dura relación sentimental; Lazaro junto a su hijo “California”; y la tropa se completará con “la china” y su novio, un negro gigante que es claramente “chocolate pa’ to’ el invierno”.

Juan de los muertos tiene todos los tópicos del género, pero a la manera del buen cine cubano: con un guión bien planteado, humor ácido, crítica social y política. Aunque la historia se desarrolla en la superficie de este tipo de films, siguiendo un esquema predecible, se vuelve profunda al arraigarse en Cuba, en sus problemas internos, el desarraigo familiar, la lucha por la supervivencia, las fantasías del escape a Miami, el bloqueo económico, el antiimperialismo. Con los zombis en La Habana se construye una sátira como solo los cubanos pueden hacer, explotando su espíritu auto paródico y riéndose de sus propios problemas de manera descarnada.

Es de destacar que todo esto se logra tomando un género nunca explotado antes en isla, lo cual no es nuevo, puesto que desde los comienzos de ICAIC en pleno proceso revolucionario, los cubanos se apropiaron de los estilos hollywoodenses para darles una impronta propia, nacional. Juan de los muertos se puede disfrutar en cualquier parte del mundo, pero será más sensible al pueblo de Cuba. Hasta el contexto secundario del film, por ejemplo los derrumbes de edificios que son “parte del paisaje” de la invasión zombi, son algo lamentablemente real en la vida de La Habana, será por eso que ni Juan, ni Lazaro reparan en ello como algo terrible. La película está repleta de estos guiños. “¿Ves algo distinto?” se preguntan ante una calle llena de zombis, “nada” responde otro.

Una de las líneas de interpretación sobre el “cine zombi”, alude a la crítica de la sociedad de consumo, en este análisis: los zombis somos nosotros, entre otras cosas, llevados al paroxismo y comiéndonos unos a otros en el mercado. El nacimiento de este subgénero de terror estuvo ligado a la crítica social y política, en especial por quien es considerado su “padre”, el director George A. Romero. Sus films de muertos vivientes se abren con lo que es considerado un cuestionamiento a la guerra de Vietnam (La noche de los muertos vivientes -Night of the living dead- de 1968), pasando por el ataque al militarismo de la era Reagan (El día de los muertos -Day of the dead- 1985), y llegando hasta nuestros días. “Juan de los muertos” se inscribe a su manera bizarra en esa línea, la mejor de un genero imposible de medir en todas sus variables mundiales.

Otra línea de interpretación propia ante el cine zombi, es que el atractivo de “el caos” generado por una invasión que destruye el mundo cotidiano, reside en que obliga a resetear todos los valores podridos de este sistema, y a su puesta en marcha nuevamente, con posibilidades de hacerlo de manera genuina. En esta línea de análisis, el grupo que se forma para enfrentar la invasión (por lo general entre gente que no se conocía previamente) es el eje del deseo y la atracción. Bajo la imposibilidad de cambiar el mundo de conjunto, al menos un grupo reducido puede reencontrar los valores de amistad, amor, solidaridad, y vivir aventuras, aunque sea en un mundo distopico. Si bien “Juan de los muertos” cumple al pie de la letra la formación del grupo resistente, aquí la distopía parece no existir, la invasión es solo una variante de la vida cotidiana.

El estreno de “Juan de los muertos” en Argentina, la película de zombis cubanos, dirigida por el argentino Alejandro Brugués, es de esas gratas sorpresas que dan aire fresco entre tanto cine hiperindustrial que abarrota las pantallas nacionales. Incluido obviamente el cine zombi en esta apreciación, como la fascistoide “Guerra mundial Z” (“War World Z”, 2013) dirigida por Marc Forster y protagonizada por Brad Pitt.

Como es normal en una película cubana (aunque cuenta también con financiamiento español), llega a nuestro país casi cuatro años después de su realización en la isla (2010), ya que no cuenta con el inflador de una distribuidora multinacional. Recibió varios premios en festivales, personalmente había podido ver una copia pirata hace dos años. Al igual que “7 cajas”, el thriller paraguayo del mercado cuatro, quizás demuestra que el film de género, nacido en Estados Unidos, en la decadencia del imperio encuentra vitalidad allende las fronteras, en las “exóticas” tierras donde el polvo de oro no tapa los ojos de los realizadores, que lo que quieren es solo hacer cine, y si es posible divertirse. Que el cine es eso: un divertimento de feria.

* * * *

Un violín propio

NANNERL, LA HERMANA DE MOZART / La película de René Ferét cuenta la historia de Nannerl, la desconocida hermana de Wolfang Amadeus Mozart, quien también se dedicó a la música pero no tuvo las mismas posibilidades que su hermano menor.

* * * *

La película de René Ferét cuenta la historia de Nannerl, la desconocida hermana de Wolfang Amadeus Mozart, quien también se dedicó a la música pero no tuvo las mismas posibilidades que su hermano menor. ¿Cuántas compositoras de música clásica conocemos? La lista de nombres más reconocidos está compuesta por hombres, pero esta situación lejos de ser natural es la consecuencia, en el terreno particular de la música, de siglos y siglos de opresión de la mujer.

La historia de la hermana de Mozart está desarrollada en al menos cinco libros durante los últimos diez años y la reciente película de Ferét amplía la difusión.
La película está ambientada en la gira por Europa que emprende la familia Mozart en 1762 para dar conciertos interpretados por el padre y sus dos hijos presentados como prodigios. Las cartas que el padre Leopold Mozart escribió a Lorenz Hagenauer, el financista de este viaje, sirvieron como argumento para el guión.
Estos documentos aportaron parte de la historia, y otros elementos y personajes, como la relación con las hijas de Luis XV, son parte de una elaboración imaginaria basada en un estudio de la época.
Se trata de una producción histórica, sin los gastos de las superproducciones del género, pero con buena ambientación y clima de época.

En los primeros minutos de la película, Nannerl comienza a tocar el violín y esto desata una discusión familiar.

“Padre: Nannerl, te prohíbo tocar el violín

Nannerl: Cuando yo tenía su edad (refiriéndose a su hermano) me destacaba con el violín, ¿por qué me lo prohibió de repente?

Madre: Sabes bien que ese no es un instrumento para niñas, tu padre te lo repite sin cesar…”

El tono de este diálogo se repite en otras situaciones. Mientras el padre da clases de composición a Wolfang, prohíbe a Nannerl presenciarlas.

“Nannerl: Papá, ¿Me permitirías asistir a las clases de composición que impartes a Wolfang?

Padre: Mi pobre niña, se deben conocer los secretos de la armonía y del contrapunto, resulta incomprensible a mucha gente, sobre todo a las mujeres…”

Las ideas familiares eran la expresión de las ideas de la época en donde las mujeres tenían prohibido asistir a las Academias de Música. Su lugar en la sociedad estaba destinado al trabajo doméstico y el cuidado de su familia.
La película refleja esta problemática a través de distintos personajes.

La situación de opresión de la mujer y la discriminación ante la producción artística es un tema abordado en diversas obras, una de ellas es Un cuarto propio (1929) de Virginia Woolf, un ensayo que relata muchos aspectos similares a la historia de Nannerl. En este texto la autora hace el ejercicio de imaginar ¿Qué hubiera pasado si Shakespeare hubiera tenido una hermana?. La respuesta, al igual que en la película, relata que a esta hermana imaginaria-Judith- nadie le hubiera permitido escribir, estudiar o realizar cualquier actividad creativa como la desarrollada por su hermano. “Entretanto, su dotadísima hermana, supongamos, se quedó en casa. Tenía el mismo espíritu de aventura, la misma imaginación, la misma ansia de ver el mundo que él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo oportunidad de aprender la gramática ni la lógica…”. En fin , al igual que la hermana de Mozart, hoy nadie la conocería. Además de la opresión de género, el texto remarca la opresión de clase como un elemento central que impide el desarrollo artístico. “El poeta pobre no tiene hoy día, ni ha tenido durante los últimos doscientos años, la menor oportunidad… Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos…Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía…”
Woolf plantea la necesidad de la emancipación económica de las mujeres y la importancia de tener “un cuarto propio”, un espacio fuera del impuesto lugar familiar, en donde poder desarrollar su propia creatividad.

Ni la real hermana de Mozart, ni la imaginaria hermana de Shakespeare pudieron desarrollar su producción artística.
El patriarcado se ha sucedido a lo largo de distintos sistemas de explotación en la historia, obstaculizando la producción artística de las mujeres y las clases explotadas.
Una lectura de la película Nannerl, la hermana de Mozart de René Ferét puede también dejarnos el interrogante: ¿Cuántos artistas anónimos han quedado en el camino? ¿Cuántos hombres y mujeres hoy siguen excluidos de la posibilidad de producir arte?

* * * *