Puente lindo

Hablando de las fotos de los muertos: hay un lugar donde las quemaron y obligaron a lamer el polvo. Ese día, con la boca seca, conocí un perro que se sentaba a pensar al lado de una planta. Yo me reía porque estaba feliz. Conozco la mentira porque la practico. Me enseño el uso de la lengua que podía moverse libre y obediente. Ahora practico el collage ecléctico esperando y repito: no puedo sentir mi cara, ni que los olores sean aromas. Habló del rostro de Marisa, y entendí que lo mejor sería inventar palabras para escucharla. Pero digo ¿y qué? solo puedo escribir eso mientras veo las imágenes.

Escribo: ¿de que serviría hablar de melancolía o describir la Historia de la depresión? Ahora están conectados: letras, formas, colores, bits, arañas. Pero no tienen olores, impidiéndome que comprenda lo que sabía comprender y que es menester que comprenda.

Me dijo: un gusano me retó a un juego. Indagar el recuerdo más hondo y escondido, solamente por trivial, secundario y sin carga afectiva. No descubrí más que ideologías, un ritual de danzas, un nene sin alegrías, viento, cardos, arena y en medio de todo: dientes. Un arrollo de mierda, dioses y pornografía, miedos que persisten, oscuridad, fútbol, naves espaciales, dibujos, camas y cobijas. Inicio de los errores, uno tras otro hasta el punto de ser lógicos, estructurales como un edificio ultrapensado, como un puente ante el que hay que sorprenderse.

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