La ilusión de Noemí, imágenes y silencios

La película dirigida por Claudio Remedi y realizada por el Grupo de Boedo film retrata vidas de clase trabajadora y en particular la vivencia de dos niños cuya amistad los lleva a descubrir un tesoro.

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La película cuenta la historia de dos niños de once años, Noemí y Sergio, con sus respectivos padres que viven en la ciudad de Berisso. Leandro es viudo y padre de Noemí, trabaja en el Astillero Río Santiago donde al parecer tiene militancia sindical. Irene es la madre de Sergio, divorciada, y logra entrar de personal de limpieza a un Hospital, donde la maltratan. Mientras sus hijos tienen una amistad alejada de ser “noviecitos” y construyen su propio mundo de juegos y complicidades, los padres tímidamente quieren acercarse. Esas dos líneas se van cruzando en la película casi como un dilema, hasta que el director opta por invitar al espectador a ver la historia desde la mirada de los niños.

Esa decisión comienza a cobrar vida con un interrogante: luego de una visita para ver dinosaurios en el museo, los chicos juegan a la arqueología y descubren enterrada en el jardín una vieja caja oxidada cuyo candado no pueden abrir a pesar de sus esfuerzos.

Ambientada en un pueblo obrero y en la periferia de los grandes conflictos sociales colectivos que sólo aparecen sugeridos, el film se sumerge así en la vivencia cotidiana de los trabajadores, donde la lucha por sobrellevar los problemas económicos se resuelve con solidaridad y amistad, pero donde a su vez las mayores amenazas retratadas provienen de su mismo seno.

Acecha este mundo la tía abuela de Noemí, oscura señora devota de la difunta Correa que se considera guardiana de la memoria de la madre de la nena, quien falleció muy joven. Así la religión representa el elemento policial, vigilante, encarnado en un muy buen construido personaje que cada vez que entra en plano desplaza la alegría, el juego, o el deseo de los padres, para inundar el cuadro de tensión. La vieja tiene el plan de llevarse la sobrina a San Juan, alejarla de su padre, de los barrios industriales, de los amigos varones, en lo que parece casi un secuestro.

Para contar esta historia Claudio Remedi y el Grupo de Boedo film apelan a un cine de imágenes y silencios, alejado del tipo de acción de moda en el cine actual, se ubica así desde el lenguaje en una posición de periferia al igual que la historia que retrata. Su ritmo lento lleno de “tiempos muertos” y retaceado de diálogos, obliga al espectador a ver los gestos, sentir el tiempo, y quizás a mirar de frente la realidad. Un recurso singular al estilo de Aki Kaurismäki.

A su vez la decisión de usar modestamente casi un único plano por escena, parece un repudio abierto al plano contra plano. Nos recuerda que ese recurso hollywodense llegó a ser señalado por Harun Farocki como “la ley del valor del cine”, mientras la ley del valor de la economía es la que empuja a los protagonistas a una vida de necesidades. En La Ilusión de Noemí la estructura es el drama.

La ausencia de tecnología en el juego de los niños (y en los personajes en general) marca a su vez una ruptura con nuestro presente plagados de celulares, pantallas de computadoras y redes sociales. Nos avisa que el cine de ficción es un artificio donde directores y grupos de realizadores pueden construir su propio mundo, en este caso con algo de nostalgia frente a lo perdido, o marcando el deseo de uno querido. Quizás por eso es la fuga lo que permite abrir la caja del tesoro.

Podés leer también: Entrevista a Claudio Remedi, director de La ilusión de Noemí

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