De la Bienal de Venecia a las discusiones en el arte nacional

La Bienal de Venecia, una de las más importantes del mundo, existe desde 1875 y ya entrado el siglo XX se ganó las miradas internacionales y distintos países empezaron a instalar pabellones.

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Este año, en la 55º edición de la Bienal el director italiano Massimiliano Gioni, eligió el tema del “Palacio Enciclopedico” para la exposición central desarrollando la idea que todo el conocimiento humano puede estar en un edificio. Participan ochenta y ocho países de las muestras nacionales, y son muchísimos artistas que inundan toda la ciudad de Venecia. La Bienal se organiza con un pabellón central en el parque Giardini que consta con 30 pabellones permanentes y pabellones de alrededor, que los países pagan por  adquirir. Este año, se sumaron nuevos pabellones y por primera vez, la Argentina cuenta con un espacio en el Arsenale.

Metáfora o propaganda: la atracción del pabellón argentino

“Eva argentina: metáfora contemporánea”, es la principal obra del pabellón argentino, de la consagrada Nicola Costantino. La instalación consta de cuatro espacios. En el primero, una video instalación que muestra a Nicola transformada en Eva en momentos cotidianos e íntimos, hasta desde el balcón hablándole a las masas.  En el segundo espacio, se ve un dormitorio de la época donde en el espejo se puede ver a “Eva” arreglándose. La tercera parte, hay un espacio de cristal cerrado, en el que un vestido como corset de hierro recorre y choca por las paredes vidriadas constantemente. En el último espacio, dos reflectores iluminan una mesa de metal que estaba llena de hielos en forma de lágrimas que al derretirse se escurrían por un orificio produciendo un goteo constante.

Un instalación ambiciosa y muy buena; pero más allá que la novedad sea la representación de Evita utilizando elementos contemporáneos como una instalación y lo conceptual; la obra cobró relevancia en los medios internacionales por la intervención del gobierno.

La obra, había sido nombrada por Costantino “Rapsodia inconclusa”, pero la Presidenta le cambió el nombre por “Eva Argentina: una metáfora contemporánea”. Desde ahí,  las divergencias entre la política estatal y la artista se hicieron evidentes. Entre la propaganda reivindicativa y la metáfora.

La artista, al permitir el cambio de nombre de la obra abrió la puerta a lo que sucedió en la exposición, donde fue intervenida la misma. A la obra se le agregó una quinta parte, en un recinto cerrado con letrero de la Presidencia de la Nación, donde se proyectan tres documentales con escenas históricas de Eva Perón y también actos políticos actuales, reivindicando a “La Campora”.

El kirchnerismo con esto pretende dar una sola lectura de la obra, desnudando verdadera intención: hay “formas” y “formas” de representar a Evita, apropiándose de la misma. Ante esto, la artista y el curador, dieron una impotente respuesta poniendo el siguiente escrito: “El curador y la artista consideran este espacio innecesario y que puede confundir la interpretación de la obra”. Nicola declaró, “El curador y yo consideramos que es algo muy tendencioso. Ha sido un gran error del gobierno y ha caído muy mal. Mi intención es deconstruir esa imagen política y dogmática de Evita. Yo quiero presentarla desde un punto de vista más emotivo, íntimo y femenino”[2].

Pero el malestar del artista, no es por diferencias con el gobierno; sino por la mala crítica que recibió en los medios internacionales su obra al tener el “sello” de la Presidencia de la Nación. Tranquilamente Nicola podría haber bajado su obra, se podría haber negado a participar cuestionando  hasta el final la voz del estado en su obra y su utilización por el kichnerismo. Pero luego declaró: “Entiendo que es un error, no un uso político. No creo que alguien pueda ser tan torpe como para imaginar que se debe hacer política partidaria en la Bienal de Venecia”(3); lejos de un cuestionamiento más profundo a la injerencia estatal y la política que el gobierno lleva adelante, incluso la utilización política de su obra; la visión de la artista sostiene que el arte tiene que ser “apolítico” alejado de la realidad misma.

Los pabellones

La historia de los pabellones nacionales está marcada con fuego, su asignación fue dictada por la política internacional de los años 30 y por la guerra fría. Pero hoy en día, donde el arte es uno de los “negocios” a nivel internacional y un gran legitimador; los pabellones nacionales son muy cotizados. Se calcula que la Bienal se financia con más de 13 millones de euros cada dos años, donde mayoría proviene de patrocinadores y fuentes privadas.

Este año, la Argentina ha gastado dos millones de euros en la rehabilitación de la sala Arsenal que albergará el pabellón nacional por los próximos 20 años. Cristina Kirchner, el 29/05 por video conferencia inauguró el pabellón argentino, y se hizo presente en Venecia una comitiva de funcionarios y artistas, donde además se propuso una Bienal Argentina,  la tan mentada “Artepolis” ideada por Miguel Rep.

En su discurso, Cristina afirmó “que en los últimos diez años el PIB en cultura alcanzó en el país el 3,8% del total de la economía” y destacó que la década ganada en la cultura generó unos 200 mil puestos de trabajo directo, otros 200 mil de empleo indirecto y que diez millones de argentinos disfrutaron de los 26 museos nacionales” [1] Pero más allá de lo que diga Cristina, la mayoría de los argentinos vive otra realidad.

¿Es esta una década ganada para la cultura?

En estos diez años de Kichnerismo, los que siguen accediendo al arte y la cultura siguen siendo los mismos sectores. No importa que en las fechas patrias haya grandes espectáculos, donde el pueblo participa como un mero espectador pasivo,  si en el día a día los trabajadores y el pueblo pobre están por fuera de esta realidad.

Sigue primando la precarización laboral, los contratos eventuales, miles de jóvenes dejan la vida en las fábricas por los altos ritmos de producción. Ni hablar de los salarios que no alcanzan a cubrir la canasta familiar.  Si no hay tiempo para el ocio, la década ganada para la cultura sigue siendo para unos pocos, para los que en estos diez años hicieron fortunas, para los empresarios y las clases pudientes.

En la educación artística los datos son claros. La universidad más importante de arte de Latinoamérica, el IUNA, está en emergencia edilicia y presupuestaria desde el 2005. De nueve departamentos, sólo dos cuentan con edificios propios, el resto no cuenta con las condiciones necesarias para la cursada y se gastan miles de pesos en alquilar espacios que no son aptos  (y tampoco se pueden arreglar porque son alquilados). Los edificios históricos como el museo de calcos de la Cárcova y la Prilidiano Pueyrredon no se usan porque, el primero está en refacciones desde el 2006 y el segundo corre peligro de derrumbe desde el 2010.

La situación no cambia mucho en los terciarios de arte. Los ISFAS se cursan en edificios que tampoco cuentan con las condiciones necesarias de cursadas, y las escuelas municipales no tienen edificios propios corriendo siempre el riesgo de que se cierren las carreras. .  Además la problemática de los planes de estudios interminables. Es decir, el presupuesto destinado para el arte y la cultura está en función de los grandes eventos gubernamentales, en vez de estar destinado a la educación de nuevos artistas y profesores, y en que nuevos sectores puedan acceder al goce de la cultura y la formación

Mientras que en los medios se habla del “gran arte”, de los grandes eventos internacionales del arte como la Bienal de Venecia, la creación y la imaginación están muy separadas de la vida cotidiana de millones, que estén en Argentina, Italia, o India, se levantan todos los días con una misma rutina: cumplir con largas jornadas de trabajo en el mejor de los casos o rebuscárselas para llegar a fin de mes.

La discusión de la Bienal y la intervención del gobierno, demuestra que más allá de los posicionamientos políticos de los artistas, que el arte y la cultura está lejos de ser libre en esta sociedad basada en la desigualdad, la impunidad y la represión a los que luchan. Un arte verdaderamente libre, tiene que cuestionar los límites del mercado y su utilización, aspirando a unir el arte con la vida.

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[1] Clarin 29/05/2013 “Cristina inauguró por video conferencia el espacio argentino en la Bienal de Venecia”
[2] BBC 04/06/2013 “Venecia, Borges y un polémico pabellón argentino”.
[3] Perfil 09/06/2013 “Cristina pidió otro final para Evita, pero politizaron mi obra”

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