Puente roto, el regreso es una lucha

La obra Puente roto. Sainete nacional metafísico, escrita por Pompeyo Audivert, con la dirección y adaptación de Andrés Mangone, se presenta los viernes y sábados a las 22:30 en el Centro Cultural de la Cooperación.

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A sala llena y con entusiasmados aplausos comenzaron las funciones de Puente Roto en la sala Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543). Cada viernes y sábados, durante sesenta minutos, los que asisten a estas funciones tienen la posibilidad de transportarse en el tiempo, extrañarse con la historia, buscar fundamentos que quizá no existan, reír a gusto y sumergirse en una trama caótica, con personajes construídos al detalle y actores que se destacan con todo su trabajo.
La obra transcurre en momento particular de la historia argentina que fue el enfrentamiento entre Unitarios Y Federales, la actuación de Lavalle y el fusilamiento de Dorrego.

Puente Roto presenta en forma trastornada episodios comunes, por lo cotidianos y por lo histórico reconocibles. Se constituye en una ofrenda físico-expresiva de una representación caótica, en un territorio de apariencias de sueño donde los personajes enfrentan un dilema ético y moral, deben encubrir un hecho de sangre en el presente y ayudar a Lavalle en el pasado, deben tomar posición en los dos tiempos en que les toca vivir..

Andrés Mangone, director de esta puesta la presenta: “Una casa donde imperan el delirio y la desfachatez, la inestabilidad del tiempo y de los vínculos, la confusión de la vigilia con la noche, y las identidades fluctuantes. Una provocación elemental que obliga a la carcajada…La obra transcurre en la actualidad, en una pequeña y rudimentaria casa de campo, aparentemente en Jujuy. En ella vive una familia, Madre, Padre, y sus hijos Damasita y José Luis, más Chinita, la sierva. Todo comienza cuando Damasita hace pasar a la casa a Esteban, un devoto porteño que llegó a la zona para una procesión, y fue flechado por ella, y rápidamente viene a ser presentado como novio.
A partir de ese momento, Esteban es víctima de las condiciones sobrenaturales que ocurren en el interior de la casa, como si esta fuera un punto de cruce de tiempos de la historia del país, de la tierra con los hombres, del sueño y la vigilia.”

La puesta en escena es esta casa en donde transcurren extrañas situaciones. Un espacio sencillo, con una mesa, sillas, un catre y paredes con texturas deterioradas, y opuesta a un fuera de campo que aporta desde el sonido y la imaginación otro escenario de la historia.

En este espacio se desarrolla la acción: “El doctorcito busca sobrevivir a la imposibilidad de abandonar la zona, a las costumbres extrañas de la familia, y al fuego cruzado entre Unitarios y Federales. Además, tiene que comparecer ante un inspector policial, por la muerte de un alambrador en la ruta. Su memoria está fallando, tal vez producto de un golpe que recibió camino a la casa, cuando atropelló un cuerpo que no alcanzó a distinguir, mientras manejaba enredado con Damasita. Y en este punto de apoyo metafísico de la casa, erupciona aún la resonancia de una tragedia que fuera sepultada antes que el propio cuerpo del condenado. Aquel que fuera despachado sin derecho a defensa para dar un escarmiento a todo aquel que ose pretender derechos y participaciones a la plebe: así, el fusilamiento de Dorrego, y la trama de conspiraciones y fantasmas posteriores” continúa Mangone.

En medio de las tensiones de una familia desquiciada y personajes históricos que resurgen está Esteban, quien necesita salir de esta situación. Según palabras del director: “Esteban necesita desesperadamente volver de su pesadilla, volver a una Buenos Aires que quizá ha dejado de existir, pero la velocidad inaudita de los hechos no le permite recuperar su posición de sueño. El patronato que ejerce el Padre, las revelaciones convulsas de la Madre, los abusos físicos de José Luis y los facetamientos de las identidades en el interior de la casa, no le permiten proyectar la huída. El puente de madera se partió en dos, sin motivo aparente. La muerte no es una opción, su imposición antinatural nos devuelve al mundo como fantasmas… El regreso es una lucha…”

Los ensayos de esta obra comenzaron en mayo, Andrés relata algunos elementos de la experiencia en este proceso: “nos propusimos avanzar hasta una dramaturgia definitiva en un proceso de investigación mixto, es decir, de memorización, investigación y prueba. Fuimos abriendo suposiciones de escenas nuevas a partir del campo expresivo que los actores aportaban, más suposiciones desde la dirección que ampliaran una presencia más honda en los aspectos territoriales relacionados con el fusilamiento de Dorrego como tragedia compleja de nuestra historia, sin perder el eje de ruptura y descomposición del relato, poniendo a funcionar esos temas reconocibles con pequeños restos ardientes del hecho en sí, para la agitación de las actuaciones, en busca del encuentro poético y novedoso sobre ambos (el hecho histórico y la actuación), y a favor de la esencia desquiciada de la propuesta original”

El resultado del encuentro entre el hecho histórico y la actuación es una creación original, de nuevo tipo y con sus propios códigos. Según Mangone “Puente Roto es una obra corta, de un poder de fuego compacto e inquietante, que expone con simpleza y desfachatez ciertos estados actuales de un nosotros sospechoso, excesivamente convencido de la realidad y aparentemente a la deriva”.

(Artículo escrito junto a Natalia Rizzo)

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