Los subsidios para el cine en el ring

En las últimas semanas se encendió la polémica sobre los subsidios al cine nacional. Periodistas y cineastas se enfrentan por  la cantidad y el destino de las películas argentinas.

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El debate no empezó ayer, ni termina mañana. Pero a partir de nuevos comentarios polémicos del crítico de cine Javier Porta Fouz, periodista de La Nación y programador del BAFICI, el mundo del cine nacional volvió al ring para una pelea que ya lleva unos años y que una vez más se da en un tono acalorado..

El primer round del 2014 empezó cuando el periodista retomó ideas que ya había expresado, y planteó que el cine nacional tiene una “expansión desproporcionada”. En 2012 ya había escrito una nota “El cine catástrofe argentino”, en donde destacaba un gran desfasaje entre el volumen de estrenos nacionales y la cantidad de espectadores que éstos conquistaban. En su momento estas declaraciones habían coincidido con un informe del programa de Lanata que apuntaba en el mismo sentido y con una nota de Horacio Bernardes de Página/12 titulada “Cantidades astronómicas de un producto con poca salida”.  DOCA (Documentalistas Argentinos) fue la asociación que salió a responder con fuerza a estos planteos con la declaración ¿Reducir la producción  audiovisual es mejor?, cuyo eje principal era cuestionar el supuesto de que “aquello que no se va a ver, es porque la gente no lo quiere ver” y centraba la denuncia en la existencia de “un monopolio brutal de distribución y de difusión al servicio de los tanques de Hollywood.”

Este año Porta Fouz publicó una nota en el blog de Luis Majul, “Números, contexto y preferencias”, donde vuelve con las estadísticas para plantear ahora una comparación entre países latinoamericanos. Tomando en cuenta datos estadísticos plantea que en Argentina se vende un 25% de las entradas que se venden en Brasil o México, y estrena un tercio más de películas que estos países. Esto lo lleva a plantear que existiría “una política cinematográfica desproporcionada, inflacionaria, poco racionalque subsidia cada vez más (el valor de la entrada de los espacios INCAA es irrisorio)…”,y proyecta algunas conclusiones “Hay diversas hipótesis: se hace cine argentino que no interesa, hay decenas de producciones demasiado precarias, se repiten y repiten temáticas (peronismo, derechos humanos y militancia, por ejemplo)…”.Su nota no parece ser un golpe aislado, sino que está a tono con la investigación que anuncia La Nación “Subsidios al cine: ¿cuánto cuestan las películas que no miramos?”

Uno de los que respondió fue el cineasta Nicolás Prividera (M, Tierra de los padres) con una columna titulada Crítica política, y al debate se sumaron más de treinta comentarios, golpe tras golpe, en un ácido debate.

La nota de Prividera cuestiona varios ejes. Por un lado plantea que “la idea de que hay una sobreproducción de películas implica inevitablemente una idea de “ajuste” que es precisamente lo erróneo en este campo..”, y deja claro que Porta Fouz es del grupo de los impulsores de esta idea. A través de las mismas cifras pero con otro análisis deja entender fácilmente que “el porcentaje menor de entradas está en obvia relación con el menor porcentaje de población” y cuestiona también otro aspecto “ir contra las entradas populares que permiten la existencia de un público que no podría sostenerse con un precio prohibitivo”.Por otro, lado el cineasta, se opone a la valoración temática que plantea el crítico, y le responde “lo cierto es que el peronismo y la dictadura son ciertamente “nudos históricos” que aún definen el presente…”, y rescata la posibilidad de que existan múltiples miradas sobre el tema como su experiencia con la película M, según él, una suerte de respuesta a Cazadores de utopías y Los rubios.

Con un breve post de Facebook, se suma a la pelea Fernando Martín Peña, (programador del Malba, Filmoteca, docente e investigador). Peña cuestiona que se use la idea de “mercado” para pensar la producción cultural “el mercado (entendido bajo la ortodoxia capitalista) NO PUEDE SER la variable sobre la que se determinan las políticas de apoyo al cine argentino”, agregando “el apoyo al cine argentino es EN PRIMERA INSTANCIA una decisión de política cultural, no mercantil”.

Entre los contendientes, está claro que de un lado hay una defensa de las leyes del mercado, de la idea del cine como producto comercial y de su valoración en función de las ganancias (entradas vendidas). Para este sector, que hoy representa Porta Fouz, hay que bajar los subsidios al cine nacional, o solamente subsidiar a pocas películas que puedan convertirse en “tanques” y reportar varios millones. Las temáticas y los lenguajes no pueden más que subordinarse a ese objetivo.

Por el otro lado se defiende la idea del cine como “producción cultural”, la necesidad de enfrentar la lógica del mercado y de promover esta actividad, un punto de vista compartido por muchos realizadores independientes. El punto débil de varios defensores de esta postura, es que parecen confiar en que las políticas actuales de la gestión del INCAA y el gobierno van en ese sentido.

Analizando el tema desde otro ángulo, en el sentido planteado desde DOCA, es el monopolio de la distribución y exhibición en manos de las “majors” norteamericanas el mayor problema. Estas empresas constituyen la principal traba, no sólo para el desarrollo del cine nacional, sino también para que exista una multiplicidad de opciones de cine independiente de todos los países.

El gobierno kirchnerista no se propone cambiar esta situación. En estos años la política oficial se basó en promover subsidios, pero no garantizar condiciones para la distribución y exhibición.  Más películas, pero menos caminos para que lleguen al público.  Por otro lado la asignación de recursos, especialmente para las grandes producciones, es cuestionada por no tener mecanismos democráticos y transparentes. Entonces se consigue quedar bien con amigos, ganar el apoyo de unos cuantos, pero no cuestionar ningún interés de los grandes actores que manejan el negocio.

Las películas más vistas se instalan a través de inversiones millonarias, que son capaces de crear modas, gustos y héroes. ¿Y si fuera distinto? ¿Qué pasaría si todas las películas tuvieran las mismas posibilidades de llegada al público?  ¿Y si la cantidad de salas, la prensa y la difusión fueran democráticamente repartidas entre todas las producciones audiovisuales? ¿Cuáles serían las películas más vistas? No es posible adivinar el futuro, pero sí imaginarlo.

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