Francotirador, retrato de un asesino americano

Con el estreno de Francotirador (American Sniper) de Clint Eastwood, Warner Bros. lanza otra megaproducción para glorificar al ejército norteamericano. La polémica por la película ya enfrenta a Michael Moore, Noam Chomsky, Sarah Palin y otros personajes.

* * * *

La nueva película de Clint Eastwood, Francotirador (American Sniper), es la historia de Chris Kyle, un francotirador del ejército norteamericano, que viajó a Irak en 2003 y se dedicó a asesinar 160 personas según el Pentágono, o 255 según reporta él mismo. Cualquiera de las cifras para este personaje se trataba de eliminar“malditos salvajes”. Así describe Kyle a sus víctimas en la autobiografía que sirvió de libro para la película que retrata su vida interpretada por Bradley Cooper.

En la primer semana de estreno la película tuvo una recaudación récord en Estados Unidos, consiguió más de cien millones de dólares en los cuatro primeros días y ya tiene 6 nominaciones para los premios Oscar. El New York Times señala este fenómeno “mientras la intelectualidad americana se ocupa en conversar sobre los dramas con poco público como Boyhood y Birdman, cada día los americanos corren en masa a ver un film patriótico y pro-familia, interpretado más como una megaproducción de superhéroe de verano que como un puntual drama bélico con 6 nominaciones al Oscar”. La gran maquinaria de Hollywood, en acuerdo con los militares y los sectores de poder, se encarga de instalar los temas necesarios en cada momento. Desde los atentados a las torres gemelas en septiembre de 2001, rescatar héroes militares americanos, exaltar un orgullo guerrerista y demonizar a la población árabe y musulmana, son temas siempre presentes en la filmografía de Hollywood y los premios Oscar.

Pero los primeros días del estreno no sólo destacaron los éxitos de taquilla sino también voces polémicas que se hicieron escuchar. El documentalista Michael Moore comenzó con un twitt:

“Mi tío fue asesinado por un francotirador en la Segunda Guerra Mundial. Nos enseñaron que los francotiradores eran cobardes. Te matan por la espalda. Los francotiradores no son héroes. Los invasores son peores”.

Ante esto salieron a responderle sectores del ejército, los medios y la derecha norteamericana. La política republicana Sarah Palin fue una de las primeras. Ella acusó a “los izquierdistas de hollywood que escupen en las tumbas de los luchadores por la libertad y jamás podrían calzarse las botas de Kyle” . Para dejar clara su postura, se tomó una foto que difundió por twitter con la leyenda “Fuck you Michael Moore”.

Rupert Murdoch, el magnate empresario de los medios y cabeza de la corporación que maneja la Fox también sumó su voz a través de twitter: “Izquierdistas de Hollywood destrozan héroe americano, muestran cómo están completamente fuera de contacto con América. ¡Bravo Clint Eastwood!”.

Ante las críticas a Moore por atacar a las tropas, él respondió: “Al final, de lo que estoy más orgulloso de haber hecho por las tropas fue haber sacado la cabeza afuera hace 12 años y convertirme en un opositor a Bush y a la guerra. Traté de salvar muchas más vidas de lo que un francotirador podría esperar, en primer lugar, previniéndonos de ir a la guerra…¡Entonces, Fox News y otros medios, dejen de decir mierdas sobre mí, suenan ridículos!”.

Otras críticas a la película lanzó también Bill Maher, presentador de televisión, actor y periodista. En su programa de HBO se refirió a Francotirador como “la historia de un psicópata asesino”. Leyó en vivo extractos de la autobiografía de Kyle, también llamada “American Sniper”, en donde dice que disfrutó la guerra y trata a sus objetivos como salvajes: “Me encanta matar chicos malos -incluso con dolor, yo amaba lo que estaba haciendo-“, “tal vez la guerra no es muy divertida, pero sin duda lo estaba disfrutando”.

Para sumar voces al debate Noam Chomsky se refirió al libro en el que se basa la película: “American Sniper enseña a odiar a los ’malditos salvajes’ que Estados Unidos asesina todos los días” , y, para reafirmarlo, cita también el texto de Kyle que dice: “Salvajes, despreciables, demonios, eso era lo que estábamos combatiendo en Irak… En realidad no había otra manera de describir lo que nos encontramos allí”.
Chomsky plantea que la ideología que expresa American Sniper es lo que explica “por qué es tan fácil ignorar lo que es claramente la campaña terrorista más extrema de la historia moderna. La campaña mundial asesina de Obama, la campaña de aviones no tripulados, que oficialmente está dirigida a asesinar personas de las que se sospecha que tal vez algún día planifiquen hacernos daño”.

Además de estas personalidades, múltiples críticas aparecieron en las redes sociales cuestionando el racismo y la islamofobia de la película, y poco antes del estreno, un gran cartel publicitario fue intervenido en Los Angeles con la leyenda “Asesino”.

Desde otro ángulo, la película también sumó cuestionamientos, ya no en un sentido político: el tema es que esta megaproducción, que tiene un respaldo de millones de dólares, utiliza un bebé de plástico para ahorrar presupuesto. Esta graciosa crítica aportó un video en youtube que sumó 2 millones 300 mil vistas y fue bajado por la Warner antes de que siga creciendo.

Periodistas de medios internacionales como The Independent,Liberation y otros más también apuntaron contra la película. Pero más allá de todas las voces que se alzan para desnudar esta burda propaganda norteamericana, no podemos dejar de ver que esta producción, que costó 58 millones, ya tiene a la fecha una recaudación récord de 204.583.784 dólares tan sólo en dos semanas y en Estados Unidos. En Argentina, la película se estrenó una semana después, en 116 pantallas, y ya está segunda en los números de taquilla semanal con más de 100 mil espectadores. El sistema de dominio mundial imperialista tiene su imagen, y está en Hollywood. No quedan dudas de la necesidad de cuestionarlo.

* * * *

Dos poemas de Mayakovski sobre Lenin

(“Conversación con el camarada Lenin” fue escrito por Vladímir Mayakovski el 20 de enero de 1929, cuando se conmemoran cinco años de la muerte de Lenin)

* * * *

“Conversación con el camarada Lenin”

Con tropel de asuntos y maraña de hechos,
el día poco a poco a la sombra se fue.
Dos en la habitación, yo y Lenin:
fotografía en la blanca pared.
La boca en tensión de discurso,
los bigotes se adelantan enhiestos;
en las arrugas de la frente se condensa
el pensamiento humano,
en inmensa frente, inmenso pensamiento.
Es seguro, ante Lenin desfilan miles de personas…
Bosques de banderas, hierbazal de brazos…
Me alzo de la silla con radiante júbilo.
¡Quisiera uno ir, saludar, informar!
“Camarada Lenin, le informo,
no por deber, sí por afán del alma.
Camarada Lenin, un trabajo infernal
se está realizando, se realiza ya.
Damos la luz, vestimos a pobres y desnudos,
crece la extracción de carbón y mineral.
Y a la vez, junto a esto,
cuánta, cuánta
soez y cuánta necedad.
Te cansas de defenderte,
de andar a dentelladas.
Muchos sin usted
de la mano se fueron.
Cuántos infames
de todas las calañas andan por nuestra tierra
y en torno a nuestro suelo.
No se puede ni contar lo que son ni motejarlos.
Toda una cadena de tipos se extiende.
Kulaks y burócratas, adulones,
sectarios y borrachos
van, orgullosos, el pecho abombado,
con estilográficas e insignias a montones.
Nosotros, a todos,
sin duda, los aplastaremos.
Mas aplastar
a todos es siempre difícil.
¡Camarada Lenin,
en las humeantes fábricas, en la tierra
cubierta de nieves y de trigos,
camarada,
con vuestro corazón y vuestro nombre
pensamos, respiramos, luchamos y vivimos!”
Con tropel de asuntos y maraña de hechos,
el día poco a poco a la sombra se fue.
Dos en la habitación, yo y Lenin:
fotografía en la blanca pared.

* * * *

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(“VLADIMIR ILLICH LENIN” poema completo, fue escrito por Vladímir Mayakovski. Apareció en el primer aniversario de la muerte de Lenin, en 1925)

VLADIMIR ILLICH LENIN

Es hora
de comenzar la historia de Lenin.
Pero no
porque el dolor ya no exista.
Es hora
porque de una angustia cortante
ha devenido un dolor claro y consciente.
¡Hora es
de echar de nuevo al viento
las consignas de Lenin!
¿Acaso seremos nosotros
los que llenaremos los charcos de llanto?
Lenin
hoy
está más vivo
que todos los vivos que andan por la tierra.
Es nuestro saber,
nuestra fuerza y nuestra arma.
El hombre es una barca
aunque esté en dique seco.
Vivirás tu breve tiempo
y muchos y variados caracoles sucios
se pegarán a tus costados.
Luego,
atravesando la tormenta enfurecida,
te detendrás cerca del sol,
quitando las algas,
baba verdosa,
y la baba rosada de las medusas.
Yo
me limpio con la luz de Lenin.
para seguir adelante con la revolución.
Le tengo miedo a estas mil estrofas
como un chiquillo
teme la falsedad.
Temo que las aureolas oculten
la auténtica,
sabia,
humana,
enorme frente de Lenin.
Temo que las procesiones,
el mausoleo
y los homenajes,
reemplacen la sencillez de Lenin.
Tiemblo por él
como por mis propias pupilas,
temiendo que profanen su belleza
con cromos de colorines.
Hoy vota mi corazón:
yo debo escribir
por mandato del deber.

Moscú entera
es tierra helada,
tierra estremecida.
Sobre las hogueras encendidas
está la noche escarchada.
¿Qué ha hecho?
¿Quién es?
¿Y de dónde viene?
¿Por qué le prodigan tanto honor?
Palabra tras palabra
trato de arrancar de la memoria.
¡Qué pobre es el taller de las palabras!
¿Dónde encontraré la que merezca
un lugar en este poema?
Todos
tenemos siete días a la semana
y veinticuatro horas al día.
No podemos
alargar nuestra existencia.
La muerte
no sabe perdonar.
Si nuestro reloj
anda mal,
si el calendario
no alcanza a medir una vida,
nosotros decimos
«época»,
nosotros decimos
«era».
Nosotros
dormimos de noche
y de día realizamos nuestros actos.
Si nos place beber agua,
el agua es nuestra,
y nuestra copa.
Mas si él pudo
por todos nosotros
dirigir la corriente de los sucesos,
nosotros
le llamamos «profeta»,
nosotros le llamamos
«genio».
Nosotros no tenemos pretensiones.
Si no nos llaman,
no nos metemos.
Gustamos a nuestra mujer
y eso basta
para tenernos contentos.
Si el hombre está hecho de buena madera
le decimos
«qué bien plantado»,
o asombrados,
«qué don de Dios».
Así diremos,
aunque no sea ni tonto ni inteligente el decirlo.
Las palabras surgen o se esfuman
como el humo.
Poco queda por hacer por ellas.
¿Pero acaso
a Lenin se le puede medir
con este rasero común?
Con los ojos,
todos
y cada uno veía
que él era
la nueva «era»,
y la «era» cruzaba la puerta,
sin alcanzar el dintel.
Es posible
que de Lenin también se diga:
«Fue jefe por la gracia de Dios».
Si Lenin fuese como un rey,
o como un Dios,
de ira,
sin poder contenerme,
me enfrentaría a la procesión
ante la multitud en homenaje.
Pero son firmes
los pasos de Dserzhinski
llevando el ataúd.
Hoy no hace falta que la CHECA
permanezca en su puesto.
De millones de ojos,
y también de los dos míos,
caen mejillas abajo lágrimas heladas.
¡No!
Hoy se hiela nuestro corazón de legítimo dolor.
Hoy
enterramos
al más terrenal
de todos los hombres
que pasaron por la tierra.
Terrenal,
pero no de aquellos
que miran sólo por su macuto.
Él abrazó toda la tierra,
él vio lo que el tiempo encierra,
él es como usted
y como yo,
exactamente lo mismo.
Únicamente
que junto a los ojos
el mucho pensar
ha hecho más pliegues en su piel,
y tal vez
sean más burlones y más firmes sus finos labios.
No llegó
con la dureza de los sátrapas
montado en una carroza triunfal,
aplastándolo todo a su paso de vencedor.
El fue indulgente con el camarada,
con ternura humana.
Ante el enemigo,
se volvía duro como el acero.
No le eran ajenas
las debilidades humanas.
Y, como nosotros,
sufrió enfermedades.
A mí,
el billar,
me afirma la mirada.
A él,
el ajedrez,
le era de mayor utilidad.
Y pasando del ajedrez
al enemigo vivo,
promoviendo a primera fila
los peones de ayer,
afirmaba la dictadura obrera
y humana
contra la carcelera torre del capital.
Yo daría mi vida
transido de admiración
por un solo suspiro de su pecho.
¡Y no sólo yo!
¿Acaso yo
valgo más que vosotros?
¿Quién de nosotros,
del campo
o la ciudad,
no daría el paso
hacia adelante,
sin ser llamados,
apenas mediante un gesto,
para entregar por él nuestra vida?
Es lógico que
aunque haya bebido una copa de más
instintivamente
me cuide del paso de los tranvías.
Pero
ahora
¿quién lloraría mi muerte pequeñita
entre el luto de esta muerte inmensa?
Flameando banderas, parece
que Rusia
nómada de nuevo
se haya vuelto.
La Sala de las Columnas (18)
se estremece atravesada.
¿Por qué?
¿Para qué?
¿Qué ocurre?
El telégrafo ya está ronco
de tanto grito enlutado.
Lágrimas de nieve
caen de los ojos enrojecidos.
¿Qué ha hecho?
¿Quién es
éste,
el más humano
de los hombres?
La breve vida
de Uliánov
la conocemos
hasta en los más mínimos detalles.
Pero la larga vida
del camarada Lenin
debemos escribirla
y describirla nuevamente.
Hace tiempo,
hace unos doscientos años,
comienzan las primeras noticias de Lenin.
¿Oís vosotros
atravesando los siglos
la voz férrea,
la voz del abuelo,
del primer fogonero,
Bromey y Goujon?
Su excelencia
el capital,
aún sin coronar,
declaraba sometida
la fuerza campesina.
Pero ellos no escucharon como hablaba Lenin
y lo sabían todo.
Yo escuché
el relato
de un campesino siberiano:
ellos repartieron
la tierra y las aldeas
y la defendieron con fusiles.
Ellos no leyeron
ni escucharon a Lenin,
pero eran leninistas.
Yo he visto las sierras,
en ellas no crecía ni la hierba.
Sólo las nubes,
sobre la montaña,
caían por la tarde.
Yen el pecho
del único serrano,
entre sus harapos,
brillaba la escarapela leninista.
Dirán que es cosa de adorno.
Las señoritas
también se ponen adornos en el ojal.
Pero este prendedor-escarapela,
prendido en la ropa, hasta quemar la tela,
brillaba sobre su corazón,
lleno de amor a Lenin.
Esto no podrá explicarlo
la iglesia eslava.
No fue Dios
quien le ordenó:
«Tú eres el elegido».
Con paso humano,
con manos obreras,
con su propia cabeza
atravesó este camino.


y los relojes
recuerdan las ciudades y las cárceles.
Yo les recordaré de nuevo
el camino pasado
a vuelo de pájaro.
¿Quién de ustedes
no ha arañado
o no ha mordido las rejas de la cárcel?
Era como para romperse la frente
contra los muros de piedra.
Cuando salía un preso
limpiaban la celda.
«Ha sido breve tu camino
pero es grande el honor de servir
para el bien de tu tierra amada» (19).
A Lenin le gustó
estando en el destierro
la fuerza de esta canción fúnebre.
Decían que el mujik
irá por su camino.
Construirá un socialismo
simple y verdadero.
No,
Rusia se ha vuelto severa.
De tanta chimenea
a la ciudad le creció una barba de humo;
No pedirán por favor
entrar en el paraíso.
Por encima del cadáver de la burguesía
darán un paso adelante hacia el comunismo.
El proletariado es el conductor
de cien millones de campesinos,
y Lenin es el líder
de los proletariados unidos.
Los liberales prometen
y los social revolucionarios están
impacientes,
deseosos de castigar al obrero.
Lenin
los deja al desnudo
para ver
la hilacha que llevan,
los de la nobleza
se visten con frases de izquierda.
No es tiempo
para conversaciones fatuas
sobre la libertad
y eso de que todos somos hermanos.
Ya estamos armados
con el arsenal marxista
de este Partido Bolchevique,
único en el mundo.
Él acaba de cruzar Europa
en un tren expreso,
se acerca
y ante los ojos crece.
Ponen P. C. R. (20)
Y entre paréntesis una pequeña « b» (21).
Ahora buscan hasta en Marte
los del observatorio de Púlkovo (22),
revisando
las reservas siderales.
Pero para el mundo
es cien veces más roja
esa letra
grandiosa,
luminosa,
que la estrella Marte.
Entre nosotros las palabras,
hasta las más importantes,
de tanto uso,
cuelgan gastadas
como los trajes.
Quiero obligar a que brille de nuevo
la solemne palabra
Partido.
El individuo por sí solo
¿a quién le hace falta?
La voz del individuo
es más fina que un chillido.
¿Quién la oirá?
Tal vez su esposa.
y no siempre;
es preciso que esté cerca y no en el mercado.
El Partido
es un huracán
de voces
finas y gruesas,
estrechamente unidas.
Ellas pueden hacer
quebrar la fortaleza enemiga,
como estallan los tímpanos
por una descarga del cañón enemigo.
Es malo que el hombre
esté solo.
Desdichado es
y cuando está solo no es combatiente.
Cualquiera se atreve a mandarle.
y aún siendo dos.
Pero si está en el Partido,
aun siendo pequeño,
a él deberá entregarse el enemigo.
El Partido
es una mano millonaria,
cerrada en un enorme puño.
El individuo
solo
es un cero.
El individuo
solo
es un mito.
El individuo
solo,
aun siendo fundamental,
no podría levantar
ni siquiera una viga de cinco metros.
y menos una casa de cinco pisos.
El Partido
son millones de hombres estrechamente unidos.
El Partido
levantará la vida hasta el cielo,
elevando a todos
ya cada uno.
El Partido
es la espina dorsal de la clase obrera.
El Partido
es la inmortalidad de nuestra causa.
El Partido
es lo único que jamás me traicionará.
De la clase,
el cerebro.
De la clase,
la fuerza.
De la clase,
la gloria.
Esto es el Partido.
El Partido y Lenin
son hermanos gemelos.
¿A quién prefiere la historia?
Cuando decimos
Lenin
entendemos
Partido.
Cuando decimos
Partido
entendemos
Lenin.
Todavía se amontonan
cientos de cabezas coronadas
y los burgueses revolotean
negros como los cuervos en invierno.
Pero el ardor
de la lava obrera
sube de la tierra
por los cráteres del Partido.
El 9 de enero
fue el fin
de los fieles al cura Gapón (23).
Caímos barridos
por el plomo del zar,
y la esperanza en su limosna
terminó con la matanza de Mukdén (24)
y la derrota de Tsjusima (25).
¡Ya basta!
No creemos en las
peticiones ajenas.
Solos,
se levantaron
los del barrio de Présnaia (26).
Parecía que muy pronto
terminarían con el trono;
parecía
que el sillón de la burguesía
estallaría también pronto.
Illich Lenin está en su puesto
día tras día,
organiza a los obreros
en el año 1905.


A la República de los Soviets
no le asusta
ningún gran esfuerzo;
avanzamos
con la locomotora del tiempo
y del trabajo.
Pero de pronto
una noticia del peso de una tonelada:
Anuncian la muerte de Lenin:
Vladimir Illich Ulianov.
Si expusieran en un museo
a un bolchevique llorando
todo el día irían a verlo numerosos papanatas.
y no es para menos.
Eso no se verá en los siglos.
Cuando en nuestras espaldas
los coroneles blancos
marcaban a fuego
en nuestra piel
la estrella de cinco puntas,
cuando nos enterraban vivos
hasta la cabeza
los bandidos de Mámontov,
cuando en las locomotoras
nos echaban los japoneses
en vez de leña,
y nos llenaban la boca de plomo y acero,
y nos gritaban
«entregaos»,
de nuestras gargantas ardientes
sólo salían tres palabras:
«¡Viva el Comunismo!»
y estas filas de acero,
estos hombres de hierro,
eran los que marchaban
el 22 de enero
hacia el edificio enlutado
del Congreso de los Soviets.
Se colocaban,
sonreían levemente,
discutían los problemas del día.
Ya es hora.
¿Por qué no empiezan?
¿Por qué
está casi vacía la presidencia?
¿Por qué
todos los ojos
están más rojos que los palcos?
¿Por qué Kalinin
apenas se tiene en pie?
¿Acaso ha sucedido una desgracia?
¿Cuál?
¡No puede ser!
¿Qué le ha ocurrido a él?
¡No!
¿Será posible?
El techo parecía bajar como las alas de un cuervo.
Bajamos las cabezas,
y luego las bajamos más aún.
De pronto temblaron todas las bujías del gran teatro,
y nos quedamos casi a oscuras.
Sonó la campanilla,
ya innecesaria,
de la presidencia.
Kalinin,
dominándose,
se puso en pie.
No podía contener las lágrimas.
Lo delataban,
brillaban en sus bigotes,
en su barbilla.
Los pensamientos se confundían
y la sangre golpeaba en las sienes,
golpeaba en las venas.
« ¡Ayer, a las seis horas cincuenta minutos,
murió el camarada Lenin.»
Ese año vio
lo que no han visto cien.
Ese día
entrará en los siglos
como recuerdo de las angustias del pasado.
El horror hasta parecía arrancar del propio hierro un
gemido.
Corrió el llanto por entre las filas bolcheviques.
¡Qué horrible pena!
Algunos se marcharon, sostenidos por los camaradas.
Otros apenas podían caminar cargados con tanta pena.
Todos querían saber,
¿cuándo y cómo,
por qué ha sido así?
En las callejuelas, en las avenidas
flotaba el catafalco
sobre un mar de cabezas
en dirección al Gran Teaatro (27).
En la vida
la alegría avanza
lentamente, como un caracol.
El dolor
corre velozmente,
locamente.
Hasta el sol
y la nieve,
todo,
hasta el rocío parecía estar de luto.
Para el hombre del taller,
la noticia fue
como un disparo,
como un impacto en el cerebro.
Vasos de lágrimas
parecían derramar
en los bancos del trabajo.
y los mujiks,
quienes tanto vieron en su larga vida,
y más de una vez
miraron cara a cara a la muerte,
escondían su rostro entre las manos,
ocultándolo de sus mujeres,
pero los denunciaba
el puño sucio de tierra y lágrimas.
Hay gente de piedra,
y hasta ellos
se mordieron los labios hasta sangrar.
Los niños
se ponían serios como viejos,
y como niños
lloraban los ancianos canosos.
El viento de toda la tierra
aullaba de insomnio.
y no podían terminar de comprender
que en este ataúd,
en la helada sala de Moscú,
estaba el hijo
y el padre
de la revolución.
Ha llegado el fin
el fin
el fin.
Ya no hay nada que hacer,
pues bajo el cristal
está él…
Es a él
a quien llevan
desde la Paveleski (28),
por la ciudad
que él
tomó a los señores.
La calle
como una herida
sufre,
gime.
Aquí
cada piedra
conocía a Lenin.
Por aquí
transcurrieron
los primeros combates de Octubre.
Aquí,
todo,
lo que cada bandera levanta,
ha sido pensado por él,
y por él ordenado.
Aquí
cada torre
escuchó a Lenin,
y todas irían por él
al fuego y al humo.
Aquí
cada obrero
conoce a Lenin,
y con ramas de pino
le cubrió el camino.
los condujo al combate
y profetizó la victoria,
y por fin,
por primera vez,
el proletario es el dueño de todo.
Aquí
cada campesino
grabó en su corazón
el nombre de Lenin,
con mayor amor que el de los santos.
El ordenó
que se llamase a la tierra «nuestra»,
la tierra donde vivieron nuestros abuelos,
donde soñaron,
por la que lucharon,
y en la que descansan.
Los Comuneros,
bajo la Plaza Roja,
parecían murmurar:
«-¡Amado,
querido!
No queremos otro destino
mejor
que dar por ti
cien veces nuestra vida.»
Ahora es cuando hace falta alguien que haga milagros,
y pregunte:
¿Quién quiere morir
para que él se levante?
El dique de la calle
abriría sus compuertas
de par en par,
y con canciones
se arrojaría la gente
a la muerte.
Pero no hay milagros
y no hay por qué soñar con ellos.
Está Lenin en el ataúd
y nuestros hombres encogidos.
m era un hombre
humano hasta el fin.
y sufría
con angustia humana.
Nunca en los siglos
mares y océanos
llevaron una carga tan liviana
corno su rojo ataúd,
que va flotando
sobre las espaldas del llanto y la música,
marchando a la Casa Central de los Sindicatos.
Estaba
en la guardia de honor
la vieja severa guardia
de temple leninista.
La gente
continúa la marcha
por caminos y calles,
a lo largo de la avenida Tverskáia,
caracoleando por la calle Dimítrovka.
En el año diecisiete,
a veces,
las muchachas
no querían hacer plantón
en las colas del pan:
-Comeremos mañana.
Pero en esa noche
fría y terrible
formaban fila
niños y enfermos.
Aldeas enteras
iban junto a las ciudades.
Sonaba el dolor varonil
junto al llanto infantil.
El mundo del trabajo
pasó en desfile por la tierra,
resumen vivo
de la vida múltiple de Lenin.
Un sol amarillo
oblicuo y acharolado,
sale y arroja
a los pies sus rayos.
y como si fuera llorando
por una esperanza perdida,
inclinados de dolor
pasan los chinos.
Subían las noches
sobre las espaldas del día,
confundiendo horas,
confundiendo fechas,
como si no fuera de noche
y en la noche no hubiera estrellas,
como si lloraran por Lenin
todos los negros de Norteamérica.
Una escarcha inaudita
quemaba las suelas.
Nadie se atrevía
a hacer ruido,
a golpearse con las manos para quitarse el frío.
La helada mordía
para probar el temple
de los que amaban.
El frío se metía
y marchaba
con nosotros en las columnas.
Las plantas de los pies,
frías,
se endurecían, crecían,
como si fuesen arrecifes de coral.
Pero de pronto,
se detienen las canciones y hasta la respiración.
Es terrible avanzar,
dar un paso más,
y parecen un abismo,
un abismo sin fondo,
los cuatro escalones
para bajar a la sala mortuoria.
Un abismo
pasado
desde la esclavitud de cien generaciones,
que sólo conoce
la única razón aplastante
del oro sonoro.
Un abismo y su borde
el ataúd de Lenin,
y a lo lejos
la Comuna en todo su horizonte.
¿Qué vemos?
Sólo su frente
y a Nadiezda Constantínova (29)
envuelta en la niebla.
Tal vez
con los ojos sin llanto
podría ver mejor.
Pero así estaban mis ojos,
y los ojos de todos.
Banderas de seda
se inclinan
flotando,
rindiéndole su último homenaje.
«Adiós, camarada,
honradamente has terminado
tu audaz camino,
noble y glorioso» (30).
Miedo,
cierra los ojos,
y no mires
como si caminaras
sobre un alambre tendido en el aire.
y parece
como si, minuto tras minuto,
te hayas quedado solo,
con una verdad enorme.
Me siento feliz
al sentir
que bajo una marcha sonora
flota mi cuerpo
sin peso,
como por el agua.
Yo sé,
desde ahora,
que este mismo instante
quedará grabado en mí
para siempre.
Me siento feliz
de ser
un átomo de esta fuerza,
y sé que hasta las lágrimas de mis ojos
pertenecen a este dolor común.
Es imposible
confesarse
con más pureza y fuerza,
ante este gran sentimiento
en nombre de la clase obrera.
Las banderas
de nuevo
inclinan sus alas
para levantarse nuevamente
mañana
en los futuros combates.
«Nosotros mismos, querido,
hemos cerrado tus ojos de águila» (31).
Con tal de no caer,
apretamos hombro con hombro.
Enlutadas de negro las banderas
y enrojecidos los párpados,
íbamos acortando el paso
para despedirnos de Vladimir Illich,
aproximándonos al ataúd.
La ceremonia seguía su curso,
se decían discursos,
hablaban
y bueno…
Pero el dolor tiene un plazo corto en minutos,
¿acaso se puede abarcar
lo inabarcable?
Pasan
y miran con miedo
el círculo negro,
cubierto de nieve.
¡Cómo saltan
locamente
las agujas
del reloj de la torre del Kremlin!
De pronto
saltó y se detuvo
el último cuarto de hora.
¡Morid un instante
ante este suceso!
¡Deteneos,
movimiento y vida!
¡Los que levantasteis el martillo
permaneced así por un instante! (32)
¡Detente,
tierra,
acuéstate y quédate quieta!
¡Silencio!
Su gran camino ha terminado.
Disparaban los cañones,
tal vez eran millones,
y sin embargo
las salvas de artillería eran más débiles
que monedas sonando
en el bolsillo de un mendigo.
Abro los ojos,
dolorido
hasta la saciedad.
Estoy de pie,
helado,
inmóvil,
casi sin respirar.
y veo
ante mí,
por encima del mundo,
su ataúd, inmóvil y mudo,
envuelto en banderas,
en medio de la tierra oscura.
y ante su ataúd, nosotros,
representantes del género humano,
sabemos
que multiplicaremos en tempestades de revoluciones,
en grandes obras y poemas,
lo que hoy presenciamos.
Pero de pronto,
a lo lejos,
desde el fondo purpúreo de banderas,
desde el silencio de la guardia de turno,
sonó una voz
en la noche helada:
«-¡De frente, marchen… !»
No era necesaria
esa orden.
Respirando
más hondo.
moviendo con esfuerzo nuestros cuerpos,
con paso más vivo,
abandonamos la plaza.
Nuevamente
flamean las banderas
alzadas por manos firmes
sobre nuestras cabezas.
Marcando el paso del diluvio,
ampliando el horizonte.
se propaga
su idea por el mundo.
Un pensamiento común
unifica a todos vibrando,
a obreros,
campesinos,
soldados,
marinos:
-Todo será más difícil
para la República
sin Lenin.
Hay que reemplazarlo.
Pero ¿con quién?
¿Y cómo?
Basta
de andar echado
sobre colchones de pluma.
«-Camarada secretario:
aquí tienes la lista.
Queremos anotarnos
en la célula del Partido,
todos juntos,
toda la fábrica.»
Miran los burgueses
con ojillos espantados
al enterarse de esa marcha colectiva.
Y tiemblan.
Cuatrocientos mil obreros
de las fábricas
formaron
la primera corona partidaria
del homenaje a Lenin
«-Camarada secretario,
toma el lapicero…
Queremos reemplazarle…
debemos, queremos•••
Yo estoy viejo,
dijo uno,
apuntad a mi nieto,
trabaja firme,
entrará en la Juventud Comunista.•
y la escuadra levanta sus anclas,
ya es tiempo de surcar los mares.
« Por el mar,
por el mar,
hoy aquí,
mañana allá» (33).
¡ Sol. más alto!
Serán testigo
de cómo pronto se borran
las arrugas del luto.
Junto a los adultos,
dan un paso adelante los niños:
¡Tra-ta-ta-tá!
¡Tra-ta-ta-tá!
«Uno
dos
tres
somos los pioneros,
a los fascistas no tememos,
iremos a luchar» (34).
En vano Europa nos amenaza con su puño.
Los cubrimos con nuestra tormenta.
¡Atrás!
¡No se atrevan!
Hasta la propia muerte de Lenin
devino una fuerza poderosa,
organizada,
comunista.
Por encima de las torres
un bosque fragoroso
de millones de brazos
se alza como banderas clamorosas
en la Plaza Roja.
De cada pliegue,
de cada bandera,
salen de nuevo clamando
las palabras de Lenin:
-¡Proletarios,
preparaos para la lucha final!
¡Esclavos,
enderezad vuestras rodillas y espaldas!
¡Ejércitos del trabajo,
en pie!
¡Viva la revolución
alegre y cercana!
¡Esta
es la única
gran guerra
de todas
las que conoció la historia!

* * * *

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CITAS:

(19) Fragmento de una canción revolucionaria por la que
sentía especial preferencia Lenin.
(20) Siglas del Partido Comunista Ruso.
(21) Bolchevique.
(22) El observatorio de Púlkovo era el más grande de Rusia
en la época.
(23) Pope de la Iglesia ortodoxa rusa, consejero del zar,
que predicaba la conciliación y con cuya ayuda se llevó a término
la matanza del 9 de enero.
(24) Batalla de la guerra ruso-japonesa de 1903-1905, en la
que fue derrotada Rusia.
(25) Otra de las batallas de la misma guerra perdida por
Rusia.
(26) El barrio moscovita de Présnaia fue el primero en
alzarse durante la fracasada revolución de 1905.
(27) La muerte de Lenin fue anunciada durante el XI Congreso
de los Soviets, que tuvo lugar en el Gran Teatro.
(28) Lenin murió en Gorki, donde residía, en las afueras de
Moscú. Desde allí fue llevado hasta la estación Paveleski, y
desde ésta, a través de la ciudad, hasta la Sala de las Comunas
de los Sindicatos.
(29) Esposa de Lenin, viceministro de Instrucción Pública.
(30) Estrofa de la marcha fúnebre de los revolucionarios
rusos, preferida por Lenin.
(31) Otro fragmento de la marcha citada anteriormente.
(32) Con motivo del entierro de Lenin se suspendieron todas
las actividades en la República Soviética.
(33) Estrofa de la canción de las marinos revolucionarios.
(34) Estrofa de la canción de los pioneros.

El Odio. A veinte años de su estreno, vigencia y continuidad

Se cumplen veinte años del estreno de El Odio (Le Haine), de Mathieu Kassovitz. Mientras el crecimiento del racismo y la xenofobia en Europa mantienen la vigencia de esta película, el director planea la realización de una segunda parte.

* * * *

En 1995 se estrenó la película El Odio (Le Haine) de Mathieu Kassovitz. La historia comienza con imágenes documentales de las revueltas y la represión a jóvenes inmigrantes en Francia, para luego dar lugar a las historias personales y la vida cotidiana de desocupación, violencia y racismo que viven tres amigos (un judío, un árabe y un negro) criados en los suburbios de París.

El comienzo con el montaje de archivo documental, con imágenes de noticieros del momento, ubican a la ficción desde un punto de vista anclado en la realidad. A 20 años de su estreno, las imágenes de los noticieros muestran el crecimiento del racismo y la xenofobia en Europa, la persecución a los inmigrantes, el aumento de la desocupación como consecuencias de la crisis y la estigmatización de cientos de miles de jóvenes con el surgimiento de la “islamofobia”. En esta situación El Odio mantiene toda su vigencia. Y no sólo mantiene su vigencia por una problemática que lejos de resolverse se profundiza, sino que mantiene su vitalidad y espíritu renovador porque se trata de una gran película, que ya tiene un destacado lugar en la historia del cine francés.

Durante el año de su estreno obtuvo premios a mejor dirección en elFestival de Cannes, de la juventud en los Premios del Cine Europeo, y a mejor película y montaje en los Premios Cesar. Más allá de que los premios en los festivales son expresiones distorsionadas, mediadas y parciales del estado de situación de la producción cinematográfica, estos reconocimientos destacan la importancia que logró la película por su temática y por su forma.

Mathieu Kassovitz escribió, dirigió y co-editó esta película a los 25 años, y luego continuó con la dirección de Los Ríos de Color Púrpura, Assasin(s), Gothika, Babylon, Rebellion, además de actuar en Amelie yAmen, entre muchas más.
En muchas oportunidades se habló sobre una secuela o segunda parte de El Odio, la idea ya estaba en el aire y la realidad de las últimas semanas parece darle una mayor visibilidad al proyecto.

Hace pocos meses Kassovitz comentaba en los medios que no tenía claro si volver sobre Le Haine, porque “en estos tiempos es muy difícil causar una impresión duradera” y porque “La Haine 2 sería muy violenta y no sé si la sociedad la aceptaría”, e incluso advertía que estaba pensando en dejar el cine porque “nunca haré nada tan bueno como aquella película”. Sin embargo en una reciente entrevista para la radio France Inter expresa un cambio de opinión, allí afirma que quiere rodar la película “lo antes posible” y que recurrirá a todos los medios a su alcance para hacerlo.

El director comenta que en 1995 era ingenuo y creía que se iban a resolver los problemas que planteaba la película, pero ahora ve que no han cambiado y que por eso mantiene su valor.

En la historia del cine francés hay muchos ejemplos de producciones críticas, cuestionadoras, militantes o revolucionarias. La denuncia de la política colonialista francesa y la persecución a los inmigrantes es también tema de varias películas. Desde Africa 50 considerada la primer película anticolonialista francesa, (fue prohibida durante 40 años y su realizador René Vautier estuvo preso en varias oportunidades), Las estatuas también mueren de Chris Marker y Alain Resnais que denuncia el aplastamiento cultural del colonialismo, actitudes de cineastas como Jean Luc Godard que participaron de las movilizaciones del movimiento Sin Papeles, el documentalista Sylvain George que estrenó Figuras de guerra (Que descansen en la revuelta)un trabajo de observación sobre la vida de los inmigrantes ilegales en Europa, la ficción Las manos en el aire del realizador de izquierda Romain Goupil, y hasta muchas otras menos conocidas y difundidas. La película El Odio es también parte de esta historia que seguirá vigente con secuelas, segundas partes y nuevas producciones.

Ver online: Cine contra el racismo y la xenofobia: El odio

* * * *

Pase para un viaje en la cosmonave Oesterheld

Con una excelente compilación realizada por Mariano Chinelli y Martin Hadis, se publicó “H. G. Oesterheld. Más allá de Gelo” (Planeta). El libro es un boleto para viajar en el tiempo a leer de primera mano los cuentos del gran autor argentino, observar su proceso de trabajo creativo y oír sus preocupaciones. Para recordar que “El eternauta” es sólo la punta del iceberg de un escritor enormemente prolífico y creativo.

* * * *

Chinelli y Hadis tuvieron acceso a los papeles personales de HGO, que fueron rescatados por Elsa, su compañera, en medio de la tragedia, cuando debió abandonar la casa que compartieron en Beccar; él ya había sido secuestrado por la dictadura, y también sus cuatro hijas. Sobre esos escritos trabajaron minuciosamente largo tiempo, descubriendo entre otras cosas un proyecto de libro, compilación pautada de trece cuentos de su autoría, que al parecer nunca llegó a una editorial. El índice ahí trazado en una hoja mecanografiada actuó como una sonda lanzada por HGO (posiblemente entre fines de 1960 y principios de los 70). Por ella los actuales compiladores pudieron hacerse un mapa que les permitió descifrar cuentos inéditos, bocetos avanzados, y dispararles la necesidad de reeditar parte de su obra ya publicada.

El resultado de este arduo trabajo es que Germán Oesterheld ha podido publicar en pleno Siglo XXI, pasando por encima de sus asesinos, volviendo para contar historias, como lo hacía Mort Cinder.

El libro puede disfrutarse entonces de dos maneras. En primer lugar por los cuentos en sí, varios inéditos, accediendo a buena parte de su obra (fue historietista, autor de libros de divulgación científica, relatos infantiles, y toda clase de cuentos y novelas). En segundo lugar puede disfrutarse por el trabajo de los compiladores, que aportan ante cada relato coordenadas que permiten entender mejor lo que veremos. En Oesterheld el escritor de ciencia ficción está íntimamente relacionado al guionista de historietas, que podría considerarse también una especie de cine: las imágenes, las formas, los movimientos y sonidos inundan cada cuento.

Como se afirma en el prologo “la vigencia que conserva hoy la obra de Oesterheld es sorprendente; la clave de esto reside acaso en que su tema subyacente es la naturaleza humana… Así no importa si el relato en cuestión tiene lugar en planetas extraños, en un futuro lejano o si el protagonista enfrenta situaciones extraordinarias. El lector nunca deja de sentirse cercano a los hechos narrados.” Relacionado a esto, en un reportaje que recuerdan los investigadores, HGO había dicho: “me tira la ciencia ficción, es la pura imaginación. [Al escribir ciencia ficción] se pueden decir muchas cosas, políticas por ejemplo”.

En su obra la condición humana está directamente relacionada a la política en sentido amplio, parece plantearnos que en la vida futura puede expresarse de muchas maneras la existencia de oprimidos y opresores. O bien que el eco de esa polaridad madre, podría atravesar el tiempo y el espacio para manifestarse sutilmente en las vivencias de cualquier ser humano futuro, obligado a afrontar su época. Mientras que las instituciones y “la ley” que actúan para reproducir determinado status quo, quizá también sea problema de otras civilizaciones. Esto puede encontrarse de forma directa en “Paraíso”, donde el invasor induce a la humanidad a caer presa de una realidad virtual que enmascara la verdadera explotación; también en “La trampa y el arma” donde es el extraterrestre quien termina puesto contra su voluntad ante un humano; y atraviesa relatos de codicia y esclavitud interplanetaria que termina por esconder peligros mayores, como en “Cuidado con el perro”, entre otros. La manipulación por medio de la tecnología se manifiesta con miedo en los cráteres de “Hagan juego”; y de manera humorística, casi ridícula, en los corpiños del más que raro “Inocente Maquiavello Reforzado” que es también según sus palabras un “pretexto divertido para mostrar una insólita Argentina del año 3000”, con “una sátira de las prácticas comerciales llevadas al extremo”.

Cada viajante con el libro, podrá traer sus propias interpretaciones al presente. Leer a HGO es también sentirnos interpelados por su mirada desde los años 60 y 70 de Argentina. Sobre su proyecto él dejó escrito:

“Ningún cuento está incluido porque sí, por su mero valor anecdótico: todos tienen un trasfondo alegórico, todos tratan de decir algo. Y tratan de decirlo de un modo humano no enrarecido, y ‘nuestro’ (nuestro en el sentido de argentino, no folklórico), que no es el de Bradbury, ni el de Arthur Clarke, ni el de Calvino ni el de ningún otro grande. Solamente eso, nuestro.”

Aunque no se haya conquistado el viaje interestelar, el futuro es hoy, y HGO nos recuerda de alguna manera que habitamos una patria vasalla. No quiere que lo olvidemos, aún en tiempos donde la mayoría de los adelantos que el soñó que iban a mejorar nuestra vida cotidiana en “El turista del tiempo” se hicieron realidad, aunque sin ninguna armonía social, o justamente por eso. Hablándonos desde los años 60 y 70, HGO parece confiar en que la humanidad podría avanzar hasta alcanzar las estrellas, pero va a llevar siempre consigo sus errores, sus miedos y sus egoísmos; aunque también la valentía, la solidaridad, y los ideales de comunidad para enfrentarlos.

Es la convicción moral de jugarse por la humanidad entera, lo que permite que el capitán John Bergson siga conduciendo por décadas “La cosmonave fantasma” aunque como un “paria espacial”; y esa es la misma convicción que tendrá Ramón Cobas, el cosmonauta jujeño al mando del Chamical VII, para tomar su lugar y decidir quemarse en el Sol antes que entregar el mundo  al invasor.

Más allá de este libro, es muy bueno el punto de vista de los compiladores que se proponen aportar para que “El eternauta” sea reconocido sólo como la punta del iceberg de un escritor enormemente prolífico y creativo. Prueba de esta potencia creativa son los cuentos “supercortos” y el lirismo filosófico de “El diosero”. A esta reflexión puede agregársele una más, y es que durante la década kirchnerista la figura de “El eternauta” se fue asociando de manera degradada a la del “nestornauta”, lo que nos recuerda una advertencia de las aventuras de Juan Salvo: puede que el gobierno te llame supuestamente a una zona libre, pero si vas confiado terminas convertido en un “hombre robot”. “Más allá de Gelo” es también un libro más allá de ese intento degradado. Obtener un pase para viajar en la Cosmonave Oesterheld no tiene desperdicio.

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