Relatos salvajes: claves del éxito de un tanque argentino

El jueves 21 se estrenó “Relatos Salvajes” dirigida por Damián Szifrón y producida por Pedro Almodóvar, es el film nacional más publicitado del año.

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Con al aval de Cannes, uno de los más prestigiosos festivales de cine del mundo, un estreno en 325 salas argentinas, el 91% de todas las críticas a favor, toda la maquinaria de una distribuidora como la Warner por detrás y la participación de grandes actores de la escena nacional, podemos decir que “Relatos Salvajes” desembarca como un gran tanque cinematográfico, esta vez argentino.

Sumado a esto, la polémica desatada por las declaraciones del director en el programa de Mirtha Legrand en donde afirmó que la desigualdad social es la causa de la inseguridad y habló a favor del socialismo, y la posterior e insólita acusación de un funcionario del PRO, crearon una gran expectativa en este estreno.

La película está construida a través de seis historias independientes que se unen a través de la temática de la violencia y la venganza. Los relatos son dinámicos, el guión y el montaje funcionan bien, y están condimentados con altas dosis de humor negro que se expresa en distintos detalles, diálogos y situaciones, se distinguen también algunos personajes muy bien caracterizados e interpretados.

Se destacan Rita Cortese en “Las ratas”, interpretando a una cocinera dispuesta a hacer justicia frente al causante de las desgracias de su compañera de trabajo; los actores de “La propuesta”, el corto que desnuda la hipocresía de una familia millonaria que se organiza para encubrir un asesinato causado por su hijo, y Erica Rivas en “Hasta que la muerte nos separe”, la historia final que divierte con un ridículo casamiento de chetos cruzado por engaños y mentiras. “El más fuerte” enfrenta a Leo Sbaraglia conduciendo un Audi y a Walter Donado que va en un Peugeot del año ´70, y aunque se anuncia como una crítica de clase, termina en una historia de locos y violentos que se autodestruyen en clásicas tomas de golpes y persecución. Ricardo Darín es “Bombita”, el protagonista de la historia que se convierte en héroe y genera más empatía con los habitantes de la salvaje ciudad de Buenos Aires. Una gran mayoría debe soñar con romper todo cuando las grúas de Macri le llevan el auto, y la crispación de las clases medias es una de las líneas que subyace la historia, un elemento presente en el humor social de los tiempos kirchneristas. La debilidad está en su punto de vista, todos son culpables, hasta los laburantes que pasan el día encerrados en un cajero atendiendo interminables colas.

Las distintas historias retratan usureros devenidos en políticos, funcionarios corruptos, burocracias interminables, hombres de poder engreídos, falsas amistades, relaciones por conveniencia. Situaciones delirantes, absurdas, y enmarcadas en una realidad social por momentos cuestionada, pero donde la resolución o el escape pasa siempre por una actitud instintiva, primitiva e individual. La frase que acompaña la publicidad de la película “Todos podemos perder el control” apunta también en este sentido, ante una realidad salvajeexplotemos.

La película entretiene, divierte y se disfruta. Como la gran mayoría de los tanques, con millonarias inversiones en publicidad, logra conquistar su público. En este caso hay negocios y una enorme maquinaria industrial; pero también hay buenas historias y un aporte, aunque un poco superficial, a la reflexión y debate sobre la realidad social.

Las críticas se dividen en su análisis, para algunas: “refleja la idiosincrasia argentina, es un espejo de la sociedad nacional hoy, desprotegida, con lucha de clases, corrupción generalizada y varios etcétera” (Clarin)“una mirada impiadosa, desgarradora y, sí, salvaje, sobre la argentinidad al palo” (otroscines). Para otras, por el contrario, no refleja una realidad social sino “es un tratado acerca de la condición humana con respecto a cómo se desea actuar, por ejemplo, frente a una injusticia…” (Télam). Damián Szifrón en distintas declaraciones planteó “somos seres humanos y en el fondo somos animales. Estos personajes están expuestos a situaciones primitivas… A eso hay que sumarle que el mundo está regido, en un porcentaje altísimo, por el capitalismo, con todo lo que ese sistema produce en la gente que lo habita”. Entonces para el director, hay un poco de cada cosa. Este relato de ficción se nutre y expresa algunas contradicciones de la época, como también construye su propio mundo, con códigos y valores propios de los personajes. Se pueden encontrar muchos elementos de una realidad social, pero para expresar la idiosincrasia argentina faltan muchos personajes a esta historia. Las reacciones argentinas ante las injusticias, la impunidad y las situaciones de desigualdad, no son sólo salidas individuales, los personajes colectivos, como los trabajadores que se unen y se organizan para luchar contra la violencia capitalista de los despidos y la represión son parte hoy de la argentinidad al palo, aunque todavía no estén en las películas más taquilleras.

La Warner es la distribuidora encargada de lanzar este tanque argentino, y en esto está también el secreto del éxito. La crítica en forma casi unánime pone a esta película en la cima más alta, se escriben exageradas y ridículas comparaciones con muy importantes directores de la historia del cine.

Miles de películas se producen anualmente a nivel mundial, con más o menos presupuesto, pero con un enorme trabajo y creatividad. Múltiples lenguajes, historias y estéticas se renuevan constantemente, pero sus imágenes no llegan ni al 1% de las pantallas a las que tiene acceso “Relatos Salvajes”. El caso de la muy buena película paraguaya “7 cajas” que se estrenó en 1 sola sala es un buen ejemplo, sin millones de publicidad detrás y gracias al boca a boca, sigue en cartel y amplió las salas, pero para el lanzamiento bien lejos de los tanques, arrancó en carretilla.

En síntesis, salir al cine es casi siempre un placer, y “Relatos Salvajes” es una buena opción para ver, no se necesita decir mucho más.

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Cuéntame una historia [Hollywood y el Oscar para 12 años de esclavitud] [idZ]

Escribir sobre los Oscar de Hollywood es reflexionar sobre la mirada anual que se dispensa a sí misma la maquinaria de producción cultural masiva más importante del mundo. De hecho una entrega de premios que podría no tener mayor significación en vistas de que galardona en exclusiva la producción de una sola nación, la tiene porque esa nación impone a nivel internacional la distribución de su cinematografía. Pero en la noche de los Oscar, interpretada por “la Academia”, esa nación habla más de sí misma, que de “ese mundo hostil que la rodea” y del cual “los Estudios” extraen anualmente más del 60% de sus ganancias por taquilla. En esa fiesta de gala Estados Unidos exhibe sus fantasías, habla de su historia, deseos y política permitiendo al mundo mirar por el ojo de la cerradura.

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Puesto que produciría “solo entretenimiento”, Hollywood reivindica ser como el abuelo junto a la hoguera a quien los niños le pedimos que nos cuente una historia, pero aun fascinados tras la ensoñación del relato, año a año descubrimos que el abuelo es “el Padrino” y que para él son “solo business”. Recordemos que el Código de Producción de la Asociación de Cine de EE.UU. desde los años ‘40 reza sin más: “Las películas destinadas a la exportación han de vender el American way of life y evitar la representación indecorosa de miembros e instituciones de los países con los que Estados Unidos mantiene relaciones cordiales”; o como señaló aquel más pragmático presidente Hoover: “En los países en los que penetran las películas norteamericanas, vendemos dos veces más automóviles norteamericanos, fonógrafos norteamericanos y gorras norteamericanas”.

Por eso la entrega de los Oscar es una privilegiada pista de lanzamiento de productos al mercado mundial, no solo por lo que sus premios impulsan sino por lo que se gana con el propio espectáculo. La cadena ABC (Disney), festeja que la entrega 2014 tuvo récord de audiencia porque tiene contrato para trasmitirla hasta 2020. Mientras la espontánea presentadora Ellen DeGeneres que tomaba fotosselfie” casuales con su celular, en realidad estaba cumpliendo un contrato millonario entre Samsung, Twitter, ABC, y “las estrellas”. Como una metáfora de la noche, la autofoto que obtuvo record de 3 millones de retuiteos en un santiamén (desplazando del podio mundial a la foto “casual” de Obama abrazando a su esposa), fue “el resultado fortuito de un multimillonario acuerdo comercial”.

Para “12 años de esclavitud”, ganadora a mejor película, la nominación fue un gran incentivo para la multiplicación de público. Ya el sitio rtve.es antes de la entrega, decía que era “… la película que más opciones de crecimiento tendría… Nunca ha estado en más de 1.500 cines en un país en que los estrenos comerciales superan cómodamente los 2.500… Está virgen en muchos mercados medios y pequeños de Estados Unidos…”, aunque ya recuperó cinco veces su inversión. Mientras “Gravedad” que fue la segunda gran ganadora, y la nominada con una mejor recaudación acumulada, fue estrenada de forma masiva (3.575 cines en EE.UU.) y obtuvo una recaudación que ya recuperó seis veces lo invertido.

¿Qué negro, qué mexicano, qué mujer?

Con 12 años… es la primera vez que gana el premio principal un director negro (Steve McQueen), mientras con “Gravedad” es la primera vez que un film realizado por un mexicano (Alfonso Cuarón) se alza con tantos galardones. Ya en el 2010 había ganado “por primera vez” el premio de dirección una mujer, Kathryn Bigelow, por “En tierra hostil”.

También fue contratada, ahora por ¡segunda vez! una presentadora homosexual. Mientras una cantidad de artículos de EE.UU. destacaron la diversidad, más que hablar de progresismo es una prueba de su enorme brutalidad. Tantas primeras veces tras 86 años de entregas hablan del enorme racismo, homofobia, misoginia y conservadurismo del ambiente.

La situación no tiene secreto, según señalan las revistas especializadas la mayoría de los 6.000 miembros de la Academia que deciden los premios, son hombres y blancos. Y en esta oportunidad mostraron además que no todos tienen interés por el cine, algunos de ellos confesaron haber votado por 12 años… sin verla, afirmando “que actuaron así porque se sentían obligados a hacerlo dada la enorme relevancia social de la película… pero decidieron no verla ya que consideraban que les resultaría “demasiado perturbador”… debido a su ‘extrema violencia’ y el crudo tratamiento que hace de un tema tan escabroso”.

El premio para 12 años… causó opiniones disímiles. En EE.UU., la inmensa mayoría de la prensa festejó la decisión y fue elogiosa. El sitio Metacritic, que reúne la mayoría de los comentarios de medios, registra un 97% de evaluación positiva. Mientras en el mundo exterior, muchas de las reseñas fueron negativas. En nuestro país desde sitios especializados hasta diarios como La Nación o Página/12 cuestionaron la película.

Es evidente que la diferencia entre la lectura de un film de tipo “histórico” como 12 años… al interior de EE.UU., y la que se tiene más allá de la frontera, se enmarca en diferentes situaciones políticas, además del (mal) gusto cinematográfico. Pero antes de seguir, ¿no muestra nada distinto la elección de un negro y un mexicano, como antes una mujer? La primera respuesta socarrona es que, hablando con un leguaje directo, podemos decir que Hollywood premia a un negro que adquiere la mirada del blanco, a un latino que demuestra haber aprendido a hablar el lenguaje audiovisual norteamericano como ninguno[1]; y hace cuatro años premió a esa mujer que supo exaltar muy bien la virilidad y el poder de fuego del ejército norteamericano.

De la letra a la pantalla

Un film es entretenimiento y nada hay contra eso. Muchas veces desde esa perspectiva se cuestiona con razón la crítica meramente política o ideológica a una película. Pero 12 años… hace relativamente más fácil su análisis, porque reclama para sí un lugar como “film histórico” al punto que su productor Brad Pitt (especie de Abraham Lincoln en la cinta) proclamó que sería “la película definitiva sobre la esclavitud”; y la Asociación Nacional de Juntas Escolares la convirtió en material de visión obligatoria en todas las escuelas secundarias públicas. Si sumamos a esto que se plantea crecer en taquilla al haber sido premiada, todo parece ubicarnos ante una interpretación de la historia norteamericana que intenta volverse “oficial”. En este sentido cabe recordar un posible abordaje para la interpretación de los filmes planteado por Marc Ferro, quien sugiere que las películas deberían ser tomadas especialmente como fuente histórica del momento en que han sido elaboradas.

12 años… se basa en el valioso testimonio escrito por el negro Solomon Northup, hijo de esclavos que habiendo nacido “libre” fue secuestrado, trasladado al sur del país y esclavizado. Leer su libro[2] es conocer de primera mano una experiencia brutal sobre los horrores fundacionales de Estados Unidos. Sin embargo en la elaboración del guión se dejaron de lado la mayoría de los planteos disruptivos del texto original, y otros fueron interpretados suavemente.

“El edificio daba a una calle de Washington. Desde fuera tenía el aspecto de una tranquila vivienda particular… Por extraño que parezca, al otro lado de aquella casa se alzaba imponente el Capitolio. Las voces de patrióticos diputados llenándose la boca con la libertad y la igualdad casi se mezclaba con el traqueteo de las cadenas de los pobres esclavos. Un corral de esclavos a la sombra del Capitolio”.

Esa implacable metáfora que Solomon construye para describir Washington se traduce en una escena que no le hace honor, con el actor gritando por ayuda tras una ventana vallada, mientras la cámara montada sobre una grúa se eleva y lo abandona ahí abajo, para descubrir a lo lejos y en silencio el Capitolio. En 12 años… el actor interpreta a un negro resignado, pero eso no se percibe en el libro donde él se permite ser irónico con su terrible destino y acido en las apreciaciones, como las imágenes que construye para describir el inicio de su terrible viaje:

“Y así, esposados y en silencio, atravesamos las calles de Washington, la capital de un país cuya teoría de gobierno, según nos dicen, se apoya en la fundación del inalienable derecho a la vida, la LIBERTAD y la búsqueda de la felicidad. ¡Bravo! ¡Columbia, una tierra feliz, por supuesto!”

“… Sonó la sirena al pasar por la tumba de Washington. Burch [el negrero], desde luego, se quitó el sombrero y se inclinó reverentemente ante las sagradas cenizas del hombre que dedicó su ilustre vida a la libertad de su país”. 

Ningún director está obligado a seguir la letra del libro original, pero está claro que algunas de las metáforas visuales escritas en 1853 por el verdadero protagonista, tienen pasajes políticos que no fueron tomados en cuenta. Y quizás sea porque ellos podrían servir de conexión al presente, algo que el film deliberadamente no busca. En la película da toda la sensación de que el protagonista negro, si no fuera por su piel, es un blanco. Por sus modales y costumbres se construye la impresión de estar ante un ciudadano de clase media, limpio de cualquier “rito de negro”, cuyas conexiones con África o “su raza” parecen no existir… si se produce una identificación es con esa encarnación de la “americanización” que habita en el personaje.

La idea de “la frontera” como el espacio de construcción del “espíritu americano”, que alimentó los western como mito fundacional de la nación, y luego se trasladó a las aventuras sobre las fronteras exteriores, como el lugar donde la civilización choca con la barbarie, forjando y afirmando los valores excepcionales de Estados Unidos, se traslada en 12 años… nuevamente al interior. Pero “la frontera” se dibuja de tal manera que Solomon es arrastrado a un lugar que parece otro país, habitado por psicópatas, sumido en la barbarie “tras las líneas enemigas”, lo que oculta toda referencia posible a la esclavitud como parte constitutiva del inicio del capitalismo yanqui. Esto se refuerza en tanto la existencia del lugar idílico donde habitaba y fue arrancado, aparece como eterna; parece decirse que “siempre la tierra de la libertad ha estado ahí”.

Es en esta estructura que mientras en el libro original, Solomon dice que “no hubo ni un solo día en que no pensara en escapar” , en la versión fílmica el negro solo busca ser rescatado por blancos a través de una vía legal. Aún mas, aunque Solomon se declara contrario a la insurrección de los esclavos, las reflexiones sobre esto y la libertad que ocupan todo un capítulo del libro en el film no tienen lugar:

La “idea de insurrección no es nueva entre la población esclava de Bayou Boeuf. En más de una ocasión he asistido a reuniones serias en las que se trataba el tema… [pero] creo que sin armas y sin municiones, e incluso con ellas, ese paso solo traería la derrota…

…Se engañan aquellos que creen que el esclavo ignorante y envilecido no se da cuenta de la magnitud de sus penurias. Se engañan aquellos que creen que siempre se levantarán con la espalda lacerada y sangrando para pedir clemencia y perdón. Llegará un día, si es que se oyen sus oraciones, en que se vengarán, y entonces será su amo el que llore en vano pidiendo clemencia”. 

Pero nada de estos “malos pensamientos” construyen el héroe de 12 años… al contrario, fiel al estilo de Hollywood, el sistema muestra que funciona porque las disfunciones son superadas por él mismo. Llegará un blanco legalista que dará la libertad al negro. Y el Juicio iniciado y perdido por Solomon contra sus secuestradores solo ocupará un cartel cuando el “final feliz” fue concretado. Justamente porque dar lugar al Juicio perdido, quitando quizás parte de las largas escenas de latigazos y tortura estetizada, volcaría la película al otro extremo, encerrando la estructura del guión en el mismo círculo de injusticia que sufrió (y sufre) la población negra.

La vivencia del pasado

A partir de la hegemonía del medio audiovisual en la cultura contemporánea, varios historiadores señalaron irónicamente que en cualquier disputa o controversia histórica, “ganaban las versiones cinematográficas” aunque fueran completamente falsas o, como en la literatura, una representación libre del pasado basada sobre hechos reales. El lenguaje de imágenes se impone en la difusión y el conocimiento de la Historia a nivel masivo, sin importar si se trata de “documentales” o “ficciones”. Y aunque los trabajos históricos escritos también intentan transportarnos al pasado, se lee poco al tiempo que nuestra vivencia del mundo creado por las palabras nunca parece tan verídica como la que reproduce la pantalla. Si pensamos en la historia norteamericana eso pasó con los western. Las películas sobre el pasado realizadas por la gran industria son ante todo espectáculo, pero el de Hollywood es un espectáculo consumido por millones de personas en todo el globo. Cuanto más lejano es el pasado que abordan esos films, mas suelen separarse “la reconstrucción histórica fiel” del momento que reconstruyen; y la fabricación del verosímil adopta ante todo códigos del presente. Sucede entonces que cuando asistimos a la sala de cine, el mundo que las películas convencionales reconstruyen se vuelve familiar al nuestro, por lo cual casi nunca reflexionamos que es un artificio. Justamente el lenguaje del cine norteamericano basado en el ocultamiento del montaje refuerza al extremo la ilusión de realidad, se esté en el siglo XIX o en el espacio exterior. Esa es la base del poder de entretenimiento de las historias que tanto “nos atrapan” y gustan, al mismo tiempo que su mayor dispositivo de transfusión ideológica. Podría suceder gratamente que esa representación ficcional cinematográfica nos permita descubrir una época ampliando nuestra percepción del pasado, transmitiéndonos su espíritu, y la mayoría de las veces esto también se realiza a condición de no atenerse a la historia ni pretender rigurosidad científica, justamente porque es una ficción sobre la misma y puede hacer valer su derecho a la narrativa en base a un lenguaje libre. El director así nos habla de nuestro mundo, y cuando eso sucede el pasado se une al presente y lo critica. Está claro que ese no es el caso de 12 años de esclavitud.

En los últimos tiempos distintos elementos vienen marcando un desgaste en el gobierno de Obama, y una creciente desilusión con las promesas que el Partido Demócrata “no cumplió”, al cual Hollywood en su mayoría viene apoyando. Como respuesta a la crisis económica el gobierno aplicó la política de rescate a los grandes capitalistas y banqueros, mientras la desigualdad social, empleos basura, sueldos miserables y ataques a las conquistas obreras no dejaron de crecer. Ante esta situación se vienen expresando movimientos juveniles y de trabajadores que comienzan a luchar y organizarse. En este escenario, la mejor película elegida ayuda a retomar un perfil progresista. 12 años… responde a la era de ese actor político llamado Barack Obama.

Más allá de todo, lo rescatable es el valioso testimonio histórico de Solomon Northup, opacado en la película. También es posible pensar que la repercusión positiva en el público masivo no exprese los mismos intereses que la maquinaria industrial encargada de premiar. Mientras existen expresiones de cansancio con los valores más reaccionarios de EE.UU., Hollywood se acomoda y adapta su discurso para obtener ganancias. “La Academia” también sabe por experiencia que el cine puede colaborar en “inventar” un hecho que a fuerza del poder de la industria cultural se transforme en “verdad histórica”, pero hay que tomar en cuenta que la hegemonía de cualquier versión de la historia siempre se dirime en otros terrenos mucho más allá de las pantallas.

Violeta Bruck y Javier Gabino

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[1] “Gravity” es un filme que tiene ese grado de hipnosis que solo Hollywood ha podido perfeccionar a nivel industrial, luego de los primeros estudios sobre el mismo que hicieron las grandes cineastas de vanguardia. Se trata de provocar las reacciones corporales de los espectadores, movimientos en las sillas, tensiones emocionales. Los galardones a “Gravity” son la distinción a la capacidad de hipnosis que tanto podemos disfrutar en el entretenimiento masivo. Un reconocimiento a la constante tensión lograda por la combinación visual de efectos 3D, sonido envolvente y ritmo de montaje, que hipnotizan la mente de tal manera que Sandra Bullock parece buena actriz, logrando que una historia inconsistente te deje pegado a la silla. El director mexicano Alfonso Cuarón aprendió el lenguaje norteamericano mejor que los maestros.

[2] El libro original es Doce años un esclavo. Los pasajes citados en adelante pertenecen a ese texto.

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Mika Etchebéhère, un viaje en busca de la revolución [idZ]

Sobre el preestreno del documental y nueva edición del libro.

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El martes 27 de agosto en el cine Gaumont se realizó un preestreno del documental Mika, mi guerra de España. Las palabras de presentación de Fito Pochat, uno de los codirectores junto a Javier Olivera, y que es también sobrino nieto de Hipólito y Mika, rescataron esta historia como un ejemplo de la consecuencia entre las ideas y la acción. Cristina Banegas, comentó que al leer el libro quedó tan fascinada con la historia que significaba un gran honor para ella poder representar la voz de Mika en este documental.

La película se basa en el libro que lleva su mismo título, escrito por la argentina Mika Etchebéhère para rescatar su experiencia durante la Revolución Española. Fue publicado por primera vez en Francia en el año 1976, y luego de varias ediciones españolas, se lanza ahora en Argentina, por iniciativa de Motoneta Cine, productores del documental, y la editorial Milena Caserola.

La luz se apagó y apareció la primera sorpresa: Mika Etchebéhère se prepara para una entrevista. Nos imaginábamos una película que recreaba la historia, pero nos encontramos con esta gran noticia, dos entrevistas a Mika rescatadas de archivos olvidados y ocultos, que nos metieron de lleno en la historia de estos personajes argentinos viajando por el mundo en busca de la revolución. Los realizadores nos contaron luego que el encuentro de este material fue también una gran sorpresa para ellos, que ya estando avanzados en la producción, apareció este archivo para replantear el trabajo.

A través de imágenes en blanco y negro, con rayas y el deterioro que deja el paso del tiempo, sumado a otras ya en colores, filmadas en los años ‘80, el documental va entrelazando estas entrevistas con archivo histórico, recorridas por los lugares donde sucedieron los hechos, las reflexiones de Mika a través de la voz de Banegas, y el relato de su sobrino, Arnold Etchebéhère.

Múltiples recursos que conforman una “road movie revolucionaria” para llevarnos junto a sus protagonistas a recorrer importantes momentos de la lucha de clases. España es el comienzo, no importa la cronología, ya en los primeros minutos de la película Mika describe una España de 1936 donde “el pueblo tenía el poder, pero no el gobierno…y la única legalidad era la legalidad revolucionaria”. Y desde esa revolución, que siempre fue el objetivo de todo su recorrido, se vuelve para atrás en la historia para descubrir los demás escenarios. En la Argentina, Hipólito y Mika se conocen al calor de la Reforma universitaria y militan en el grupo Insurrexit. Recorren la Patagonia, en donde trabajan hasta juntar los fondos para viajar a Europa. Las imágenes actuales de los lagos, las montañas, junto a las fotos de ellos en esos paisajes, refuerzan las palabras de Mika cuando escribe que la Patagonia fue la “gran tentación”, dejada atrás por las fuertes convicciones forjadas en la juventud, que ponen la impronta, para partir del tranquilo sur argentino a la agitada Alemania de los tiempos previos al nazismo. El paso por Alemania combina las imágenes de archivo de grandes movilizaciones obreras, con edificios imponentes en la actualidad que tienen el eco de los discursos nazis. Los textos de Mika mezclan desesperación y bronca por la política llevada adelante por el Partido Comunista y Stalin.

En España, las imágenes actuales tienen los rastros de la revolución. Los alrededores de Madrid en donde estuvieron peleando, la catedral de Sigüenza en donde resistieron, la escalera por donde se escapan hacia el bosque y el río, los refugios. Todas las paredes tienen las huellas de balas y bombas. El relato histórico encuentra sus marcas en la imagen, y esta combinación nos transporta en el tiempo para hacernos sentir más cerca el pulso de esta lucha. La muerte de Hipólito en medio de la batalla marca un punto, en la historia y en la película. Ella vuelve unos días a Paris, y ahí las imágenes actuales de la pequeña pieza en donde vivían se entrelazan con los recuerdos personales, siempre en permanente fusión con el compromiso militante, con la convicción revolucionaria de cambiar el mundo. Los recuerdos fortalecen las convicciones y vuelve a España decidida a ponerse al frente de su columna del POUM[1]. Mika e Hipólito se habían unido al POUM porque se identificaban políticamente con la oposición al estalinismo, en Argentina habían sido expulsados del Partido Comunista, en Alemania fueron críticos de la línea política oficial, y en Francia estuvieron ligados a los grupos de la Oposición de Izquierda.

Mika vuelve para ponerse a la cabeza del combate y de todas las tareas, conoce a cada uno de los milicianos a su cargo, mantiene en alto la moral de la tropa, y muchas mujeres vienen desde otras columnas para sumarse a la suya. El tiempo que le toca estar al frente coincide con el fortalecimiento del estalinismo y el comienzo de las persecuciones contra la oposición. Cuenta una anécdota de cuando estuvo presa porque un camarada gritó tres veces “¡Viva Trotsky!” y los detuvieron. Ella remarca que los propios guardias la llamaron “Capitana” y entonces mira a cámara, y hace un gesto de orgullo al contarlo. A lo largo del documental, las dos entrevistas transmiten con sus propias palabras y gestos, la convicción política militante, y su certeza de vivir en consecuencia con sus ideas. Mika, mi guerra de España es un viaje en busca de la revolución. Los títulos finales hablan sobre su participación en el Mayo Francés y en las movilizaciones en Francia contra la dictadura Argentina, siempre activa hasta su muerte en 1992.

Este nuevo documental aporta también en el necesario rescate de la militancia marxista argentina y de las mujeres revolucionarias. Este año se realizó el preestreno y a comienzos del próximo año se podrá ver en el cine. Para conocer más su historia la nueva edición del libro, que cuenta con fotos y una carta de Julio Cortázar, es un material muy importante. También en 2012, se editó Mika de Elsa Osorio, y en 2006 en Luchadoras, historias de mujeres que hicieron historia, editado por la agrupación Pan y Rosas, se destaca un capítulo que rescata y profundiza su historia. La película termina y nos quedamos con la vitalidad de las palabras de Mika, que a sus 80 años, nos contagian e invitan a seguir su camino.

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(1) El POUM, (Partido Obrero de Unificación Marxista) se funda a fines de 1935 sobre la base de la fusión del Bloque Obrero y Campesino (militantes del PC Catalán y Fed. Catalano-balear del PCE), y la Izquierda Comunista, integrante de la Oposición de Izquierda hasta febrero de 1936. Trotsky mantuvo diferencias con la política del POUM. Cuando en enero de 1936 el POUM firma el programa electoral del Frente Popular, Trotsky caracteriza a esto como una traición. El POUM no representó en España la política del trotskismo, pero igualmente fue perseguido por el estalinismo que encarceló a sus militantes, y asesinó a su dirigente Nin.

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De la Bienal de Venecia a las discusiones en el arte nacional

La Bienal de Venecia, una de las más importantes del mundo, existe desde 1875 y ya entrado el siglo XX se ganó las miradas internacionales y distintos países empezaron a instalar pabellones.

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Este año, en la 55º edición de la Bienal el director italiano Massimiliano Gioni, eligió el tema del “Palacio Enciclopedico” para la exposición central desarrollando la idea que todo el conocimiento humano puede estar en un edificio. Participan ochenta y ocho países de las muestras nacionales, y son muchísimos artistas que inundan toda la ciudad de Venecia. La Bienal se organiza con un pabellón central en el parque Giardini que consta con 30 pabellones permanentes y pabellones de alrededor, que los países pagan por  adquirir. Este año, se sumaron nuevos pabellones y por primera vez, la Argentina cuenta con un espacio en el Arsenale.

Metáfora o propaganda: la atracción del pabellón argentino

“Eva argentina: metáfora contemporánea”, es la principal obra del pabellón argentino, de la consagrada Nicola Costantino. La instalación consta de cuatro espacios. En el primero, una video instalación que muestra a Nicola transformada en Eva en momentos cotidianos e íntimos, hasta desde el balcón hablándole a las masas.  En el segundo espacio, se ve un dormitorio de la época donde en el espejo se puede ver a “Eva” arreglándose. La tercera parte, hay un espacio de cristal cerrado, en el que un vestido como corset de hierro recorre y choca por las paredes vidriadas constantemente. En el último espacio, dos reflectores iluminan una mesa de metal que estaba llena de hielos en forma de lágrimas que al derretirse se escurrían por un orificio produciendo un goteo constante.

Un instalación ambiciosa y muy buena; pero más allá que la novedad sea la representación de Evita utilizando elementos contemporáneos como una instalación y lo conceptual; la obra cobró relevancia en los medios internacionales por la intervención del gobierno.

La obra, había sido nombrada por Costantino “Rapsodia inconclusa”, pero la Presidenta le cambió el nombre por “Eva Argentina: una metáfora contemporánea”. Desde ahí,  las divergencias entre la política estatal y la artista se hicieron evidentes. Entre la propaganda reivindicativa y la metáfora.

La artista, al permitir el cambio de nombre de la obra abrió la puerta a lo que sucedió en la exposición, donde fue intervenida la misma. A la obra se le agregó una quinta parte, en un recinto cerrado con letrero de la Presidencia de la Nación, donde se proyectan tres documentales con escenas históricas de Eva Perón y también actos políticos actuales, reivindicando a “La Campora”.

El kirchnerismo con esto pretende dar una sola lectura de la obra, desnudando verdadera intención: hay “formas” y “formas” de representar a Evita, apropiándose de la misma. Ante esto, la artista y el curador, dieron una impotente respuesta poniendo el siguiente escrito: “El curador y la artista consideran este espacio innecesario y que puede confundir la interpretación de la obra”. Nicola declaró, “El curador y yo consideramos que es algo muy tendencioso. Ha sido un gran error del gobierno y ha caído muy mal. Mi intención es deconstruir esa imagen política y dogmática de Evita. Yo quiero presentarla desde un punto de vista más emotivo, íntimo y femenino”[2].

Pero el malestar del artista, no es por diferencias con el gobierno; sino por la mala crítica que recibió en los medios internacionales su obra al tener el “sello” de la Presidencia de la Nación. Tranquilamente Nicola podría haber bajado su obra, se podría haber negado a participar cuestionando  hasta el final la voz del estado en su obra y su utilización por el kichnerismo. Pero luego declaró: “Entiendo que es un error, no un uso político. No creo que alguien pueda ser tan torpe como para imaginar que se debe hacer política partidaria en la Bienal de Venecia”(3); lejos de un cuestionamiento más profundo a la injerencia estatal y la política que el gobierno lleva adelante, incluso la utilización política de su obra; la visión de la artista sostiene que el arte tiene que ser “apolítico” alejado de la realidad misma.

Los pabellones

La historia de los pabellones nacionales está marcada con fuego, su asignación fue dictada por la política internacional de los años 30 y por la guerra fría. Pero hoy en día, donde el arte es uno de los “negocios” a nivel internacional y un gran legitimador; los pabellones nacionales son muy cotizados. Se calcula que la Bienal se financia con más de 13 millones de euros cada dos años, donde mayoría proviene de patrocinadores y fuentes privadas.

Este año, la Argentina ha gastado dos millones de euros en la rehabilitación de la sala Arsenal que albergará el pabellón nacional por los próximos 20 años. Cristina Kirchner, el 29/05 por video conferencia inauguró el pabellón argentino, y se hizo presente en Venecia una comitiva de funcionarios y artistas, donde además se propuso una Bienal Argentina,  la tan mentada “Artepolis” ideada por Miguel Rep.

En su discurso, Cristina afirmó “que en los últimos diez años el PIB en cultura alcanzó en el país el 3,8% del total de la economía” y destacó que la década ganada en la cultura generó unos 200 mil puestos de trabajo directo, otros 200 mil de empleo indirecto y que diez millones de argentinos disfrutaron de los 26 museos nacionales” [1] Pero más allá de lo que diga Cristina, la mayoría de los argentinos vive otra realidad.

¿Es esta una década ganada para la cultura?

En estos diez años de Kichnerismo, los que siguen accediendo al arte y la cultura siguen siendo los mismos sectores. No importa que en las fechas patrias haya grandes espectáculos, donde el pueblo participa como un mero espectador pasivo,  si en el día a día los trabajadores y el pueblo pobre están por fuera de esta realidad.

Sigue primando la precarización laboral, los contratos eventuales, miles de jóvenes dejan la vida en las fábricas por los altos ritmos de producción. Ni hablar de los salarios que no alcanzan a cubrir la canasta familiar.  Si no hay tiempo para el ocio, la década ganada para la cultura sigue siendo para unos pocos, para los que en estos diez años hicieron fortunas, para los empresarios y las clases pudientes.

En la educación artística los datos son claros. La universidad más importante de arte de Latinoamérica, el IUNA, está en emergencia edilicia y presupuestaria desde el 2005. De nueve departamentos, sólo dos cuentan con edificios propios, el resto no cuenta con las condiciones necesarias para la cursada y se gastan miles de pesos en alquilar espacios que no son aptos  (y tampoco se pueden arreglar porque son alquilados). Los edificios históricos como el museo de calcos de la Cárcova y la Prilidiano Pueyrredon no se usan porque, el primero está en refacciones desde el 2006 y el segundo corre peligro de derrumbe desde el 2010.

La situación no cambia mucho en los terciarios de arte. Los ISFAS se cursan en edificios que tampoco cuentan con las condiciones necesarias de cursadas, y las escuelas municipales no tienen edificios propios corriendo siempre el riesgo de que se cierren las carreras. .  Además la problemática de los planes de estudios interminables. Es decir, el presupuesto destinado para el arte y la cultura está en función de los grandes eventos gubernamentales, en vez de estar destinado a la educación de nuevos artistas y profesores, y en que nuevos sectores puedan acceder al goce de la cultura y la formación

Mientras que en los medios se habla del “gran arte”, de los grandes eventos internacionales del arte como la Bienal de Venecia, la creación y la imaginación están muy separadas de la vida cotidiana de millones, que estén en Argentina, Italia, o India, se levantan todos los días con una misma rutina: cumplir con largas jornadas de trabajo en el mejor de los casos o rebuscárselas para llegar a fin de mes.

La discusión de la Bienal y la intervención del gobierno, demuestra que más allá de los posicionamientos políticos de los artistas, que el arte y la cultura está lejos de ser libre en esta sociedad basada en la desigualdad, la impunidad y la represión a los que luchan. Un arte verdaderamente libre, tiene que cuestionar los límites del mercado y su utilización, aspirando a unir el arte con la vida.

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[1] Clarin 29/05/2013 “Cristina inauguró por video conferencia el espacio argentino en la Bienal de Venecia”
[2] BBC 04/06/2013 “Venecia, Borges y un polémico pabellón argentino”.
[3] Perfil 09/06/2013 “Cristina pidió otro final para Evita, pero politizaron mi obra”

Black Mirror, la proyeccion cosificada.

Varias personas que conozco recomendaron que viera Black Mirror, una serie de TV británica, así es que ví la primer temporada (solo tres capítulos durante un fin de semana). En general me decepcionó, acrecentado quizás porque las recomendaciones eran muy fuertes.

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De los tres capítulos iniciales, es el segundo el mejor por lejos, el único que tiene algo que perturba (objetivo que la serie buscaría). Pretende ser una critica aguda a nuestro mundo, y desenvuelve así una proyección del desarrollo de la sociedad actual y las nuevas tecnologías, en clave negativa, mientras coquetea con el cine “gore”. Todo obviamente para hablar del presente, de ahí lo mejor, su nombre: espejo negro. Pero la verdad me pareció completamente fría, lo que no quiere decir “inquietante” (lo que sería bueno), sino distante, aséptica, publicitaria. Aunque quizás en todo eso radique al mismo tiempo su importancia, o lo interesante de pensarla ¿es un producto cosificado que habla de la cosificación?. Quiero decir que no sentí nada humano crujiendo en serio tras las imágenes, como cuando ves una película de Cronemberg, obsesionado “genuinamente” con el futuro, el poder, la degradación de los cuerpos, y el sexo anal. Desde “videodrome” Cronemberg abordó el poder del audiovisual y los medios, en esa película el protagonista (“Max”, propietario de un pequeño canal de TV en busca de productos para subir audiencia) dá con  una señal inestable que lo único que emite son torturas, aparentemente reales y que se llama Videodrome’. Max queda fascinado por la emisión, y la capacidad de atracción de sus imágenes, pero su mundo empieza a transformarse desde ese momento. Las señales afectan su forma de experimentar la realidad, no puede distinguir entre la vigilia y el sueño, no diferencia lo que ocurre con lo que imagina, y se ve incapaz de superar esta nueva adicción: ver, tan dañina como placentera. Un par de décadas después tratará los mundos virtuales en Existenz, videojuego que se conecta al cuerpo por orificios artificiales muy sexuales, y llevan a la perdida de la realidad, incluso en el guion del film.

Pero volviendo a Black Mirror, la primera tanda son tres capítulos unitarios así es que me siento libre de escribir sin orden:
El capitulo uno es una ironía de que un tipo, un artista, secuestra a la princesa británica (pero no le corta un dedo), y obliga al primer ministro a tener sexo ante las cámaras de TV con un cerdo, en vivo, supuestamente para liberarla (divertido pero nada mas, cuidadosamente filmado, pero “no se ve nada”, todo en orden).

El tercero desarrolla una “buena idea” que ahi se queda, sobre un mundo futuro pero muy cercano en que cada ser humano tendría un implante para “grabar recuerdos” (y obvio, imaginemos todo lo que eso implica, con el sexo, las peleas de pareja, las historias personales pasadas, el mismo presente, incluso ahí es directo tener sexo “proyectandose” otra imagen en la mente, etc.), pero me resulta redundante, no inquieta, no duele. Yo creo que las ideas argumentales tan directas necesitan  gente muy grosa para realizarse o naufragan, como esa película llamada El precio del mañana muy mala.  El precio del mañana tiene también una “buena idea”, el argumento de que la gente cobra por su trabajos “tiempo de vida”, les “pagan” horas, días, minutos, y así debe vivir y debe morir. Pero está tan mal hecha, incluso le meten un rebelde, una heroína, una rebelión y bla bla, malísima desde todo punto de vista. ¡Es que el cine B, debe ser B!

Esto me hace pensar que las “metáforas sin metáforas”  en el cine son una cosa realmente seria, un desafío, como “They live/ Ellos Viven (en español) de John Carpenter. They live es una película de 1988 pero basada en un relato de 1963 de Ray Nelson titulado “Eight O’Clock in the Morning” (Las ocho de la mañana). En esta película un trabajador encuentra fortuitamente unos anteojos que permiten ver a las personas en su aspecto auténtico, y descubre que importantes políticos, artistas, periodistas son en realidad extraterrestres, cuya raza alienígena llenó el mundo de mensajes subliminales que pretenden convertir a los humanos en una especie esclava. Entonces cuando se pone los anteojos ve realmente qué dicen los anuncios luminosos, qué dice la TV, las tapas de las revistas: “consume”, “obedece”, “mira TV”, “compra”, “no pienses”, “cásate y reproduce”, “confórmate”. Pero They live está viva, es muy rara, estilo thriller, con humor negro y mordaz, directo.

En realidad a algo parecido se acercaBlack mirror en su segundo capitulo, en ella trabajadores que nacieron invitro pedalean toda su vida para producir luz ante pantallas de TV individuales, acumulando puntos que les permiten vivir, se relacionan entre sí solo mediados por redes audiovisuales sin contacto humano directo, y están bombardeados por publicidad invasiva en cuartos cerrados (la cual solo pueden evitar pagando para “no ver”). Para mí es el único capitulo de la primer temporada que te pone delante seriamente un espejo negro. La desesperanza y la búsqueda de salida, el idiota formateado por los medios, los síntomas de deseo, el deseo de vivir realmente, la propuesta de la aventura, el amor reducido a un roce de manos, el espectáculo de TV que todo lo devora.  La imagen de la chica degradada al porno me persiguió varios días. Un sistema que todo lo asimila, hasta el rebelde, que guardará su arma improvisada en una caja de cristal. Todo mal. Por eso mismo, todo bien. Si la segunda temporada se encamina por ahí… Pero de conjunto, no pude sentir latidos de critica genuina, de retorcida humanidad quejándose en la imagen, al contrario me parece que cada cosa ocupa su lugar en el guion, no hay excesos, no inquieta demasiado. Da cuenta quizás de que existe un “publico” ávido de criticas fuertes, que ya “proyecta” ese mundo en su vida actual, para lo cual se realiza industrialmente un caramelo. Por algo “Endemol” (la productora) en un comunicado dijo que “se nutre de nuestro malestar contemporáneo sobre nuestro mundo moderno”.

Soy consciente de que a muchos de mis conocidos, sobre todo quienes recomendaron tan entusiastas la serie, no les va a gustar esta opinión, pero repito, no es que Black mirror no proyecte un espejo negro de nuestro mundo, de nuestras relaciones, de nuestras comunicaciones, que no haya critica, es que me parece “envasada”, por eso hay que verla, y quizás sí, lo mas interesantes es que es un producto cosificado que habla de la cosificación.

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Sobre los valores de las cintas cinematograficas

El sábado 2 de febrero tuvimos oportunidad de ver con varios amigos y compañeros “Manos arriba” o “Las manos en el aire” (depende la traducción de su titulo original “Les mains en l’air” -2010-) una película francesa de ficción.

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El film se proyectó en el Centro Cultural San Martín de Buenos Aires, y su director Romain Goupil, es realizador entre otras, de “Morir a los 30″, aquella película sobre militantes de la JCR en el Mayo Francés  de la cual él fue parte, y que hace años grabamos en VHS para poder tenerla una vez que la pasaron en TV. Esta pelicula, muy buena por donde se la mire, solo se proyectaba una vez en el marco de un ciclo de Cine Francés actual inédito. No puedo dejar de pensar que esta proyección única se dió en la misma semana que tuvimos “desembarco de tanques” en las salas masivas argentinas, con “La noche mas oscura” de Kathryn Bigelow, “Dyango si cadenas” de Tarantino y “El lado luminoso de la vida” de David O’Russel. Seguramente el valor de producción y recaudación de estas tres cintas contra “Las manos en el aire”, incluso en su propio país, debe ser muy distinto, pero eso en si mismo no tiene importancia. La comparación que me surge es sobre la diferencia en los valores humanos, espirituales, sentimentales si se quiere, que expresan estas películas. Algo tan importante para mirar y transformar el mundo.

“Las manos en el aire” tiene uno de los comienzos mas atrevidos, a contrapelo, y disrruptivos que vi en los últimos tiempos, sólo por el hecho de plantar su presente en un 2067 que se despliega deseable, armónico, apacible, y que no es un mundo barrido por bombas nucleares, meteoritos o robots, ni es el ámbito de “una barbarie finalmente establecida”, proyección lógica de “nuestro presente sin salida” (que es el espíritu general del “futuro” de los films norteamericanos). El director se atreve así a decir que dentro de tan solo 60 años el mundo será muchísimo mejor, y Milana la protagonista, una mujer de origen checheno, ni se acuerda el nombre del presidente actual de Francia, pero si recuerda que en estas fechas actuales (2009) a los niños como ella se los trataba mal, había segregaciones, y miserias que por suerte ya no están… ¡¡y lo que sale en los diarios es que Tarantino ha vuelto a transgredir como de costumbre y ahora rompe algunos platos de la historia negra con Dyango!! peli que aún no ví, y que seguramente me va a resultar muy entretenida y divertida, con sus tiros y coreografías de muertos, como todos sus cómics muy bien logrados.

En “Las manos en el aire” no se tira un solo tiro de arma de fuego, sus protagonistas son todos niños, pero por eso mismo también me parece que está llena de balazos a los valores que transpiran la mayoría de las películas que hoy tienen cartelera masiva. Con el humor y la “ingenuidad” de unos chicos, lo que se ve es la pelea de la solidaridad, los lazos desinteresados de amistad, el amor, y la risa del juego, contra un mundo de Ocupación dirigido por adultos, plenos de leyes, gendarmes, individualismos y derechadas. En la trama explicita la banda de chicos actuará para que Milana no sea deportada por inmigrante ilegal, y hay una mujer (la madre de uno) que salva con todo derecho el honor de la vieja generación en una actuación excelente como “socialista de izquierda cristiana”, según la acusa uno.

En concreto la abismal diferencia no pasa por maestrías técnicas o recursos formales innovadores, sino por esta diferencia de valores.

Por ahí lo que mas me llevó a pensar en esto es que al otro día de disfrutar “Las manos en el aire”, miré para saber de qué se trata (y como se merece) “La noche mas oscura”: en un buen DVD pirateado que luego se puede tirar a la basura. Ese es un film atrapado por el espíritu de los tiburones, impregnado de la necesidad de mantener el espacio vital para la realización del destino manifiesto de EEUU (sea con Bush, sea con Obama). Pero Bigelow ni siquiera es Leni Riefenstahl.

No esta de mas decir que el director de “Las manos en el aire” desde sus posiciones políticas no es tan copado, cuando fue la guerra de Irak apoyó la intervención de EEUU “para sacar al dictador Saddam”. También entre las actrices del film está la hermana de Carla Bruni, es decir la cuñada de Sarkozyi (lo que hizo mas polémica la peli, pues es de él de quien “la historia” se olvida). Estoy muy lejos de pensar que sería mejor que nos domine el imperialismo francés, para que al menos haya mejor cine en las salas masivas. Lo que en realidad creo es que cuando hay una verdadera obra de arte en gran medida se separa del autor, superando cualquier fin inmediato que pudiera haber tenido, adquiriendo un valor universal y sirviendo a la generación de otra sensibilidad, la que nos hace falta. Quizás “Las manos en el aire” se pueda bajar por Internet en algún sitio para poder verse, intenten verla.

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Qu’ils reposent en revolte (que descansen en rebelion)

“Figuras de guerra” o mejor el titulo en francés “Qu’ils reposent en révolte”, algo así como “Que descansen en rebelión”. Si no la vieron no pierdan el tiempo, vayan al Centro Cultural San Martín (sala Lugones, de Buenos Aires).

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No hay palabras-imágenes que permitan describir en pocas lineas lo que es la película. Dura mas de dos horas y media, pero no es larga ¿que importa ese tiempo sentado cómodamente en la butaca de espectador, comparado al tiempo infinito de dolor y tortura al que “Europa” somete a los habitantes de sus “patios traseros”?. Hay un error en lo que la critica llama “poesía” en este film, o lo que otros dijeron: que la unión entre “forma y el contenido” nunca estuvieron mejor en una película.  La forma no es la ropa del contenido. En realidad “la forma” de un film es el método que se define para acercarse a la realidad y descubrir una verdad, por eso cada documental encarado con curiosidad verdadera debe fundar su propio método. El método de Sylvain George, su director, te deja tan adentro del sacrificio brutal de los inmigrantes para buscar una salida, saltando desde la ultima trinchera de la vida, que al mismo tiempo te demuestra que ni por las tapas sentiste alguna vez algo parecido. Y no vas a poder mas que intuirlo. El capitalismo destruyendo las vidas de miles, y miles, y miles, y miles, y miles, como si nada, triturando con inercia, con la misma brutalidad burocrática del Holocausto, en masa. La masacre de los posibles individuales. Quizás ninguno de sus protagonistas este hoy con vida. Es casi seguro. Uno de ellos dice “estamos ni del todo vivos ni muertos, ni acá ni allá, ni humanos ni animales, a la mitad”. Si no la pudieron ver, veanla. Si no pueden ir a verla, consiganla. Si no tienen tiempo, háganselo. ¡Muerte al capitalismo en todo el mundo!

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