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David contra Goliat, o el FIT ante la derecha política

Varios integrantes de #ArtistasConelFIT escribieron en La Izquierda Diario su opinión sobre el resultado, esta es la mía:
El hecho contundente de la elección del domingo 25 es que el 92 % de los votos se concentró en tres opciones de (centro) derecha política: Scioli, Macri, y Massa. Pero donde la sorpresa fue el crecimiento de “Cambiemos” lo que hace “simbólicamente” mas fuerte el mensaje sobre el “humor social” argentino.

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¿Es que se vino el derechaje? podría decir Moria Casan invitada cultural VIP al bunker de Scioli. Esa pregunta (aunque alejada del glamour de Moria) se percibe también en las redes sociales, entre los que eligieron votar “el mal menor”, o incluso votantes de la izquierda. ¿Hay un cambio en la “cultura política”? ¿Si esa es la situación cuál es el lugar del FIT en este nuevo tablero político? ¿Cómo deben leerse el caudal de votos obtenido? sabiendo que todo está en movimiento ensayamos acá algunos apuntes sobre el lugar conquistado por la izquierda trotskista, las peleas actuales, y las que se vienen.

Podemos partir de un hecho evidente: el sentido del voto general expresa una situación conservadora, donde quizás la mayor expresión sea la preocupación por las políticas de seguridad (incluso en la juventud). Y que una de las fortalezas de Sergio Massa haya sido su discurso duro de sacar el ejercito a la calle, con lo cual hizo su aporte a la “batalla cultural” hacia la derecha, aunque quedara relegado al tercer lugar. Pero a esa situación, que recuerda al viejo Ruckauf del “meta bala” se llegó por el largo rodeo dado por el mismo kirchnerismo que preparó el escenario actual de manera sistemática. Como bien se plantea en otra articulo de este diario, por ejemplo con “la temprana aceptación de las leyes represivas propuestas por Blumberg (2004), que después siguieron con el festival de policías sciolistas, hasta el tridente ofensivo de Sergio Berni, Ricardo Casal y Alejandro Granados” en el gabinete presidencial de Scioli, y se podría agregar el persignarse constantemente ante Bergoglio papa.

Si existe un humor social conservador este éxito no pertenece sólo a los “méritos” discutibles de Macri o Vidal, sino a los persistentes triunfos en la “batalla cultural” que bien sintetizan los generales de “Carta abierta”, apoyando a la morsa, o en otra de sus líneas de acción cuando llaman a “votar a Scioli con la cara larga”. El candidato que ya a fines de 2014 había sido señalado por Zulemita Menem como parte “de los formados por mi padre” junto a sus contrincantes. Es así que dos candidatos que apenas difieren en sus propuestas y sólo en ritmos en cuanto al ajuste, son los que quedaron en competencia hacia el ballotage.

Pero aunque esto sea así en los planes reales de los candidatos, una gran parte de ese voto conservador habría que pensarlo lejano a un cheque en blanco, pase lo que pase en cuatro semanas (y cuan eufóricos se pongan los empresarios). Ningún trabajador votó ni votará a favor del ajuste, porque ningún candidato hizo campaña con esa orientación, esa es una de las contradicciones (pero no la única) donde el FIT emerge aunque su crecimiento sea leve en el contexto de la polarización electoral. Mantiene su espacio de manera tenaz, mientras Margarita Stolbizer pierde casi la mitad de su electorado ante su socio en varias provincias: Macri, a quien ahora llama sutilmente a votar.

El Frente de Izquierda debe medirse por más que su caudal electoral, el cual en todo caso demuestra hoy ser una “minoría intensa” que llegó al millón de votos en distintas categorías. Debe medirse también por el lugar que ocupa en el imaginario social, y porque no en la “cultura política” nacional de la cual “los troskos” somos parte integrante. El nivel de agitación política alcanzado por el FIT a nivel nacional, que se potenció con la emergencia de nuevas figuras como Nicolás del Caño, donde se hizo eje en denunciar el ajuste que se viene, los negociados y el fraude de la “casta política”, donde se planteó la pelea por defender derechos y pelear por otros como el aborto libre y gratuito, donde se planteó la defensa de los que más están sufriendo la voracidad empresarial como los trabajadores precarios, donde se planteó una denuncia al imperialismo, y la necesidad de prepararse para la lucha, todo eso es parte del capital político del FIT. Un mensaje con el cual se llegó hasta aquellos que hoy optaron por el mal menor.

Una anécdota sirve como ejemplo de este lugar: durante el debate presidencial se dio una situación paradójica, mientras toda la Facultad de Derecho estaba rodeada de patovicas y seguridad pues allí se encontraban figuras principales del establishment político nacional, que se encontraban en competencia para gerenciar los negocios de los empresarios (los verdaderos dueños del poder), los anticapitalistas habían pasado las vallas, y Nicolás del Caño pudo plantear así sus denuncias y el programa del FIT alcanzado a millones de personas.

En el futuro inmediato el establishment puede decidirse fuertemente por la derecha más clásica y la crisis del PJ que se abre tras estas elecciones es una caja de pandora. Por eso en el futuro estará planteado que ese programa se defienda en las calles y en la lucha de clases, el lugar donde se producen las certezas.

Al igual que en el cine, en política el tiempo no es lineal, y el espacio no es siempre geográfico. Existen rupturas, discontinuidades, elipsis, que van construyendo la película. El apoyo de más de un millón de personas en sus distintas categorías, la simpatía de miles de jóvenes estudiantes y trabajadores en el voto y en campaña militante, el acercamiento y apoyo de artistas y trabajadores de la cultura como en la iniciativa #ArtistasConelFIT, todo prefigura un espacio muy amplio que es necesario fortalecer. Si nos remontamos al pasado inmediato ese espacio se viene construyendo desde hace años, en la agitación callejera, parlamentaria, y en el movimiento obrero.

La batalla inicial hoy será la pelea por el voto en blanco ante el ballotage, señalando a ambos contrincantes como representantes de los intereses de los empresarios, y el paso inevitable a un ajuste que caerá sobre el pueblo.

Como en el mito de David contra Goliat, cuando nadie se quería enfrentar al gigante y a los sumo esperaban caer en gracia ante el enemigo, el más pequeño pudo mostrar que tenía armas para vencer y construir su poder. Aunque la metáfora bíblica sea poco oportuna para nosotros los ateos, es buena para mostrar que ante el avance político y cultural de la derecha el FIT es una alternativa no solo imaginable, sino posible.

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La Internacional y un posible montaje de imágenes argentinas

En septiembre de 2015 un grupo de artistas se convoca para cantar La Internacional con el objetivo de generar un aporte a la campaña del Frente de Izquierda y los Trabajadores. La elección del tema y su interpretación actual es un hecho culturalmente significativo. A propósito de este evento varias imágenes y anécdotas leídas en libros de historia del movimiento obrero argentino, cuentos y obras de teatro pasaron por mi cabeza.

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Una de las fotos que acompaña esta nota es de diciembre de 1904, una asamblea de obreros cigarreros en el local de la Sociedad Cosmopolita de Obreros Pintores de Buenos Aires. El cuadro de Karl Marx preside la asamblea, y como sabemos hoy eran decenas de locales obreros los que repetían la decoración sumándole banderas rojas y proclamas contra explotación capitalista.

Andrés Rivera recuerda en “El verdugo en el umbral” las anécdotas de su padre: “Los policías allanaron el Sindicato de Trabajadores del Vestido, y lo revisaron, todavía indulgentes, todavía porteños y preguntaron quien era ese viejo de barba, y papá, secretario del Sindicato de Trabajadores del Vestido, miró el retrato de Marx, que colgaba de una de las paredes de la pieza de reunión del Consejo Directivo, y miró, en el retrato, la cabellera de león, el monóculo caído sobre el vasto pecho, y dijo un viejo sastre…”. El relato continúa con humor e ironía, y expone la ignorancia de la policía y la alegría de los trabajadores disfrutando la anécdota “…y cuando los policías se fueron se les oyó reír como locos, y a los largo de toda esa cuadra de la calle Warnes se oían las risas y, riéndose, se decían, uno al otro, como si se confiasen un secreto, es un viejo sastre, y las risas se oían hasta Canning”

David Viñas relata en su libro “En la semana trágica” el odio burgués a las banderas rojas, y Pedro Milesi, un obrero presente en estas movilizaciones de enero de 1919 aporta en sus crónicas “En los labios de los acompañantes las estrofas de la Internacional y sobre todo del himno, el nuestro, el proletario: Hijos del Pueblo. En las manos de los portaestandartes de los sindicatos, flameando al viento el símbolo invencible de nuestra emancipación, las banderas rojas, tan roja como la sangre roja de los mártires caídos”. La movilización a la que hace referencia fue protagonizada, según algunas crónicas, por más de 200.000 obreros que con banderas rojas y cantando los himnos revolucionarios se dirigían por las calles de Buenos Aires desde Barracas hacia el cementerio de la Chacarita. Pedro Milesi será más adelante integrante de los primeros grupos trotskistas en el país.

Pero no sólo en las calles porteñas flamearon banderas rojas, Osvaldo Bayer rescató las historias de la Patagonia Rebelde, esa gran lucha de los obreros rurales del sur a quienes el diario La Nación acusaba de querer trasladar al país “el régimen de los soviets”. Las huelgas de la Forestal en Santa Fe y Chaco, en donde se había prohibido el uso de las ropas color rojo por ser considerado peligroso para los intereses de la empresa y los soldados recorrían las calles haciendo efectiva esa prohibición “A cada víctima que despojaban de sus prendas, las que casi siempre quemaban, se colocaba un cintillo azul y blanco, y al ritmo de los azotes obligábaselos a gritar ¡Viva la patria!” (Gastón Gori, La Forestal).
Esta aversión por el rojo de las clases dominantes locales expresaba su temor ante un movimiento obrero que enfrentaba la explotación capitalista y extendía las ideas revolucionarias influenciando también a sectores de la intelectualidad, el arte y la cultura.

Distintas manifestaciones artísticas y culturales acompañaron la organización obrera y las luchas de las primeras décadas del siglo. Bibliotecas, teatros populares y espacios en sindicatos difundían textos de Marx, Engels o Bakunin, programaban obras de teatro para el esparcimiento y la reflexión, “Hijos del pueblo”, “¡El mártir de Ushuaia!”, “Compañeros”, eran algunos de los títulos. Para los eventos especiales como los actos por el 1ro de mayo sonaba “La Internacional” interpretada por grandes orquestas. Según las numerosas crónicas en cada uno de los clubes o salones usualmente elegidos para reuniones como el Salón Verdi, Giuseppe Garibaldi, Unione e Benevolenza, Casa Suiza, el Círculo Gallego en la ciudad de Buenos Aires; el teatro Roma de Avellaneda, salones en Berisso, Rosario, Tucumán y por supuesto en los actos en las plazas y en las movilizaciones en las calles, en todos estos espacios sonaron durante las primeras décadas del siglo las estrofas del himno escrito en 1871 por Eugène Pottier al calor de la Comuna de Paris.

Durante años el peronismo en el poder trabajó para ocultar y enterrar estas tradiciones. Pero las ideas resurgen y a partir del Cordobazo se vivió un proceso de ascenso de las movilizaciones obreras y cuestionamiento al poder del capital. Como retrata Raymundo Gleyzer en una excelente escena del film Los traidores, la burocracia sindical surgió, creció y se hizo parte de estado para detener este proceso. No fue suficiente, y el golpe genocida de marzo del 76 vino a imponer una “reorganización nacional” persiguiendo, asesinando, torturando y censurando al fantasma del “marxismo apátrida”.

Pero la intensidad de la música es capaz de recorrer los tiempos, y ayer y hoy pueden emocionarnos los mismos acordes porque nos une un hilo histórico. En las primeras décadas del siglo pasado los horrores de la guerra mundial impulsada por las potencias imperialistas podía despertar la hermandad de los pueblos para oponerse a estas masacres. En los tiempos actuales la barbarie que expresa la crisis migratoria en Europa con muertes, persecuciones y fronteras que se cierran, nos impulsan también a rescatar las tradiciones del internacionalismo.

La nueva versión de “La Internacional” interpretada por los #ArtistasconelFIT puede sugerir en cada uno de nosotros distintos recuerdos y emociones. Puede remitirnos al pasado, al presente o al futuro. Las creaciones artísticas nos estimulan la capacidad de imaginar. En el llamado a realizar actividades culturales en todo el país bajo el mismo lema #ArtistasconelFIT se estimula también la unión del arte con la lucha de los trabajadores y por una alternativa política socialista.
En las imágenes de mi cabeza se mezclan como en un remolino las distintas experiencias que a lo largo de la historia alzaron las banderas rojas, al son de la misma melodía, y en un montaje acelerado se acercan todas para sumar sus fuerzas en esta tarea vigente e histórica de enfrentar el capitalismo.

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